José Miguel García: "Hay directores poco respetuosos con la libertad de las personas e impiden la elección de la asignatura de religión"

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La asignatura de religión ha saltado a la palestra mediática a raíz de la reciente aprobación del nuevo currículum. Se escuchan voces a favor y voces en contra pero ¿debe haber una asignatura de religión en la escuela pública?. A esta pregunta y a otras muchas más nos responde en esta entrevista concedida a Agencia SIC, el sacerdote José Miguel García, director del secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española.

P. Para las personas que no sepan la función de las Comisiones Episcopales… ¿qué misión tiene la Comisión de Enseñanza y Catequesis?

R. La Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis está al servicio de la tarea que a realizan los obispos, porque son ellos los que gobiernan y tienen la autoridad dentro de la Iglesia. La Comisión es una ayuda a esta tarea, una colaboración.

Creo que la gente entiende con facilidad la dimensión catequética y de enseñanza del ejercicio pastoral del obispo. La Subcomisión de Catequesis tiene la función específica de redactar los catecismos, las líneas fundamentales que tienen que marcar el recorrido de la fe, y también de acompañar a los catequistas.

La Comisión de Enseñanza es algo más compleja, ya que abarca toda la dimensión educativa tanto dentro de los colegios estatales como los concertados o los de iniciativa privada, la redacción del contenido curricular de la hora de Religión, la revisión de los manuales de religión, el acompañamiento de los profesores de Religión, etc.

Es misión específica de los obispos indicar quiénes son las personas que están preparadas para realizar esa tarea educativa en las clases de religión. Estos profesores están en las escuelas no a título propio, sino a título de la Iglesia diocesana. Por eso su misión se la da el obispo.

Hay todo un trabajo con las escuelas de magisterio con el fin de poder colaborar en la formación para la DECA. Luego está todo el amplio mundo de lo que es la formación y acompañamiento de los profesores católicos que imparten diferentes materias. Y otras tareas más que no me detengo a enumerar para no alargarme.

«Los padres o los alumnos, que son los que eligen libremente la asignatura, están sometidos a una presión social de esta concepción laicista» 

P. Cada año disminuye el número de alumnos matriculados en la asignatura de Religión en la escuela pública… ¿Cuáles son los motivos?

R. Teniendo en cuenta las estadísticas, no percibimos tantas variantes en lo que es la educación Infantil, Primaria e incluso Secundaria. Sin embargo sí que vemos esa bajada cuando pasamos a Bachillerato.

¿Los motivos? Creo que son complejos y variados. Sin duda alguna hay un ambiente secularizado que ha favorecido muchísimo la marginación de lo religioso. Los padres o los alumnos, que son los que eligen libremente la asignatura, están sometidos a una presión social de esta concepción laicista. Esta campaña, favorecida por ciertos medios de comunicación y desde algunos partidos políticos, es permanente y cala en la mentalidad de las personas.

Por lo demás, en algunos colegios, sobre todo los estatales, la posibilidad de ejercer el derecho que les otorga la Constitución y las leyes educativas para elegir la clase de Religión y Moral Católica depende mucho de las posiciones ideológicas de las personas que dirigen el colegio. Lamentablemente hay directores poco respetuosos con la libertad de las personas e impiden la elección de esta materia no ofertándola o sencillamente dificultando o desaconsejando la decisión de los padres. Por Ley, los colegios están obligados a ofrecer la asignatura de Religión; corresponde a los padres o alumnos elegirla o no.

Por parte nuestra, a veces, los profesores de Religión no siempre hacen la asignatura algo verdaderamente interesante para los alumnos. No siempre debemos echar la culpa a las circunstancias externas. También el desinterés de los alumnos puede provenir de nuestro modo rutinario de impartir la clase o falta de interés por su vida.

En cualquier caso, es lamentable que las Leyes educativas cambien tanto en tan poco tiempo. Es un signo claro de que los gobiernos de turno y los partidos políticos de la oposición no están buscando con decisión el bien de los alumnos y de nuestra sociedad, sino sus intereses ideológicos o de poder.

