RESTÁURANOS, SEÑOR, CON TU MISERICORDIA

Mons. Juan José AsenjoMons. Juan José Asenjo      Queridos hermanos y hermanas: Iniciamos la tercera semana de Cuaresma. La liturgia de este domingo nos invita a volver a nuestro bautismo, en el que recibimos la gracia santificante, que nos hizo hijos de Dios, miembros de su familia y partícipes de su naturaleza divina. El bautismo nos hizo además templos de la Santísima Trinidad. Toda la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, vino a habitar en nuestra alma. Esa maravilla, salida de las manos de Dios, sin embargo, con el paso del tiempo, se fue deteriorando en nosotros, perdiendo su belleza originaria, su primitiva perfección como consecuencia del pecado.

Por ello, la Iglesia nos regala cada año el tiempo de Cuaresma, en el que nos invita a la renovación, la conversión y la restauración de nuestra vida cristiana, no por un mero afán de perfeccionismo, sino por fidelidad al Señor que nos ha amado primero. Restáuranos, Señor, con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas. Esta es la oración con la que iniciaremos la Eucaristía y ésta debe ser nuestra petición al Señor a lo largo de esta semana.

Efectivamente, Él es quien nos tiene que convertir y renovar por medio de su Misterio Pascual, que nos disponemos a celebrar; por medio de su Cruz, que como hoy nos dice san Pablo, es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pero la conversión no será posible sin nuestra colaboración, sin nuestra vuelta a la alianza que el Señor selló con nosotros el día de nuestro bautismo, como nos sugiere la primera lectura. A esa colaboración nos invita uno de los evangelios de este domingo con una imagen muy familiar: el agua, el agua viva que promete el Señor a la Samaritana junto al pozo de Jacob.

¿Qué es el agua viva de la que habla el Señor, que es un auténtico don de Dios, que calma absolutamente nuestra sed y que se convierte dentro de nosotros en un surtidor que salta hasta la vida eterna? La respuesta es muy sencilla: la gracia santificante, que nos transforma, nos diviniza, nos hace hijos del Padre, hermanos del Hijo y ungidos por el Espíritu, que nos fue merecida por Jesús en la Cruz y que Él entregó a la Iglesia para que nos la brinde y aplique a través de los sacramentos.

Comprenderemos la importancia de la vida de la gracia si reflexionamos sobre la importancia del agua natural en la vida cotidiana. El agua es un elemento absolutamente imprescindible. Con ella nos lavamos y purificamos. Ella sacia nuestra sed. Con ella preparamos los alimentos. Ella fecunda y vivifica nuestros campos. Ella hace posible la vida de animales y plantas. Sin ella no existiría la vida. Si ella desapareciera de la faz de la tierra, las plantas, los animales y el hombre estaríamos abocados a la muerte. El agua es un auténtico tesoro.

Pues bien, la misma importancia que tiene el agua en la vida natural, la tiene la gracia santificante. Sin ella, no hay vida en el orden sobrenatural. Ella es nuestra mayor riqueza. Más importante que el dinero, la salud, la belleza, los honores y todos los títulos que el hombre pueda reunir en este mundo. La gracia santificante es lo único necesario y decisivo. No faltan cristianos, sin embargo, que creen que lo son porque oyen misa los domingos o porque pertenecen a tal o cual hermandad, o porque llevan al cuello un escapulario de la Virgen. Y todo ello es importante.

Pero esto sólo no basta. Lo decisivo, el verdadero sello de identidad del cristiano, es vivir en gracia de Dios, lo único por lo que merece la pena luchar, vigilar, sufrir y hasta morir, como han hecho los santos.

El Concilio Vaticano II nos dijo en la Constitución Lumen Gentium que es verdad que el cristiano que vive habitualmente en pecado mortal sigue siendo miembro de la Iglesia con tal de que no pierda la fe y la esperanza. Pero nos dice al mismo tiempo con santo Tomás de Aquino, que es un miembro imperfecto, un miembro aparente, como diría san Agustín. Está en la Iglesia físicamente, pero no con el corazón y desde luego no es miembro de la Iglesia con la misma intensidad y con la misma plenitud que aquel cristiano que vive habitualmente en gracia de Dios. Este sí que es un miembro pleno porque vive la vida propia de los hijos de Dios, lo que constituye de verdad el núcleo del misterio de la Iglesia.

La liturgia de este domingo nos invita a valorar y estimar la vida de la gracia y a vivirla en plenitud; a luchar contra el pecado venial, que vela en nosotros la imagen de Dios; a luchar sobre todo contra el pecado mortal, que la destruye totalmente. Dios quiera que en esta Cuaresma renovemos en nosotros la gracia bautismal y restauremos de verdad nuestra vida cristiana.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

Mons. Juan José Asenjo
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Mons. D. Juan José Asenjo Pelegrina nació en Sigüenza (Guadalajara) el 15 de octubre de 1945. Fue ordenado sacerdote en 1969. Es Licenciado en Teología por la Facultad Teológica del Norte de España, sede de Burgos (1971). Amplió estudios en Roma donde realizó, desde 1977 hasta 1979, los cursos de Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y las Diplomaturas en Archivística y Biblioteconomía en las Escuelas del Archivo Secreto Vaticano y de la Biblioteca Apostólica Vaticana. CARGOS PASTORALES Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en su diócesis de origen, en Sigüenza-Guadalajara, donde trabajó en la enseñanza y en la formación sacerdotal. Estuvo vinculado especialmente al Patrimonio Cultural como Director del Archivo Artístico Histórico Diocesano (1979-1981), Canónigo encargado del Patrimonio Artístico (1985-1997) y Delegado Diocesano para el Patrimonio Cultural (1985-1993). En 1993 fue nombrado Vicesecretario para Asuntos Generales de la CEE, cargo que desempeñó hasta su ordenación episcopal, el 20 de abril de 1997, como Obispo Auxiliar de Toledo. Tomó posesión de la diócesis de Córdoba el 27 de septiembre de 2003. El 13 de noviembre de 2008 fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Sevilla y el día 5 de noviembre de 2009 comenzó su ministerio como Arzobispo metropolitano de Sevilla, al aceptar el Santo Padre la renuncia del Cardenal Amigo Vallejo. Por delegación de los Obispos del Sur, es el Obispo responsable de la Pastoral de la Salud de Andalucía. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE preside la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural, cargo para el que fue elegido el 15 de marzo de 2017. Ya había presidido esta Comisión de 2005 a 2009. Otros cargos en la CEE: vicesecretario para Asuntos Generales (1993-1997); secretario general y portavoz de la CEE (1998-2003); miembro del Comité Ejecutivo (2009-2017). Fue copresidente de la Comisión Mixta Ministerio de Educación y Cultura-Conferencia Episcopal Española para el seguimiento del Plan Nacional de Catedrales de 1998 a 2003. Ejerció de coordinador Nacional de la V Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a España el 3 y 4 de mayo de 2003. Ha sido miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia" y de la "Junta Episcopal Pro V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús".