La Cuaresma, tiempo de gracia y renovación

melgarviciosagerardo2Mons. Gerardo Melgar      Queridos diocesanos:

Hace escasamente 15 días comenzábamos este tiempo litúrgico tan importante de preparación para la Pascua como es la Cuaresma. La Cuaresma es un tiempo de gracia en el que Dios nos muestra de manera especial su amor misericordioso y en el que nos llama a la conversión, a la renovación como Iglesia, como comunidad cristiana y personalmente a cada uno. El Papa Francisco, en su Mensaje para la Cuaresma de este año, urge a todos a que no caigamos en la indiferencia hacia Dios ni hacia los demás y a que no nos dejemos atrapar por la globalización de la indiferencia que reina en el mundo. No podemos ser indiferentes ni a Dios ni a los hermanos porque Dios no es indiferente a nosotros ni a lo que nos sucede sino que «está interesado por nosotros, nos conoce, nos cuida y nos busca cuando le dejamos».

Muchas veces, cuando las cosas nos van bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de Dios, nos olvidamos de los problemas y necesidades que sufren los demás hermanos; así, nuestro corazón cae en la indiferencia. Todos necesitamos de conversión, de renovación para no dejarnos atrapar por la tela de araña de la inferencia y para no cerrarnos en nosotros mismos. Todos somos parte de un solo cuerpo, del que Cristo es la Cabeza y nosotros sus miembros; por eso, lo mismo que en el cuerpo cuando un miembro está enfermo es todo el cuerpo el que sufre, así nosotros no podemos ser indiferentes ni a Cristo, que es nuestra cabeza, ni a lo que les sucede a los miembros de este cuerpo. ¡No, huyamos de la indiferencia e impliquémonos en ayudar a los que más sufren!.

El grito de Dios a Caín «¿dónde está tu hermano?» debe resonar en nuestros corazones. Como comunidad cristiana estamos llamados a saber dónde y en qué situación están nuestros hermanos, poniéndonos en contacto con los pobres y los alejados, cumpliendo así la misión de la Iglesia que es eminentemente misionera y que jamás puede quedarse replegada en sí misma; al contrario, todos en la Iglesia debemos sentirnos enviados a anunciar el Evangelio a todos los hombres y, especialmente, a aquellos que están más alejados y más necesitados de ayuda. Dice el Papa en su Mensaje: «¡Cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia!».

Francisco, con el texto de la carta del apóstol Santiago «Fortaleced vuestros corazones»(5, 8), nos invita como individuos particulares a vencer la tentación de la indiferencia. Cada uno de nosotros nos sentimos acosados por noticias e imágenes que nos narran el sufrimiento humano; a veces, sentimos incapacidad para hacer algo por evitarlo. Perojamás podemos acostumbrarnos a ello, sintiéndonos atrapados por esta espiral de horror e impotencia. Pero ¿cómo hacerlo? El Santo Padre nos propone dos medios: el primero,rezar en comunión con todos los que formamos la Iglesia en la tierra junto a la Iglesia triunfante del Cielo. El segundo medio consiste en ayudar con gestos de caridad concretos, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas por medio de los numerosos organismos de la caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro y hacerlo con signos definidos aunque sean pequeños. El sufrimiento del otro constituye una llamada a la conversión porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida y la dependencia de Dios. Pidiendo la gracia a Dios y admitiendo los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor divino y no seremos indiferentes a Dios.

Por eso, para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia hemos de vivir la Cuaresma como un camino de formación del corazón; sólo así podremos llegar a tener un corazón fuerte, cerrado al tentador pero abierto a Dios, y misericordioso con los hermanos. Que Cristo haga de nuestro corazón un corazón semejante al suyo, un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se cierre en sí mismo ni caiga en la globalización de la indiferencia sino que esté abierto a Dios y a las necesidades de los hermanos.

¡Feliz y santa Cuaresma para todos!

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.