Despedida de Mons. Alfonso Milián: «Seguiréis teniendo al amigo, al obispo, al padre, al hermano»

Barbastro-Monzón Aalfonso MilianEl pasado día 15 de febrero la Iglesia diocesana de Barbastro-Monzón despidió oficialmente como Obispo titular a Mons. Alfonso Milián en una Eucaristía de acción de gracias a Dios por los diez años de su ministerio pastoral como obispo de esta diócesis. En la Catedral de Barbastro estuvo acompañado por todo el presbiterio diocesano y numerosos fieles procedentes de diferentes parroquias.

Homilía en la Eucaristía de despedida

Ha llegado el momento de deciros adiós. Las despedidas siempre cuestan, sobre todo cuando me he sentido tan identificado y querido por vosotros. Habéis sido y seguiréis siendo la razón fundamental de mi vida. El anillo que pusieron en mi mano en la ordenación episcopal, con la inscripción “Ecclesia”, expresa que sois mi esposa, a la que me debo hasta el último momento de mi vida. Más de una vez lo beso para recordar lo mucho que os quiero. Y lo seguiré besando.

Deciros adiós supone, en cierto modo, un desgarro para mí, después de haber estado a vuestro servicio estos diez años en los que os he querido de corazón y he procurado poner a vuestro servicio los dones que Dios me ha dado, con mis aciertos y limitaciones, pero siempre con todo mi esfuerzo para fortalecer vuestra fe, aumentar vuestra caridad y reafirmar vuestra esperanza. Me voy con gozo y paz, dones que el Espíritu Santo me regala constantemente. Hoy, en esta Eucaristía, siento necesidad de dar gracias de corazón:

Gracias, Padre Dios, porque desde toda la eternidad he estado presente en tu corazón. Gracias, Padre, porque por medio de tu Hijo Unigénito me has hecho, también a mí, hijo tuyo; me has rodeado de hermanos por todas partes, y me has mostrado el infinito y eterno amor con el que soy acogido en tus entrañas maternas; a través de los días, en el río de la vida, yo también escucho sin cesar tu voz, que me dice: Tu eres mi hijo amado.

Gracias, Jesucristo, Hijo Eterno de Dios, por ser Palabra permanente del Padre en el camino de nuestras vidas. Gracias por tu encarnación, por la ofrenda de tu vida en la Cruz y por tu resurrección, con las que nos has salvado y llenado nuestra vida de gozosa esperanza, saciando así las aspiraciones más hondas y permanentes que tenemos todos los seres humanos.

Gracias, Espíritu Santo, porque estás sobre mí desde el día feliz de mi Bautismo, en la Iglesia Parroquial de La Cuba; porque me has protegido, me has defendido, me has animado y me has conducido, en tantas ocasiones y de tan diversas formas, haciéndome oír y comprender la voz de Jesús y la voluntad del Padre. Gracias, Espíritu Santo, por todos tus dones, sobre todo por el gozo y la paz que me has concedido en el ejercicio del ministerio sacerdotal y episcopal.

Gracias a la Iglesia, mi madre, que me ha transmitido la fe, el mayor tesoro que he podido recibir en toda mi vida.

Esta acción de gracias a la Santísima Trinidad y a la Iglesia la expreso cada vez que voy a mi pueblo y beso la pila bautismal en la que fui bautizado.

El hecho de que os diga adiós no quiere decir que me desvincule de vuestra vida, de la vida de la Diócesis de Barbastro-Monzón. Desde el próximo domingo, cuando sea ordenado el nuevo obispo, Don Ángel, pasaré a ser obispo emérito de esta querida diócesis de Barbastro-Monzón.

En modo alguno desaparecerá mi vinculación con vosotros. Os llevaré siempre en mi corazón y reviviré con gratitud tantos momentos vividos durante estos diez años en los que he querido serviros lo mejor que he podido.

Doy las gracias a todos los que habéis sido y seguís siendo servidores de esta iglesia diocesana: a los sacerdotes que generosamente, sin regatear esfuerzo alguno, habéis servido en las parroquias del llano y de la montaña; habéis aguantado la intemperie, la soledad, el frío y el calor; habéis pagado siempre con la moneda del amor y del perdón para anunciar a tiempo y a destiempo a Jesucristo, nuestro Salvador, la mejor noticia, la que de verdad salva al mundo.

Gracias a todos los consagrados que habéis puesto al servicio de las gentes de esta diócesis vuestros carismas, grandes regalos de vuestros fundadores: servicio a los enfermos y ancianos, educación de los niños y adolescentes, acogida de los pobres y necesitados, cuidado del servicio litúrgico, catequético y pastoral en nuestras parroquias y capillas. Otros habéis aportado el carisma de la vida monástica desde vuestros monasterios con una vida dedicada a la oración y contemplación del misterio de Dios, rezando por todos nosotros.

Gracias a todas las Delegaciones diocesanas y equipos de trabajo, que habéis sido como mi brazo alargado en la misión que os he encomendado, atendiendo los diversos sectores de la pastoral y la evangelización. Agradezco vuestra disponibilidad al aceptar la responsabilidad encomendada y vuestra generosidad y entrega constante en la tarea.

Gracias a los laicos que participáis de la misma misión salvadora de la Iglesia y que estáis llamados a hacerla presente y operante en aquellos lugares y circunstancias en los que sólo vosotros tenéis acceso para llevar la Buena Noticia, comprometiéndoos en las acciones transformadoras de la realidad para construir el auténtico reino de Dios.

Gracias a los seminaristas, que habéis respondido con generosidad a la llamada de Dios y seguís con interés e ilusión la preparación para ejercer un día, no muy lejano, vuestro ministerio sacerdotal en esta querida Diócesis que reza por vosotros para que seáis unos santos sacerdotes.

Gracias a todos los que de una u otra forma colaboráis generosamente en la vida de esta Iglesia diocesana. Gracias a todos por haberme tenido presente en vuestras oraciones.

Perdonad mis deficiencias y mis pecados. Os tendré siempre presentes en mi corazón y en mi oración. Seguid creciendo en la vivencia de la fe para expresar más y mejor vuestra caridad con todos los que comparten vuestra vida.

Recibid todo mi afecto y gratitud junto con mi bendición. Que la Virgen os proteja siempre.

 En Zaragoza seguiréis teniendo al amigo, al obispo, al padre, al hermano. Allí tenéis vuestra casa. Gracias.

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