La Adoración de la Eucaristía

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez     La adoración de la Eucaristía es una consecuencia de la fe en la presencia real de Jesús bajo las especies de pan y de vino. Jesús mostró su inmenso amor “hasta el extremo” de quedarse con nosotros. Esta presencia es el mayor tesoro de la Iglesia. Porque queremos devolverle tanto amor conservamos la especie eucarística del pan en los sagrarios. Queremos tenerlo cerca y estar con Él. Con la adoración prolongamos su presencia en la celebración de la misa.

Adorar significa rendir culto, reconocer que Cristo es mi Señor, la majestad, la misericordia de Dios. También significa honrar con afecto y amor a alguien. Para nosotros es entrar en íntima relación con el Señor. La adoración sólo se ofrece a Dios. A la Virgen María y a los santos los veneramos. La adoración eucarística es el acto de reconocer que Dios mismo está en Jesús-Eucaristía. El Señor se hace presente en la humildad y sencillez del pan, el alimento más común en nuestras mesas. “Qué hermoso ver hasta donde nos ha amado Dios que se ha hecho PAN por nosotros para alimentarnos de su Cuerpo y se ha hecho presente en el cuerpo de los pobres para que los podamos alimentar dándoles el pan” (Beata Teresa de Calcuta).

Los actos de adoración son variados en formas y profundidad. La eucaristía es toda ella una adoración, pero tiene momentos destacados en los que se adora expresamente. Cuando el sacerdote eleva la forma consagrada y el cáliz, invita al pueblo a arrodillarse, a hacer un gesto de adoración profunda y a proclamar su adoración. Existe la buena costumbre, que se va generalizando en muchos cristianos, de decir en esos momentos, en el silencio de su corazón, las palabras de Apóstol incrédulo Tomás: “Señor mío y Dios mío”. Después de la comunión hay un silencio profundo. Es un momento privilegiado para que cada uno adore al Señor en su interior.

También un acto de adoración sencillo es santiguarse al pasar delante de un templo. Con este gesto sencillo se reconoce la presencia de Alguien que merece este saludo de respeto. Muchas personas no se conforman con el sólo gesto de santiguarse sino que entran al templo, que se conserva abierto para que se pueda visitar al Señor. Son las visitas al Santísimo. Por ello conviene que los templos estén abiertos el mayor tiempo posible.

Pero hay momentos sobresalientes de adoración como prolongación de la eucaristía. Las procesiones de la Fiesta del Corpus Christi son manifestaciones de adoración pública y solemne por nuestras plazas y calles. Con mucha frecuencia se hace en los templos y capillas la exposición, adoración y bendición con el Santísimo. Son momentos de  silencio, meditación, oraciones, rezo de los salmos y lecturas bíblicas. Constituyen un enriquecimiento espiritual inigualable donde se fundamenta la vida de fe, esperanza y caridad de los fieles. Puestos de cara al Señor se adquiere la madurez en la fe y se da un sentido y una dirección segura a la vida entera. De estos encuentros se sale animosos lanzados a un compromiso decidido para vivir la caridad.

Existen muchos grupos de adoración eucarística nocturna que realizan vigilias una vez al mes y en momentos importantes durante el año. El culto eucarístico siempre es adoración ya sea en la misa, comulgando o estando ante el Señor. Dice el papa emérito Benedicto XVI citando a San Agustín: “Nadie coma de esta carne sin antes adorarla… pecaríamos si no la adoráramos” (SC 66).

La adoración perpetua en capillas abiertas día y noche, con turnos de vela seguidos, es una iniciativa sobresaliente en la adoración eucarística. Acaba de celebrarse en El Escorial (Madrid) la reunión de representantes de 33 capillas que hay ya en España. Entre nosotros tenemos una en Pamplona, en la Basílica de San Ignacio. Esta capilla expresa que todos los fieles cristianos de Navarra estamos atentos al Señor día y noche, representados por las personas que pasan allí horas llenas de amor. No es un lujo, es una dulce y necesaria obligación de amor. El que adora corresponde al amor recibido y testimonia su fe viviendo la fraternidad que junto al Señor ha aprendido.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).