En camino

agusti_cortesMons. Agustí Cortés        La Cuaresma siempre es oportuna. Siempre estamos necesitados de cambio renovador, de la conversión que nos haga crecer. Una necesidad que reconocemos en todos los que nos hallamos en camino, tanto individual como colectivamente, cada uno y la comunidad de la Iglesia en cualquiera de sus formas.

Este año nos dejamos acompañar por Santa Teresa de Ávila, ella que sabía tanto de “caminar”, en todo sentido, no sólo físicamente, sino también humana y espiritualmente. Ella que al final de su vida pronunciaba estas palabras: “Hermanas, es tiempo de caminar”.

Una Cuaresma “teresiana” no puede comenzar sino por la llamada a la oración. Para ella la oración formaba parte de la esencia de la vida cristiana. Era la vía indispensable para toda transformación. La renovación que todos deseamos, de cada uno y de la Iglesia, no será posible si no es volviendo a la oración. Mejor dicho, volviendo al Dios de Jesucristo, con quien tratamos en la oración.

Porque la oración, según hemos escuchado tantas veces de la santa,

“No es otra cosa que el trato de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama” (Vida, 8,5)

Y tratamos a éste que nos ama,

“como Padre, como hermano y como Señor y como esposo” (CE 46,3)

Hablando con propiedad, no es la oración lo que nos cambia, sino la amistad que en ella vivimos con Dios. Y que el amor verdadero nos cambia es evidente, lo sabemos por experiencia. Nos cambia en la medida en que el amigo es bueno y verdadero y la comunicación es auténtica. Por eso, nos recomienda Santa Teresa:

“Imagínate al Señor junto a ti y mira con qué amor y humildad te está enseñando; y créeme, mientras puedas, no andes sin tan buen amigo. Si te acostumbras a tenerlo cerca y él ve que lo haces con amor y procuras contentarle, no te lo podrás quitar de encima, no te faltará nunca, te ayudará en todos los trabajos y le encontrarás en todas partes. ¿Piensas que es poco tener un tal amigo al lado? (Camino de perfección, 42,1)

Nos vienen a la mente los tipos de personas que no pueden hacer oración. En primer lugar, quienes no saben o no quieren amar. Pero también los que sólo se aman a sí mismos. También los que piensan que Dios es un ser indeterminado, sin rostro ni nombre, que habrá de ser hallado por acuerdo entre religiones. Igualmente quienes sostienen que la oración es un ejercicio de interioridad espiritualista y relajante, o quienes entienden que la fe cristiana consiste en la transformación del mundo según un modelo utópico… Posiblemente todas estas personas aún no han descubierto que el amor cristiano (y por tanto la oración) es una continua salida de uno mismo hacia Jesucristo, en quien nos encontramos a nosotros mismos y a toda la humanidad.

Asumimos, pues, la Cuaresma como un camino de aprendizaje a amar, concretamente, como un camino de cambio personal y eclesial en el trato de amor con Jesucristo. Y lo haremos porque así queremos, con una “determinada determinación”, convencidos de que en ello nos jugamos el poder disfrutar de la alegría de la Pascua.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.