Insistamos en la conversión

antonio_canizaresMons. Antonio Cañizares      Proseguimos el camino cuaresmal en el que seguimos escuchando un poderoso llamamiento a la conversión, a dirigir nuestra mirada a Jesucristo, a abrir nuestros oídos a la Palabra de Dios. Nuestra mirada está fija de hito en hito contemplando la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Contemplamos el misterio central de la fe, la obra de la salvación realizada por el Señor en su Pascua. Ahí nos encontramos con el misterio del amor desbordante de Dios. Dios nos lo ha dado todo, nos ha dado a su Hijo: ahí está la prueba de su amor.

Dios nos ha dado libremente a su Hijo: ¿Quién ha podido o puede merecer un privilegio semejante? Dios nos ha amado con infinita misericordia, sin detenerse ante la condición de grave ruptura ocasionada por el pecado en la persona humana. Se ha inclinado con benevolencia sobre nuestra enfermedad, haciendo de ella la ocasión para una nueva y más maravillosa efusión de su amor. La Iglesia no deja de proclamar este misterio de infinita bondad exaltando la libre elección divina y su deseo no de condenar, sino de admitir de nuevo al hombre a la comunión consigo. Todo es don de Dios; la vida humana es un don; toda nuestra existencia y nuestra historia está llena del don de Dios, de su amor del que nos hace participar por pura gratuidad suya, y, por eso, nuestra vida no debería dejar de estar puesta gratuitamente al servicio de los demás.

La llamada a la conversión es llamada a abrirnos y aceptar el don de Dios; aceptar a Dios mismo y dejar que su don, su amor, su misericordia configure por completo nuestras vidas. Por eso, como dice el profeta Isaías, lo que Dios quiere de nosotros, la conversión que nos reclama de cada uno es ésta: «liberar a los oprimidos; partir nuestro pan con el hambriento; hospedar a los pobres sin techo; vestir al que vemos desnudo y no cerrarnos a nuestra propia carne». Dios nos insta a convertirnos, a dejar que su amor esté en nosotros ante tantos sufrimientos, carencias y dificultades que aquejan a tantísimos y tantísimos hermanos nuestros.

«Como creyentes hemos de abrirnos a una existencia que se distinga por la gratuidad. Habiendo recibido gratis la vida, debemos, por nuestra parte, darla a los hermanos de manera gratuita. Y el primer don que hemos de dar es el de una vida santa, que dé testimonio del amor gratuito de Dios. Como creyentes, hemos de abrirnos a una existencia que se distinga por la «gratuidad», entregándonos a nosotros mismos, sin reservas, a Dios y al prójimo. Amar a los hermanos, dedicarse a ellos, es una constatación de que todo lo hemos recibido gratis de Dios» (Benedicto XVI). No podemos quedarnos sordos y pasivos ante las constantes e inmensas llamadas que recibimos a dar gratis lo que gratis hemos recibido. La pobreza y las necesidades de un número cada vez más creciente de hermanos destruye la dignidad de hombres y desfigura la humanidad entera. El Evangelio de la conversión nos apremia a esto. Cuanto mayor es la necesidad de los demás, más urgente es para el creyente la tarea de servirles, de ayudarles, de darnos a ellos sin esperar nada a cambio.

El mundo valora las relaciones con los demás en función del interés y del provecho propio, dando lugar a una visión egocéntrica de la existencia en la que, demasiado a menudo, no queda lugar para los pobres y los débiles. Por el contrario, toda persona, incluso la menos dotada, ha de ser acogida y amada por sí misma, más allá de las cualidades y defectos. Más aún, cuanto mayor es la dificultad en la que se encuentra, más ha de ser objeto de nuestro amor. Éste es el amor del que la Iglesia da testimonio a través de innumerables instituciones, haciéndose cargo de enfermos, marginados, pobres y oprimidos. De este modo, los cristianos se convierten en apóstoles de esperanza y constructores de la civilización del amor» (Benedicto XVI).

Es la hora de convertirnos a Dios para vivir con sentimientos y actitudes de comprensión, en una lógica de magnanimidad y de fraternidad, de donación gratuita de cuanto somos y tenemos. Es hora de convertirnos a Dios, caridad infinita, viviendo su caridad en nosotros. Es hora de vivir la caridad evangélica, signo privilegiado de la misericordia de Dios, hoy especialmente necesario, «que nos abre los ojos a las necesidades de quienes viven en la pobreza y la marginación. Es una situación que hoy afecta a grandes áreas de la sociedad y cubre con su sombra de muerte a pueblos enteros. El género humano se halla ante formas de esclavitud nuevas y más sutiles que las conocidas en el pasado y la libertad continúa siendo para demasiadas personas una palabra vacía de contenido. Se han de eliminar los atropellos que llevan al predominio de unos sobre otros: son un pecado y una injusticia. Quien se dedica solo a acumular tesoros en la tierra, no se enriquece en orden a Dios. No se ha de retardar el tiempo en el que el pobre Lázaro pueda sentarse junto al rico para compartir el mismo banquete, sin verse obligado a alimentarse de lo que cae de la mesa. La extrema pobreza es fuente de violencia, de rencores y escándalos. Poner remedio a esto es una obra de paz por un nuevo comportamiento que tiene en la base el de Dios mismo, dar gratis lo que hemos recibido y es don. Es necesario recordar siempre, y de manera especial en el tiempo cuaresmal de conversión, que no se debe dar un valor absoluto ni a los bienes de la tierra, porque no son Dios, ni al dominio o a la pretensión de dominio por parte del hombre, porque la tierra pertenece, porque todo es de Dios, todo es don gratuito de su inmensa bondad y amor.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014