¿Esclavos o libres?

Cesar_Franco_SegoviaMons. César Franco     No es fácil superar una imagen de la Cuaresma deudora de tantas connotaciones negativas que se le han adherido a lo largo de la historia del Cristianismo. Muchas de ellas se deben al quehacer de malos predicadores que cargaron las tintas en una penitencia sin alegría o en la censura de uno mismo sin el horizonte de la afirmación de Dios y de la libertad frente a todo lo que esclaviza al hombre. Otras han nacido de la sátira y crítica de quienes piensan que el hombre debe liberarse del yugo de la religión que le impide ser verdaderamente libre. En la base del ateísmo moderno subyace, más o menos explícita, la idea de que la fe esclaviza al hombre y éste necesita deshacerse del fardo de Dios. La Cuaresma es una atractiva diana para los que aman ridiculizar aquello que no entienden. Pero, lo creamos o no, el hombre, aunque presuma de libertad, es un esclavo. Sí, dicho como suena, un esclavo. Esclavo de sí mismo, del poder, del dinero y de las pasiones. Negarlo es mentirse a sí mismo. No es mera chanza que en los carnavales aparezca don Carnal, como representación del hombre ávido de placer, aunque lo pinten risible y grotesco. En 1934 escribía T.S. Eliot que «los hombres han abandonado a Dios, no por otros dioses, sino por ningún Dios; y esto no había sucedido nunca… profesan primero la Razón, y luego el Dinero, el Poder, y eso que llaman la Vida, la Raza o la Dialéctica… Desierto y vacío y tinieblas sobre la faz del abismo… cuando los hombres se han olvidado de todos los dioses, excepto la Usura, la Lujuria y el Poder».

«Para la libertad nos ha liberado Cristo», dice rotundamente san Pablo en Gál 5,1. ¿Libertad de qué? De todo lo que no sea Dios. Por eso, en este primer domingo de Cuaresma, vemos a Cristo adentrarse en el desierto, empujado por el Espíritu. ¿A dónde va? ¿Qué busca? Sencillamente a Dios. Después de haber sido bautizado y ungido por el Espíritu, éste lo empuja al desierto para experimentar dos cosas: la oración y la tentación. Las dos cosas, aunque parezca extraño, van unidas. La oración, cuando es verdadera, sitúa al hombre en el límite de su necesidad. Experimenta que por sí mismo no puede llegar a Dios, que Dios es un misterio inabarcable y se revela cuando quiere, como quiere y a quien quiere. De esto sabía mucho Israel que había pasado cuarenta años en el desierto, con momentos gozosos de encuentro con Dios y con duras tentaciones que le llevaron al borde de la idolatría. También el Enemigo se acerca a Jesús para tentarlo con los panes de la seguridad, con la vanidad del mundo y la soberbia del poder. Jesús quiso pasar por esta prueba para enseñarnos la libertad soberana de quien se aferra a Dios para ser plenamente hombre, señor de toda la creación. Entra en el desierto de la Cuaresma para salir convertido en el hombre libre que sólo se arrodilla ante Dios para ofrecernos su propia libertad.

Llama la atención cómo Cristo convierte la misma tentación en oración. Cuando el Tentador le ofrece pan, Jesús le recuerda que no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra de Dios. Cuando el Enemigo le tienta con la vanidad de un signo extraordinario – tentación que se repetirá a lo largo de su ministerio – Jesús lo rechaza citando la Escritura: «No tentarás al Señor tu Dios». Y, finalmente, cuando el Mentiroso le ofrece, como en el Paraíso, el dominio total sobre el mundo si se postra ante él,  Jesús replica que sólo Dios es digno de adoración y de culto. He aquí al hombre libre, capaz de vivir en el desierto entre alimañas y ángeles, sin otra seguridad y fuerza que la de la oración, el ayuno y la penitencia, que constituyen el camino de la Cuaresma hacia la libertad de los hijos de Dios, una libertad de la que sólo gozan los que, como Cristo, se dejan conducir por el Espíritu y entran en el desierto donde habita Dios.

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).