¿Por qué se hacían cristianos? (I)

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez      El Papa Francisco nos impulsa cada día a acercarnos a las periferias, sobre todo a todo hombre y mujer que necesitan de Jesucristo. Muchas están bautizadas y se alejaron de la Iglesia, o los que estamos “dentro” nos alejamos de ellos. Otros, no importan el número, piden el Bautismo. Nuestra Diócesis tiene implantado el Catecumenado bautismal para adultos y niños en edad escolar. Es importante, sin duda. Pero me pregunto a mí mismo: ¿cómo se hacían cristianos en los primeros siglos, cuando las certezas que hoy vemos derrumbarse todavía no existían? ¿Por qué ahora hay personas que se hacen cristianos?

Tal vez sería preferible reflexionar un poco sobre qué significa hacerse cristiano en la sociedad actual. Y todavía, ¿qué significa hacerse cristiano en esta sociedad nuestra que entiende la beneficencia como campaña de imagen y gusta añadir el adjetivo “solidario” a casi todo, para que sea mejor aceptado lo que hacemos; en una sociedad que legitima el aborto, la esclavitud real y todo tipo de permisividad en materia sexual? Lo cual llama poderosamente la atención, pues entre nosotros, algunos o muchos de esta sociedad practica tranquilamente la magia, la brujería y al superstición, siendo tan “modernos”. Hemos visto, incluso, cómo se ha pretendido en determinados casos no admitir ni la objeción de conciencia para la comisión de determinadas acciones porque éstas “son conquistas progresistas”.

En esta sociedad nuestra, en la que gracias a Dios hay muchos buenos creyentes que dan testimonio de Cristo, ¿qué efecto produce el descubrimiento de Cristo en los alejados o en los no cristianos? En la época apostólica, los autores del NT en sus escritos se dirigían así a los recién bautizados: “Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las promesas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. Los que antes eráis no-pueblo, ahora sois pueblo de Dios; los que antes eráis no compadecidos, ahora sois objeto de compasión” (1 Pe 2,9-10). También de esta otra manera: “Ahora, en cambio, deshaceos todos vosotros de todo eso: ira, coraje, maldad, calumnias y groserías, ¡fuera de vuestra boca! ¡No os mintáis unos a otros… os habéis despojado del hombre viejo, con sus obras, y os habéis revestido de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen del Creador…!” (Col 3,5-10).

¿Cómo sonarían en un cristiano recién convertido desde el paganismo estas exhortaciones, en el contexto del primer siglo? Porque no era aquella una sociedad superlaicista como la nuestra. En estos pasajes del NT lo que se dice a los recién bautizados no es únicamente de índole moral o moralista. Las expresiones y las imágenes utilizadas por los autores bíblicos para describir la conversión son muy variadas: está el tema de la elección, del paso de ser “no pueblo” a estar dispersados y anónimos a la creación de un pueblo; está la insistencia en la conversión como descubrimiento de un don recibido (la misericordia) de proporciones y significado antes inimaginables para quienes anteriormente sólo conocían una benevolencia, es decir, un gesto de alguien que, para mostrar que era superior, podía dignarse condonar una pena o conceder una limosna; está también la imagen del paso de las tinieblas a la luz, que muestra que la conversión genera una nueva capacidad de conocer.

Es interesante considerar en Cuaresma cuanto estamos describiendo sobre la conversión y el paso a ser bautizados y sentirse cristiano. Estoy convencido que a todos los bautizados se nos escapa de algún modo qué dignidad y riqueza hemos adquirido siendo “acristianados”. Volveremos la próxima semana sobre el tema. Haremos bien igualmente a los adultos que se preparan para el Bautismo en la próxima Pascua.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.