Sacerdote, ¿por qué no?

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas     El jueves celebraremos la festividad de san José. Por ello, el próximo domingo es el Día del Seminario. Procede una reflexión.

Una primera convicción: que haya o no suficientes sacerdotes es, ciertamente, responsabilidad del obispo, de los presbíteros, de los diáconos… pero, al mismo tiempo, de todo el pueblo fiel, de todos cuantos formamos la Iglesia diocesana, y también en alguna medida de cuantos vivimos en nuestros pueblos y ciudades.

Al escribir estas líneas compruebo que durante el año 2014 celebré las exequias de 14 sacerdotes ordenando tan solo uno.  Este dato motiva que con frecuencia se me formule la pregunta: “¿Cómo lo solucionará, señor 0bispo?”. Rectifico inmediatamente: “No como lo solucionaré, sino cómo lo solucionaremos entre todos”.

Cuando, desde las parroquias, ya sea a mí o al obispo de Girona del momento, se le pida un sacerdote, como ha sucedido tantas veces —“¡mándenos un párroco!”—, ¿a quién mandará? ¿Con quién contará el obispo para poder enviar?

Más aún, hace unos meses recibí el texto de un acuerdo de la junta de gobierno de un municipio de 5.000 habitantes en los siguientes términos: “Petición de un sacerdote de conformidad con el Código de Derecho Canónico 517, 2”. Y concretan: “Es de interés general el ejercicio de las siguientes funciones: administración del bautismo; administración del sacramento de la confirmación a los que están en peligro de muerte; administración del viático y de la unción de los enfermos; asistencia al matrimonio y la bendición nupcial, la celebración de funerales, la celebración eucarística más solemne los domingos y fiestas de precepto… y otros”. Atención: es la junta de gobierno de un municipio la que me solicita un sacerdote con un acuerdo oficial.

Quedé sorprendido. Pero, inmediatamente constaté que tenían razón, que la responsabilidad del párroco en un pueblo o ciudad también es una cuestión de interés general.

Por lo tanto, la cuestión de las vocaciones es una cuestión en la que todos somos responsables. Claro y conciso: es de ¡interés general!

La segunda convicción es que el ministerio ordenado es fundamental en la Iglesia. Que haya sacerdotes es del todo necesario. Podemos hablar de las formas, condiciones, requisitos del ministerio o servicio sacerdotal, pero se debe disponer del número de sacerdotes necesarios para poder ejercer la misión que les corresponde en el Pueblo de Dios.

Es el mismo Cristo quien los necesita para hacerse presente y seguir actuando hoy en nuestra vida y en nuestra historia; y las personas los necesitamos.

Cristo los necesita para darse  —“tomad y comed porque esto es mi cuerpo”—, para insertarnos en la vida de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo: “Yo te bautizo…”; para expresar las palabras que nos ofrecen el perdón y la paz: “Yo te absuelvo de tus pecados”; para orar y bendecir a quienes se comprometen a amarse toda la vida en el matrimonio, convirtiéndolo en sacramento o signo visible y eficaz del amor de Dios en medio de los suyos y de los demás compañeros de camino. Cristo, Palabra Viviente de Dios, necesita voces que sean eco permanente  de su palabra, y no únicamente voces, sino vidas que hablen, si es necesario, más allá de las palabras. Además, es necesario guiar el pequeño o gran rebaño de las parroquias; organizar, acompañar y formar a todos cuantos sirven a los hermanos, especialmente a los más necesitados, reconociendo en ellos el auténtico rostro de Cristo.

Además, hay que ir construyendo la Iglesia como una comunidad misionera o evangelizadora, acogedora y samaritana en el seno de nuestra sociedad. Esta Iglesia que ha de ser vecina de todos compartiendo, como hizo Jesús, penas y alegrías.

Está claro que hay que contar con los laicos y religiosos, pero ¿quién les ayudará a descubrir su misión? ¿Quién les acompañará y estará a su lado? ¿Quién les formará? ¿Quién les mantendrá la esperanza y la ilusión cuando el poco éxito según el mundo— les desanime y hunda? El sacerdote, el párroco, el vicario…

Solo un ruego: ayudemos a los jóvenes a formularse la pregunta: Sacerdote, ¿por qué no?”. Si no lo hacemos, puede que ni se la formulen. Ayudémosles y acompañémosles para que sean generosos en responder “si”.

El próximo domingo, roguemos por las vocaciones, valoremos los seminaristas y colaboremos al sostenimiento de nuestro seminario.  

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 460 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.