“REBELAOS CONTRA LA BANALIZACIÓN DEL AMOR”

gilhellinMons. Francisco Gil Hellín    Esta es la consigna que el papa Francisco lanza a los jóvenes, en su Mensaje para la XXX Jornada Mundial de la Juventud de 2015.  No es la única. El Papa les pide también que se rebelen contra la “cultura de lo provisional y relativo” y tomen opciones definitivas, opciones que “comprometan para siempre”. Incluso va más lejos. Les vuelve a proponer lo que ya les dijo en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro: “que seáis revolucionarios, que vayáis contracorriente; atreveos a ir contracorriente y atreveos a ser felices”.

Quizás llame la atención que el Papa diga a los jóvenes que se atrevan a ser felices. Porque si alguien va en busca de la felicidad es, precisamente, la gente joven. Ciertamente, todas las personas de todos los tiempos, edades y situaciones van siempre en busca de la felicidad. Porque Dios ha puesto en el corazón de todo hombre y de toda mujer el ansia de ser feliz y alcanzar la plenitud. Pero esto vale de modo especial para los jóvenes. Durante la juventud surge el deseo profundo de un amor maravilloso, verdadero y grande, una capacidad inmensa de amar y ser amado. Ahora bien, amar y ser amado sin límite es un ingrediente fundamentalísimo para encontrar la felicidad. ¿Por qué, pues, el Papa insta a los jóvenes a que “se atrevan” a ser felices?

El Papa sabe muy bien que las expectativas de los jóvenes son frustradas muchas veces por falsas promesas mundanas. Así sucede cuando se les propone, por ejemplo, modelos de amor que son mentira y que, lejos de conducir a la felicidad, son causa de profundos sufrimientos y clamorosas insatisfacciones. Más en concreto, “cuando las relaciones están marcadas por la instrumentalización del prójimo para nuestros fines egoístas, en ocasiones como mero objeto de placer”. Estos planteamientos contradicen frontalmente la belleza de la vocación humana al amor. Por desgracia, es el modelo que, debido a los medios de comunicación y a los poderes fácticos, se ha instalado en la sociedad actual y es seguido por una inmensa mayoría de jóvenes. Desafiar ese ambiente y no plegarse a los comportamientos políticamente correctos es muy difícil y arriesgado. Para hacerlo hay que tener mucho coraje, hay que “atreverse”.

Ahora bien, vale la pena. Porque, cuando el amor se reduce al aspecto sexual y se le priva de sus características esenciales de belleza, comunión, fidelidad y responsabilidad, produce los mismos efectos desastrosos que produjo el alejamiento de Dios de nuestros primeros padres. También a ellos les ofertó el demonio la cumbre de la felicidad desafiando a Dios y convirtiéndose ellos mismos en dioses. Sin embargo, en ese preciso momento la brújula interior que les guiaba en busca de la felicidad perdió su punto de orientación y les condujo hasta el abismo de la tristeza y de la angustia. Si hasta entonces podían mirarse limpiamente a los ojos, ahora sienten vergüenza el uno del otro, y aparece la tentación del poder, del dominio y del deseo del placer a toda costa, con la consiguiente pérdida de la felicidad.

Los jóvenes necesitan desandar este camino si quieren ser felices. Necesitan volver al amor primitivo, al amor originario. Ese camino de retorno pasa por Jesucristo. Él es quien –como les dijo san Juan Pablo II en Tor Vergata- empuja a los jóvenes “a dejar las máscaras que falsean la vida” y quien suscita en ellos “el deseo de hacer de la vida algo grande”. Este es el camino que ahora vuelve a proponerles el papa Francisco. Si los jóvenes no quieren errar en la búsqueda de la felicidad, necesitan acercarse a Jesucristo, leer  el Evangelio a diario para conocerle, reconciliarse con él en el sacramento de la Penitencia y entregarse al servicio de los demás. Siguiendo esta ruta su amor desembocará en el matrimonio o en el estado sacerdotal y religioso, según sea la personal vocación que cada uno tenga. Pero en uno y otro caso, encontrarán la verdadera felicidad.

+ Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.