Teresa de Jesús y la oración

martinez_sistachMons. Lluís Martínez Sistach       Las tres obras clásicas recomendadas a los cristianos en el tiempo de Cuaresma son la oración, el ayuno y la limosna. Hoy llevamos una vida muy ajetreada. Viendo el ritmo con el que vivimos, nos podemos preguntar si son muchas las personas que tienen tiempo para pensar en Dios y cuántas se acuerdan de invocarlo en la oración.

La oración es sobre todo una expresión de confianza y de amor a Dios. En este sentido, el teólogo Karl Rahner escribió un pensamiento citado a menudo que dice así: «El cristiano del futuro será místico o no será cristiano». La condición de místico se manifiesta en la vivencia de la existencia de Dios y al contemplar su gloria y darle gracias. El gran san Juan de la Cruz preguntó un día a una religiosa muy sencilla qué le parecía que era la mística. Y ella le dijo: «Pensar en Dios y darle gracias por su gloria». La respuesta, por su sencillez, gustó mucho al gran místico y poeta.

Orar es «un encuentro de amistad con quien sabemos que nos ama», decía santa Teresa de Jesús, de cuyo nacimiento estamos celebrando actualmente el quinto centenario. Es una definición que se ha convertido en famosa también por su sencillez. «Es pensar en Dios amándolo», enseñaba el padre Carlos de Foucauld.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, «la oración es la plegaria del hijo de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor con que es amado y que quiere responder amando aún más. Pero sabe que su amor de respuesta es el que el Espíritu derrama en su corazón, ya que todo es gracia que viene de Dios. La oración es la entrega humilde y pobre a la voluntad amorosa del Padre en unión cada vez más profunda con su Hijo amado» (n. 2.712).

Orar es conversar con Dios como Padre nuestro que es, como el mejor de los amigos; y esto se puede hacer con pocas palabras, ya que el Evangelio nos advierte que no hagamos como los gentiles «que imaginan que han de ser escuchados a base de palabras». Es el corazón el que debe hablar a un Padre que sabe bien lo que necesitamos antes de pedirlo.

La oración debe estar incluida en la trama de nuestra vida diaria, surgiendo de la actividad cotidiana con sus ilusiones y fracasos, con sus éxitos y contrariedades, con sus alegrías y penas. La oración es como la expresión de la fe y tiene mucha relación con la esperanza y con la constancia. Nuestra oración debe estar llena de esperanza en Dios, a pesar de nuestros pecados o nuestras infidelidades, a imitación del patriarca Abraham, padre de los creyentes, de quien san Pablo afirma que, «habiendo esperando contra toda esperanza», no dudó ni tuvo la menor desconfianza en las promesas de Dios.

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.