La fuerza de la pequeña Esperanza

SaizMenesesMons. Àngel Saiz Meneses     La virtud teologal de la esperanza no se identifica ni con el optimismo psicológico ni con las ilusiones pasajeras. La esperanza es un don –una gracia- de Dios que tiene ingredientes diversos: el gozo en el Señor, la serena certeza de su Providencia paternal, la constancia en las pruebas y la paciencia en las dificultades, la perseverancia en el trabajo, la fidelidad en medio de las pruebas…

La esperanza no es pasiva, no aguarda con los brazos cruzados, sino que se manifiesta en el aguante, la entereza, la confianza en Dios. El poeta francés Charles Péguy escribió muy bellamente sobre la virtud de la esperanza, que él veía como una niña, frágil, pero a la vez fuerte. Según él –en un texto ya clásico entre los cristianos- podría parecer, a primera vista, como que la esperanza, entre la fe y la caridad, tiene poco que hacer. Sin embargo –como advierte Péguy- es la que mueve a las otras dos: “Colgada de los brazos de sus dos hermanas mayores./ Que la llevan de la mano./ La pequeña esperanza / Avanza. / Y en medio entre sus dos hermanas mayores aparenta dejarse arrastrar. / Como una niña que no tuviera fuerza para andar. / Y a la que se arrastraría por esa senda a pesar suyo. / Y en realidad es ella la que hace andar a las otras dos”. (El pórtico del misterio de la segunda virtud).

La esperanza teologal no va sola, se apoya principalmente en la fe, que es “garantía de lo que se espera, prueba de las realidades que no se ven” (Hb 11,1). La esperanza, al final, se confunde con la confianza. Es virtud sobrenatural, es decir, don de Dios, participación de su vida. Esperar en Dios equivale a confiar en Él, a vivir una confianza inquebrantable en el Señor, por encima de nuestras limitaciones, de nuestras faltas, de nuestras carencias personales e institucionales.

La esperanza produce paz, serenidad de espíritu, santa alegría. El alma cristiana “tanto alcanza cuanto espera”, decía san Juan de la Cruz. El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica abunda en esta perspectiva al definir la esperanza como “la virtud teologal por la que deseamos y esperamos de Dios la vida eterna, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos en la ayuda de la gracia del Espíritu Santo para merecerla y perseverar hasta el final de la vida terrena” (n. 387).

El ser humano busca constantemente la esperanza, porque la necesita para poder vivir; se pregunta dónde la podrá hallar y quién se la puede ofrecer. El papa Benedicto XVI nos recordaba que la ciencia, la técnica, la política, la economía o los recursos materiales, no son capaces de ofrecer la gran esperanza a la que todo ser humano aspira. La experiencia nos enseña que muchas expectativas que se conciben a lo largo de la vida, cuando llega el momento de verse cumplidas, no acaban de saciar la sed de sentido y de felicidad del corazón humano. Eso sucede porque la gran esperanza sólo puede estar en Dios. La gran esperanza no es una idea, o un sentimiento o un valor, es una persona viva: Jesucristo.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
Acerca de Mons. Josep Àngel Saiz Meneses 376 Articles
Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.