«Las campañas de exclusión de la enseñanza religiosa de la escuela nacen de posiciones intransigentes e integristas, de mentes muy dogmáticas que se creen en posesión de la verdad plena y quieren imponerla a todos los demás»

P. ¿Cómo afecta a la asignatura de Religión la LOMCE en cuanto a temario, horas de clase, número de profesores, etc?

R. La LOMCE no ha sido aplicada en su totalidad, sólo se ha aplicado en tres cursos de primaria este año. Todo lo humano es perfectible; también esta Ley. Es más, en este caso, tendría que haber sido mejorada mucho más. Lamento la gran oportunidad que ha perdido el PP de hacer una buena Ley educativa. Incluso esta Ley favorecerá mucho más la desigualdad entre las Autonomías al dejar una gran capacidad de decisión a las autonomías. Entre ellas, el horario de la clase de Religión. El ministerio lo ha decidido así y esto está generando mucha confusión. Todo esto tiene muchas consecuencias. Por ejemplo en Ceuta y Melilla, dependientes directamente por el Gobierno, y también Andalucía, Canarias y Galicia tienen una sesión de 45 minutos semanales; la reducción de tiempo es enorme. Esto es grave y llevará consigo también la reducción del profesorado.

P. A raíz de la aprobación del nuevo currículo de la asignatura de religión, le pregunto: ¿Debe haber una asignatura de religión en la escuela pública? ¿Por qué?

R. La persona humana es religiosa por naturaleza. Dentro de su corazón están las exigencias de felicidad, de bien, de verdad que busca por todos los medios de satisfacer. La necesidad de un sentido, de un significado en la vida le hace preguntarse por el porqué de las cosas y su origen. Toda esta inquietud humanísima le abre a la relación con el Misterio. Ya desde este punto de vista, que se favorezca la educación y expresión de la religiosidad de los alumnos es un bien para su humanidad.

Por otra parte, la presencia de la enseñanza religiosa en la escuela evita que la razón humana se reduzca a lo puramente mensurable y manipulable, a la pura apariencia de las cosas. Razón y fe religiosa deben ir juntas si queremos que la persona no sea reducida a algo puramente material, perdiendo así su dignidad, y la realidad deje de ser signo de Algo más grande, convirtiéndose en una prisión sofocante.

Pero además en la historia ha ocurrido un hecho singular: Dios se ha manifestado en un hombre, Jesús de Nazaret. De él nace el cristianismo, que ha modulado, junto con el mundo hebreo y greco-romano, nuestra cultura occidental. Desconocer nuestro origen, nuestra tradición es favorecer la inconsistencia y la confusión de la persona.

En mi opinión, las campañas de exclusión de la enseñanza religiosa de la escuela nacen de posiciones intransigentes e integristas, de mentes muy dogmáticas que se creen en posesión de la verdad plena y quieren imponerla a todos los demás. Hay que defender la libertad de los padres en la educación de sus hijos de las imposiciones estatalistas de ciertos grupos políticos e ideológicos. Expulsar de la escuela la enseñanza religiosa significaría renunciar a una educación verdadera e integral, con consecuencias lamentables para la persona y la sociedad.

P. En la última Asamblea de los Obispos del Sur se hizo un llamamiento para que profesores, padres y al pueblo cristiano en general a que apoyen y defiendan, la impartición de la asignatura de Religión en nuestro sistema educativo… ¿Por qué es tan importante esta defensa?

R. Creo haber ya respondido en mi respuesta anterior. En cualquier caso, quisiera hacer notar que por desgracia se ha reducido mucha la educación a mera instrucción. La educación va más allá. Albert Einstein decía: “Aprender es una experiencia, el resto es información”. Lo que pasa ahora muchas veces en las clases es que se ofrece mucha información, pero poca educación. Los muchachos no entienden el valor de esta información para su vida, pues no se hace el esfuerzo de relacionarla, de implicarla en su experiencia humana. Pocas veces se les invitan a tener una experiencia.

A mi parecer, hoy vivimos una imposición de reducir la persona humana a un parámetro, a unas competencias que decide la ideológica imperante.

(Lourdes Artola – Agencia SIC)

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