La tentación: prescindir de Dios para convertirnos en dioses

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas     Tal como nos indica la liturgia, en la celebración de la Misa de este primer domingo de cuaresma leemos la narración evangélica en que Jesús fue tentado por el maligno durante una larga estancia en el desierto. El evangelista san Marcos no especifica cuales fueron estas tentaciones, pero las conocemos por los otros evangelistas y por el conjunto de los evangelios.

De hecho la tentación fue, es y será prescindir de Dios para convertirnos nosotros en nuestros propios dioses o tener otros, sea el Yo, sean otras personas, bienes materiales, ideologías, objetivos…, que convertimos en el valor absoluto.

La gran cuestión es descubrir que sucede cuando prescindimos del Dios verdadero, y las cosas y las personas se convierten en nuestros dioses. ¿Acaso somos así más libres? ¿Esas personas y cosas son causa de una verdadera realización personal, que siempre se construye con los otros? ¿Nos aseguran la verdadera felicidad, que se vive en la profundidad del propio ser? ¿Hacen posible una relación con los demás, empapada de reconocimiento de su dignidad y con una actitud de fraternidad? Podría seguir planteando interrogantes, pero como muestra son suficientes.

Hoy, podemos caer en una tentación muy sutil: Sustituir a Dios por los llamados “valores”.

Ciertamente que es muy importante descubrir y vivir los valores (o actitudes) de nuestra tradición cristiana. Pero no podemos olvidar el gran valor que es DIOS, que los fundamenta, los recuerda, los exige y, al mismo tiempo, ofrece la fuerza del Espíritu para vivirlos. Dicho de otra forma: los valores no salvan, ni aman, ni perdonan, pese a que sean del todo necesarios.

Escribo esto porque hace tiempo que, escuchando  discursos sobre “los valores”, descubro el peligro de hacer de ellos un todo absoluto que sustituye el Dios del amor, de la vida y del perdón.

No debemos rebajar la propuesta cristiana a vivir solo con algunos valores, sino que debemos ofrecer a Jesucristo, el Señor, el Salvador, y ayudar a iniciar una comunicación personal con Él, porque sin el Señor puede llegar un momento en que los valores desaparezcan o nos encontremos sin fuerzas para vivirlos. 

Sin Jesús no habría salvación para aquellos a los cuales la vida impide tener conciencia de un código ético y de la necesidad de unos valores: “No he venido para los justos, sino para los pecadores”, ha recordado Jesús el Salvador. A menudo pienso que la propuesta pretendidamente cristiana que ofrecemos, con toda la buena voluntad, tiene el peligro de ser mucho más la propuesta de los fariseos —que confiaban en sus buenas obras (los valores)— que la de Jesús.

No somos la religión de los valores, somos la religión del Dios Trinitario, comunión de amor; del Dios que se ha encarnado en la miseria humana; del Dios que en Jesús ha tocado la miseria, del crucificado entre dos ladrones; del que ofrecía perdón al pobre publicano pecador y no valoraba la alabanza del fariseo cumplidor de todo tipo de buenas obras.

Y esto vale tanto para las obras y valores denominados tradicionales o de derechas como para los progresistas o de izquierdas. Los valores son necesarios como respuesta. El compromiso es necesario, la coherencia también, y la moral, y la bondad… pero que no se conviertan en sustitutos de la necesidad de acoger la salvación, es decir, el Salvador.

No sustituyamos a Cristo por las buenas obras. Dejemos que el amor recibido de Cristo nos empuje a las buenas obras, a la justicia y a la coherencia.

Por ello, la necesaria conversión cuaresmal.  

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 403 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.