Descanso y consuelo

agusti_cortesMons. Agustí Cortés     Caminamos junto a Jesucristo, porque Él es la Vida y hacia Él, porque es la Verdad. Algunos añadirían que “caminamos también por Él”, porque es el Camino. En ello consiste toda la vida cristiana.

Unos insisten en la dificultad del camino, sus exigencias, el esfuerzo que requiere ser cristiano verdadero. Otros, por el contrario, quieren dar una imagen más positiva y subrayan que el cristianismo es un camino de alegría y de paz. Unos reconocen que el camino de la fe, con sus renuncias, supera nuestras fuerzas. Otros sostienen que si nos proponemos de verdad seguir andando llegaremos a la meta.

Sin duda no todo son lágrimas y sufrimiento en la vida cristiana. El itinerario cristiano es de auténtica felicidad.

Santa Teresa en el libro 4º de Las Moradas nos habla de “contentos” (o “consuelos)” y “gustos” que hallamos en el camino. El segundo domingo de Cuaresma contemplamos a los discípulos Pedro, Juan y Santiago, compartiendo con Jesús un momento de plena paz y sosiego. ¿Qué diremos, pues, sobre  el camino cristiano?

En Santa Teresa están muy presentes lo que ella denomina “mercedes o regalos” que el Señor nos hace. No fue en absoluto una santa triste, sino todo lo contrario. Sin estos regalos no tendría sentido la alabanza y el agradecimiento al Señor. Pero distingue entre “contentos” o “consuelos” y “gustos”. Aquellos provienen de nuestro esfuerzo, son como el agua que llega a nuestro campo a través de ingenio y trabajo, como, por ejemplo, cuando la subimos mediante una noria y unos canales. Los gustos, por el contrario, vienen directamente de Dios, como el agua que mana en nuestro campo de la fuente misma. Aquellos son como la satisfacción de haber hecho bien las cosas. Éstos vienen cuando Dios gratuitamente lo concede. En definitiva la alegría y la paz están presentes en el camino cristiano y todo viene del Señor.

Para ella, gustar de Dios y de su paz es entrar en “oración de quietud”. El corazón “se ensancha o dilata”, como dice el Salmo 118,32. Nosotros vemos algo semejante en lo que experimentaron los discípulos en el Tabor. Era el “estar bien” con Jesús dentro de aquella nube, sintiendo cerca su presencia y la de los hermanos, escuchando la voz clara del Padre declarando su amor. Pero también aquí vemos que el gozo les vino regalado a los tres discípulos, fueron sorprendidos por un don tan grande. Y sin embargo, tuvieron que hacer el esfuerzo de subir con Jesús, hacerle caso y caminar hasta llegar a la cumbre. Sentían la satisfacción de haber subido, aunque la alegría que venía del don recibido era aun mayor…

En fin, hoy podemos afirmar que quien no haya experimentado la alegría y la paz en el camino de su fe, es que no conoce todavía a Jesucristo o, lo que sería peor, no camina realmente con Él.

Ciertamente esa alegría y esa paz son especiales. Para saber si las hemos experimentado, nos dirá Santa Teresa, miremos en qué medida hemos superado el miedo, si ya no cumplimos por temor, si estamos más dispuestos a seguir siendo cristianos, hasta qué punto estamos más decididos y somos más generosos con Jesucristo.

Vamos siendo educados en el camino con Él. Los discípulos bajaron de la montaña, pues había que seguir andando. Y Santa Teresa tiene por delante el itinerario de las tres moradas restantes del Castillo. Sólo que la manera de andar ya era diferente: permanecía el regusto de haber experimentado el gozo de amor de Dios.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.