Monseñor Carlos Osoro asegura que “la negación de Dios es la tragedia más profunda de todo ser humano»

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Ayer 11 de marzo, el Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro, presidió en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena la celebración de una solemne Misa funeral en el 11 aniversario del 11M. Con él concelebraron el Obispo auxiliar de Madrid, Mons. Fidel Herráez, y miembros del Cabildo Catedral.

A la Eucaristía asistieron los presidentes de las Asociaciones de Víctimas del Terrorismo, y numerosas autoridades, como el Ministro del Interior, Jorge Fernández, el Presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, el de la Asamblea, José Ignacio Echeverría, la Alcaldesa de Madrid, Ana Botella, la Delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, la candidata a la alcaldía de Madrid, Esperanza Aguirre, el ex alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, y el Embajador de Rumanía.

En su homilía, Mons. Osoro hizo alusión a la Palabra del Señor proclamada, que “ilumina en estos momentos nuestras vidas” y “nos regala tres aspectos de nuestra existencia”, ya que “el Señor nos acerca tres palabras: pensar, llorar y decir”.

Así, recordó que “hay un cielo nuevo y una tierra nueva que no es conquistada por los hombres, sino conquistada por Dios mismo, que se hizo hombre por amor a nosotros”. Jesucristo resucitó, y con su resurrección ha triunfado. Por eso, “en este recuerdo y memoria de los que murieron, en este atentado” el Arzobispo de Madrid condenó el terrorismo, asegurando que “siempre es injustificable y siempre es una perversión moral. El origen de esta aberración está en muchos casos en la negación de la existencia de Dios y, en otros casos, en la ideologización de una manera de entender a Dios que, ciertamente, no es el que se nos ha revelado en Jesucristo, ni el que queremos alcanzar los hombres. El fundamentalismo fanático desfigura el rostro de Dios y la manera de relacionarnos los hombres: quiere imponer con la violencia lo que quizás consideran como verdad. Pretende violar la dignidad del ser humano y ultrajar a quien nos da la dignidad, que es Dios, que nos ha hecho imagen y semejanza de Él”. Por ello, “damos gracias a Dios porque podemos pensar la vida desde Dios”.

En segundo lugar, dijo que “debemos llorar”. “Cuando la vida la vemos desde nosotros mismos, el lloro es más profundo, porque es un lloro sin esperanza”. Y es que “pensar la vida desde nosotros supone una opción: llorar cuando desaparecen de nuestro lado las personas que queremos. Y aceptar estas palabras como desesperación -Señor, si hubieras estado aquí, no habría pasado esto- o descubrir que Dios es necesario para la convivencia de los hombres”. Para Mons. Osoro, “nadie que tenga a Dios en su corazón, a este Dios que nos ha dado Jesucristo, tiene la tentación de eliminar la vida de los demás”.

“Sacar a Dios de la historia y de la convivencia de los hombres”, ha apuntado, “siempre es un mal para la humanidad, para construir la historia de los hombres. Un Dios de misericordia, que ama, que da vida, que entrega paz, que nos capacita para el perdón, que nos hace mirar al otro como si fuésemos nosotros mismos, que nos hace ver en el otro una imagen real y verdadera de Dios. Pensar la vida desde nosotros solamente nos hace, ante situaciones duras y difíciles como esta que estamos recordando, poder decir al otro: te acompaño, me solidarizo contigo. Pero no nos saca del atolladero. Del atolladero nos saca un Dios que nos hace pensar la vida y la muerte desde Él”.

Pensar la vida desde Jesucristo
A continuación, señaló que “el Señor no solamente nos pide que pensemos y que lloremos, porque el ser humano, a veces, es lo único que puede hacer, no tiene palabras”. Llorar “es la expresión que todo ser humano tiene cuando no descubre las palabras necesarias para decir todo lo que siente en lo más profundo de su corazón”. Por eso, en tercer lugar, ha invitado a “pensar la vida desde Jesucristo”, que es “asumir en nuestra existencia que las palabras del Señor son reales y hacen todo nuevo, también nuestro presente y nuestro futuro; nos hacen ver la realidad sobre este mundo y nuestra propia realidad desde lo que somos y estamos llamados a ser”.

El Arzobispo de Madrid afirmó que “los cristianos, al mismo tiempo que rechazamos todo terrorismo, le decimos al Señor, en la memoria y en el recuerdo de quienes han sido víctimas mortales de él, las mismas palabras que dijo Marta a Jesús: sí, Señor, yo creo que Tú eres el Mesías, el hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Son palabras que iluminan la vida de quienes nos dejaron, y también la de los que estamos aún viviendo”, porque “Jesucristo nos sigue diciendo, con su presencia real: Yo soy la resurrección y la vida”. Y en él “ponemos la vida de quienes sufrieron la muerte en aquel atentado”.

“Le decimos al Señor que Él es el que tiene que venir al mundo, el que tiene que estar con nosotros para eliminar esas dos tentaciones terribles que existen en el ser humano: el nihilismo -pensar que Dios no existe-, o el fundamentalismo -hacerme un dios a mi medida- para eliminar a quien piense otra cosa distinta a mí. El Señor se va a hacer presente en el misterio de la Eucaristía. En Él ponemos la vida de los que sufrieron la muerte en aquel atentado terrorista del 11 de marzo de hace once años” y “le pedimos que interceda para que, quienes tengan la tentación de recurrir a actos de violencia o terrorismo, les cambie el corazón y dediquen sus fuerzas a construir la paz”.

“La plaga del terrorismo, ha advertido, tiene que reclamar de nosotros una reflexión profunda sobre la necesidad de no eludir la presencia del Dios verdadero, que siempre es un Dios de vida y que no quiere la muerte de los hombres. La negación de Dios es la tragedia más tremenda del ser humano, porque en el fondo, cuando lo niega, desconoce quién es todo ser humano, y desconoce también la imagen verdadera de Dios.

Concluyó pidiendo al Señor “que hoy, todos los que estamos aquí, unidos a los que murieron en la oración y unidos a los que habéis padecido este atentado, descubramos junto al Señor estas palabras que Él nos dice: Yo soy la resurrección y la vida. Dios es amigo del hombre y Dios cambia el corazón del hombre. Acojámosle”.

(Infomadrid)

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