Dios nos reconstruye para que reconstruyamos

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez    Es la pregunta que nos estamos haciendo desde hace dos semanas atrás. Es muy interesante saber que una razón determinante por la que tantos, en los primeros siglos del cristianismo, querían ser cristianos era curiosamente que la conversión, entre otras características, era sentida como liberación de la fatalidad y de la inseguridad típica del ser humano por aquellos que se hacían cristianos.

¿Qué hacían aquellos hombres y mujeres paganos para afrontar la fatalidad o el fatalismo, que tanta inseguridad llevaba consigo? Sencillamente se dirigían a la astrología. El destino de las vidas humanas, se pensaba comúnmente, está escrito en el cielo y, por tanto, sería suficiente conocer el curso de los astros y su posición en el momento del nacimiento para saber, incluso en sus detalles, lo que sería la vida de un hombre. Bien, este recurso proporcionaba una cierta seguridad, como los horóscopos actuales. ¿Qué hacen estos? Simplemente proporcionan una cierta seguridad por el solo hecho de conocer de antemano qué te va a pasar si eres de este signo o del otro. Pero en nada cambia las cosas: todo sucederá por ineludible predeterminación o destino.

Y tengamos en cuenta que el hombre, entonces como ahora, encuentra en sí mismo un hondo deseo de rechazar cuanto limita su libertad. De ahí el intento en tantos hombres y mujeres de autoliberación mediante la astrología. Con todas las cautelas debidas, no podemos dejar de reconocer una analogía con lo que hoy vivimos a partir de un presupuesto cientificista: la astrología se sustituye, por ejemplo, por la genética, las neurociencias y la biotecnologías, pero sigue intacto el deseo de responder al ansia existencial y al derrumbamiento de las estructuras sociales mediante la ilusión de conocer con adelanto o de determinar según su propia voluntad el curso de la vida humana propia o ajena.

Nos dice G. Bardy, en un libro no hace mucho publicado de nuevo, pero ya antiguo (La conversión al cristianismo durante los primeros siglos, Madrid 2012), que los cristianos contestaron a los retos de su tiempo sin contar con ninguna “estructura misionera”, únicamente se apoyaban en su testimonio personal y cotidiano. Precisamente esto fue lo que determinó el crecimiento numérico tan notable de cristianos “por contagio”, cuando todavía se encontraban éstos en situación de persecución de los emperadores romanos anteriores a Constantino. Lo que provocaba sorpresa y admiración era simplemente una vida distinta, una presencia humana que no sólo desafiaba las convenciones sociales, “las costumbres de los mayores”, tan arraigadas en la conciencia de los antiguos, sino que abría otros horizontes que llenaban el corazón humano.

Pero había más: aquellos cristianos elegían a un Dios que era considerado en aquella sociedad una “inaudita novedad”, por lo tanto de escaso valor, a sus ojos; pero de este modo, eran capaces de arriesgarse en primera persona en nombre de la concepción del hombre que este Dios comunicaba. Por ejemplo, debido a que los cristianos en aquella sociedad iban a salvar a los recién nacidos que no eran reconocidos por el padre de familia (que era el único que tenía la competencia de otorgarles, al acogerlos, la dignidad de personas) y eran abandonados en medio de la basura, recibieron sobre sí la acusación difamatoria de comer la carne de estos niños en sus comidas rituales. Ridícula acusación, pero creída por muchos entonces. Pero conscientemente se arriesgaban porque la vida, cualquier vida, era sagrada para ellos.

¡Qué diferencia con tantos ciudadanos actuales, muchos de ellos cristianos, que de hecho aceptan como mal menor que la institución política que defienden no rechace la Ley que el Parlamento Español aprobó en el año 2010! Escuché con estupor, no hace muchos días, a alguien del partido en el Gobierno actual que en la reforma de esa Ley del Aborto de 2010 se puede ir más lejos o más cerca; en su opinión, ellos no han ido más lejos porque existe una falta de consenso. ¿Dónde está esa falta de consenso? ¿En ese partido? Si en el Parlamento Actual hay falta de consenso sobre esa Ley, a la hora de una reforma, ¿acaso no existía cuando se votó en 2010? ¿O es que esa carencia de consenso ya existía en el partido del actual Gobierno? Volver sobre el modo de proceder de los cristianos en el Imperio Romano, cuando se trataba de defender la vida, es saludable y liberador.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.