No tengamos miedo de la confesión

cardenalsistachMons. Lluís Martínez Sistach      Los cristianos hablamos a menudo de la necesidad de convertirnos a Dios. La Cuaresma es un tiempo propicio para la conversión y para prepararnos mejor a celebrar la Pascua. Nos cuesta aceptar con realismo la existencia del pecado en el mundo y en cada uno de nosotros. En este sentido, el tiempo cuaresmal es una llamada a la sinceridad, a reconocer que somos pecadores.

Sin embargo, ser cristiano nos pide no permanecer sólo en la conciencia de que somos pecadores. El conocimiento y la participación en la vida de Cristo –por la fe y los sacramentos de la fe– es el mejor camino para conocer a Dios y para conocernos verdaderamente a nosotros mismos. El genio de Pascal escribió en uno de sus Pensamientos –el que lleva el número 75 en la edición de Chevalier–: «El conocimiento de Dios sin el de nuestra miseria humana engendra orgullo. El conocimiento de nuestra miseria sin el de Dios engendra desesperación. El conocimiento de Jesucristo es el camino: en él conocemos a Dios y nuestra miseria.» En la oración del padrenuestro pedimos perdón a Dios por nuestros pecados: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal».

En este tiempo de Cuaresma somos invitados tanto a reconocer que somos pecadores como a acoger el perdón de Dios. Siempre, pero hoy aún más, nos cuesta acercarnos al sacramento de la penitencia para conseguir la gracia de Dios y reconciliarnos con Él. Tenemos que renovar la conciencia de que Dios siempre perdona al pecador arrepentido. Confesarse es siempre un acto de humildad, pero es un gesto sumamente coherente con nuestra fe y nos hace humanamente y sobre todo cristianamente mejores. ¿Quién no recuerda la maravillosa parábola del fariseo y del publicano que leemos en el evangelio?

Es muy elocuente el ejemplo que nos da, en este sentido, nuestro papa Francisco, que manifestó a los fieles -hablando de este sacramento-que el Papa también se confiesa a menudo. El perdón de Dios -dijo- se nos da en la Iglesia, se nos transmite a través del ministerio de un hermano nuestro, el sacerdote, que es un hombre que, como nosotros, también tiene necesidad de la misericordia. Por eso los sacerdotes deben confesarse, y también todos los obispos: todos somos pecadores”. Y pasando al testimonio personal, Francisco añadió: «Incluso el Papa se confiesa cada quince días, ¡porque el Papa también es un pecador! El confesor escucha lo que yo le digo, me aconseja y me perdona, porque todos tenemos necesidad de este perdón”. Y resumió su mensaje diciéndonos: «¡No tengamos miedo de la confesión!»

El sacramento de la reconciliación y el de la unción de los enfermos son dos sacramentos de curación y brotan directamente del misterio pascual. Así lo pone de relieve el hecho de que fuera la noche del mismo día de Pascua cuando el Señor se apareció a los discípulos reunidos en el cenáculo y los saludó con las palabras: «Paz a vosotros». Entonces sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a todos aquellos a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados”.

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.