Frutos de la Eucaristía

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez        La Eucaristía es memorial, sacrificio, comida de hermanos, acción de gracias, prenda de salvación y presencia. Se ofrece el mismo Cristo. Por eso es lo más grande, el culmen del culto, que el ser humano puede dar a Dios y también el manantial de las mayores bendiciones que puede recibir. Sus frutos son innumerables. “Todos los efectos que el alimento y la bebida materiales producen sobre la vida del cuerpo: sustento, crecimiento, reparación y placer, este sacramento los produce para la vida espiritual” (Conc. de Florencia, 10).

Entre ellos podemos considerar cómo renueva el sacrificio redentor de la cruz y los efectos de la resurrección. Es alimento y fuerza de la fe, corazón del amor fraterno y la unidad. Es anticipación del Reino y prenda de la futura gloria. Lanzadera al apostolado, fuerza de evangelización y escuela de amor. Lugar de reconciliación con Dios y con los hermanos. Compromiso a favor de la justicia y los pobres. Escudo frente a las tentaciones y el pecado. Por todo esto, sus efectos y su valor son infinitos. “En la santísima Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua” (PO 5).

El Papa Francisco anima a vivir la Eucaristía para ser miembros vivos de Cristo: “Es necesario tener siempre presente que la Eucaristía no es algo que hacemos nosotros; no es una conmemoración nuestra de aquello que Jesús ha dicho o hecho. ¡No! ¡Es precisamente una acción de Cristo! Es Cristo que actúa ahí. Que está sobre el altar” (Audiencia General, 12 de febrero 2014).

La liturgia recuerda constantemente en sus oraciones, al dar gracias después de la comunión, los beneficios que da la Eucaristía. Es para mover la conciencia de quienes han participado para que salgan cambiados. Felices por haber pedido perdón, alegres por haberse encontrado con los hermanos en la fe alabando a Dios, santificados por la comunión con Cristo, comprometidos en la caridad. Por eso el diácono despide la celebración diciendo: ¡Alabad a Dios con vuestras obras!

La literatura espiritual de los santos nos ha dejado maravillosas expresiones que intentan describir los beneficios de la Eucaristía. San Ignacio de Antioquia, el primero en usar la palabra Eucaristía, tomada de San Juan, al ir al martirio decía: “Soy trigo que he de ser molido por los dientes de las fieras para convertirme en pan de Dios”. Para él la Eucaristía es “partir un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre”. San Agustín deja paso a la admiración: “¡Oh sacramento de piedad, oh signo de unidad, oh vínculo de caridad!”. Y Santo Tomás de Aquino exclamaba: “¡Oh sagrado banquete, en el que se recibe al mismo Cristo, se renueva la memoria de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura!”. Los testimonios son innumerables.

Todos los santos lograron la santidad gracias a la Eucaristía. El auténtico camino de santidad se inicia y se recorre en este sacramento. Dice el Señor: “Quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él” (Jn 6,56). Se va produciendo una simbiosis entre Cristo y quien lo recibe como alimento. Cada vez que un cristiano comulga se le añade el adjetivo de eucarístico, como Cristo, porque se va pareciendo a Él en sus criterios, actitudes y formas de vida. La vida y la resurrección del Señor se comunican a quien lo recibe.

Pero ¿Percibimos estos frutos cada vez que participamos en la Eucaristía? Uno de los frutos más evidentes de la Eucaristía se refiere a la familia cristiana que participa unida en la celebración litúrgica de los domingos. Los bienes que recibe son incalculables. Rezar juntos y reunidos con la comunidad es en sí mismo un fruto y un signo ejemplar de evangelización. Pero, cuando la Eucaristía dominical es el momento culminante de la semana, la familia se une y se fortalece en la fe. En un ambiente solemne, profundo, reflexivo, piadoso y alegre se da y recibe el perdón y se comulga con los sentimientos de misericordia del Señor. La familia de los hijos de Dios se identifica, por medio de Cristo, con la familia de la Santísima Trinidad.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).