SOLIDARIDAD: PENSAR EN LOS DEMÁS

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol       La palabra solidaridad deriva del latín solidus, término que está en la raíz de una cosa sólida, la profesión de soldado, la acción de soldar, de consolidar, etc. Es decir, tiene que ver con fortaleza y unidad. Nos recuerda que no estamos solos en el mundo y que hemos de vencer la tentación del egocentrismo.

John Donne, el original deán de la catedral de Saint Paul de Londres, escribió unos versos famosos: «Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto (…) La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por tanto nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti».

La virtud de la solidaridad lleva a compartir alegrías y desgracias. Digo virtud, aunque no forme parte de la lista habitual de las llamadas teologales ni cardinales, porque está relacionada con varias de ellas y por ser un hábito operativo bueno, ya que para los cristianos debe ser una conducta habitual si atendemos al mandato del amor fraterno que nos dejó Jesucristo como su más preciada herencia sobre la tierra.

Ser solidarios es pensar en los demás. Si pensamos en ellos ya encontraremos la forma de ayudarlos. Como es lógico comenzando por los más próximos y por los más necesitados de la sociedad.

La Iglesia tiene una larga experiencia solidaria, porque el amor al prójimo está en su esencia, y desde su comienzo ha enseñado a repartir el pan con el hermano, a no ser egoísta, a no almacenar riquezas en graneros, como el hombre de la parábola evangélica. Por el contrario, ha fundado escuelas y hospitales, ha acogido a los pobres y enfermos, ha enviado misioneros a las zonas más pobres del mundo. Podría mencionar decenas de iniciativas de la Archidiócesis que hacen una labor callada y muy eficaz en este terreno.

No pensemos que la solidaridad sólo pueden ejercerla quienes tienen abundantes medios. Santa Teresa de Calcuta dijo: «Tenemos 53.000 leprosos, y ni uno ha sido rechazado porque no teníamos nada. Gratuitamente recibimos, gratuitamente damos».

Como en la experiencia de las cartas de una baraja, que para sostenerse en pie necesitan apoyarse unas en otras, la solidaridad permite llegar donde uno solo no podría. Cuando vemos una necesidad no pensemos: yo no puedo hacer nada. Pensemos más bien qué podría hacer, junto con otros, para atenderla. Así imitaremos a Jesucristo que «pasó haciendo el bien» por nuestro mundo.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.