Medicina que cura y transforma

agusti_cortesMons. Agustí Cortés       En el camino cuaresmal se cruzan dos imágenes complementarias: el diálogo de Jesús con la Samaritana y la expulsión de los mercaderes del Templo. Ambos evangelios pueden ser proclamados en la liturgia de este Tercer Domingo de Cuaresma.

Asistimos a un maravilloso cambio, que ya desearíamos para todos nosotros y para la Iglesia. La mujer y el Templo acaban transformados, purificados, salvados, mediante la presencia luminosa de Jesús en ellos. Sin embargo, el contraste es fuerte cuando observamos la manera como Jesús entra y actúa en cada uno.

A veces, sobre todo cuando hemos convertido la fe o la casa de oración en “lugar de comercio”, de beneficio idolátrico, Jesús penetra en nuestro interior o en nuestra Iglesia con voz profética y gestos radicales. Son golpes purificadores que necesitamos para crecer y llegar a ser una morada digna (auténtica) de Dios. Entonces la entrada de Jesús desencadena una auténtica revolución, todo parece en crisis y abocado al fracaso.

Santa Teresa se vería, sin embargo, más próxima a la experiencia de la mujer samaritana. Ante todo por el hecho de que toda la escena evangélica consiste en un diálogo encantador, a la hora del mediodía, junto a un pozo, en conversación amigable; y eso mismo es la oración, la esencia del camino que señala la santa. La iniciativa surge de Jesús. Ella se resiste, pero él desea llegar a su interior. Allí, en el interior de la mujer, según Sta. Teresa, reside el castillo precioso, que es el espíritu de cada uno.

“todo de un diamante y muy claro cristal, así como en el cielo hay muchas moradas” (V, 40,5-6; 1M 1,1).

En él habita Jesucristo. Toda nuestra vida –como la de la samaritana– consiste en la gran aventura de entrar en ese castillo, buscarle, hallarle y abrazarle mediante la fe y el amor. Pero esto no se hará sin lucha. Hay serios obstáculos que salvar. El primero es que todo está sucio:

“¡Entendeos y haced lástima de vosotras! ¿Cómo es posible que entendiendo esto no procuráis quitar esta pez de este cristal? Mirad que si os acaba la vida jamás tornaréis a gozar de esta luz” (1M 2,5)

El segundo gran obstáculo son los golpes y asaltos de mil seducciones del mundo, como la falsa seguridad y la estima de sí mismo, las vanidades, el testimonio contrario de la mayoría… y los afectos que atan, la vanidad, el cansancio. No olvidamos que el enemigo engaña y seduce, siempre a la puerta (cf. 3M 1,2). Es tiempo de lucha firme y decidida, confiada en la “verdad” de lo que nos insinúa el Señor. Él con sus voces, su llamada y su palabra va estimulando nuestra voluntad. Y con su presencia va despertando y satisfaciendo nuestra necesidad de ser amados y amar. Es así como comienza la transformación personal, la sanación y el renacimiento.

– A veces Jesús entra como cirujano que extirpa la parte dañina de nuestro cuerpo. No nos asustemos y sigamos confiando que todo acabará en sanación.

– A veces vendrá como amigo suave que acompaña pacientemente, pero, sin dejar de decirnos la verdad, nos conducirá hacia el punto en que podremos cambiar y crecer.

– En todo caso y siempre hallaremos dos momentos de los que no podemos dudar: la renuncia a todo lo que no es Él, y la acogida de su propio amor.

No hay otro camino de renovación, ni otra puerta de acceso a la alegría. No es otra la conversión que necesitamos todos y nuestra Iglesia.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.