“PASÓ HACIENDO EL BIEN” (I)

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella        Es una de las mejores definiciones que se han dado de Jesús de Nazaret, el Dios hecho hombre. Y nos la brinda el capítulo diez del libro de los Hechos de los Apóstoles. ¡Cómo nos gustaría que se pudiera decir de cada uno de nosotros lo mismo o algo parecido: que “pasamos por la vida haciendo el bien”. Pero es que hay más. San Marcos, en su evangelio, dice de Jesús que “todo lo hizo bien” , una meta absolutamente inalcanzable para cualquier mortal. Nadie, fuera de Dios, es capaz de hacer todo – absolutamente todo – bien.

Dicho esto, no cabe duda de que la vida cristiana ha de consistir, forzosa y gozosamente, en imitar a Jesús que pasó por la vida haciendo el bien. Y esta es la meta que el Papa Francisco nos viene proponiendo prácticamente desde el inicio de su Pontificado. Cosas concretas; pequeñas, pero muy concretas y hacederas.

En su mensaje de Cuaresma para este año, el Papa nos anima a luchar contra toda forma de indiferencia ante el mal que aqueja a nuestros prójimos, vivan estos a miles de kilómetros o vivan a nuestro lado. Siguiendo esta sugerencia del Papa, voy a proponeros unos puntos muy sencillos en los que podemos volcar lo mejor de nosotros mismos para vivir una Cuaresma generosa, atractiva y que, a la hora de la verdad y a imitación de Jesús, haga más agradable la vida de los demás.
Hoy me referiré a dos actitudes:

En primer lugar, a la alegría que es una virtud no fácil, pero lo suficientemente sustanciosa como para definir la condición de los santos. No se puede concebir un santo triste, de gesto adusto, ceñudo. En la vida social, vecinal, laboral y, sobre todo, familiar, poner buena cara es un objetivo que nunca debe faltar. Ha habido santos como san Felipe Neri o san Francisco de Sales que se han distinguido en cumplir el mandato de san Pablo, muy recordado a lo largo del año litúrgico, que dice “estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres” . ¿Por qué no hacerlo nuestro, siempre, todos los días? Cuando todo nos sale bien y cuando casi nada sale bien; en los momentos buenos y en los no tan buenos. ¡Siempre! Nuestra alegría es en el Señor: somos hijos de Dios, y esto vale para toda circunstancia. Quien tiene a Dios en su vida no puede estar triste.

Otro propósito concreto y muy a propósito para este tiempo de conversión y de ayuda al prójimo es mostrarse muy agradecido con Dios y con los que nos rodean. Siempre se ha dicho que “de bien nacidos es ser agradecidos” o, en boca de nuestro inmortal Cervantes “de gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud” . Jesús, el Señor, con frecuencia inicia su oración dando gracias por todo a su Padre del cielo. Aprendamos de Él a agradecer a Dios la salud, el trabajo, la familia, los niños, la vida, la Eucaristía, el perdón de los pecados, el don maravilloso de su Madre y nuestra Madre, la Virgen. ¡Todo es ocasión de agradecimiento! Y con los que están a nuestro lado, lo mismo. Agradece los detalles que contigo tienen tus padres, tus hijos, tus hermanos, los compañeros de trabajo, la persona anónima que en la calle te ha contestado a una pregunta, el asiento cedido en el autobús, el buen gesto del médico o de la enfermera. Nunca te acostumbres a recibir porque lo necesitas o porque te consideras con derecho, sin más. Todo en la vida es un regalo, no lo olvides.

Los dos actos sencillos que sugiero hoy son la caridad puesta en práctica. No los pasemos por alto. No olvidemos que al final de la vida seremos examinados de amor. Y Dios nos dirá con la ternura de un Padre algo que ha removido a los cristianos de todos los tiempos: “Bien, siervo bueno y fiel, has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor” .

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.