GRANDEZA DE LA HUMILDAD

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol     Un día, cuenta San Marcos, Jesús se dirigía a Cafarnaún con sus discípulos. Al llegar a casa, les preguntó: «¿De qué hablabais por el camino?».  El evangelista apunta: «Pero ellos callaban, porque en el camino habían discutido entre sí sobre quién sería el mayor».

Con la paciencia que requiere toda tarea didáctica, Jesús se sentó y llamando a los doce les dijo «Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y el servidor de todos». Y acercó a un niño y lo puso de ejemplo por su sencillez.

De esta y otras formas, Jesucristo enseñó el valor de la humildad, una virtud que lleva a no darse importancia, a no querer destacar y ser el centro de todo, como si fuéramos los más listos. Un comportamiento soberbio, es decir no humilde, provoca en las demás personas una reacción de rechazo.

La experiencia muestra, en cambio, lo agradable que es encontrarse con personas humildes. Y la naturalidad con la que los santos se comportan en este terreno. Santa Teresa, sobre la que este año meditaremos a menudo en el quinto centenario de su nacimiento, se resistió mucho a ser abadesa y cuando le llegaron rumores de que las monjas querían elegirla se puso a escribirles para que no le votaran.

Teresa de Calcuta, nuestra última santa Teresa, fue objeto de atención de los medios, sobre todo después de recibir el Premio Nobel. Convivía con ello sin petulancia, con resignación. Una vez que alguien le preguntó cómo llevaba lo de ser objeto de tantas fotografías, contestó con buen humor: «Considero que es un sacrificio, pero también un bien para la sociedad. He hecho un pacto con Dios. Le he dicho: por cada foto que me hacen, Tú encárgate de sacar un alma del Purgatorio. A este ritmo, creo que vamos a vaciarlo».

¡Claro que a todos nos gusta que nos alaben! No seríamos sinceros si dijéramos otra cosa, pero la virtud está en dirigir a Dios los posibles elogios sabiendo que todo lo que tenemos es don de Dios, y no recrearnos en ellos.

Un colaborador de Juan Pablo II contaba que el día que apareció la revista Time con el Papa en portada declarándolo «Hombre del Año» le llevó la publicación y se la dejó al lado de su mesa de trabajo. El Papa la miró al sentarse, y al poco volvió a mirarla y la volvió del revés. «¿No le gusta?», le preguntó el colaborador. Y Juan Pablo II respondió con picardía: «Quizá demasiado».

+Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.