Carta Pastoral del Obispo de Guadix para la Cuaresma de 2015

ginesgarcia2Mons. Ginés García Beltrán      Queridos hermanos y hermanas en el Señor:
Comenzamos el tiempo santo de la Cuaresma recitando el salmo 50, salmo penitencial por excelencia, en el que pedimos: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme”. Esta oración viene a expresar la experiencia que el hombre vive cada día en su interior, es nuestra propia experiencia; por una parte, el deseo de obrar el bien, pues todos queremos hacer el bien con un corazón puro; y, por otra, la realidad del pecado que viene a trastocar el deseo innato de bien que hay en el corazón humano. La tradición cristiana, desde los primeros siglos, ha reconocido una lucha en el interior del hombre; el mismo apóstol Pablo en la carta a los romanos expresa esta experiencia con gran realismo: “yo quiero hacer lo bueno, pero lo que está a mi alcance es hacer el mal” (7,21). Por eso, esta realidad, tantas veces dramática, crea en el hombre la conciencia y la necesidad de cambiar, de renovarse.
Ahora, en la Cuaresma, se nos ofrece la posibilidad de conversión. La Cuaresma es tiempo de renovación para todos; es el tiempo de gracia que nos prepara a la Pascua del Señor, que celebramos en la Semana Santa. La Cuaresma como tiempo de renovación no busca cambios espectaculares. Basta que me pare a pensar que he de cambiar en mi vida con más urgencia; qué es aquello que me está estorbando para ser y vivir como un auténtico cristiano, discípulo de Cristo. No pienses en cambiarlo todo, porque al final no cambiarás nada. Cambia poco a poco y llegarás hasta las raíces. Para ello no tengas tú la iniciativa, déjasela al Señor. Que sea él quien te vaya cambiando, dándote un corazón nuevo, un corazón capaz de verlo en todas las cosas, y, de modo especial en el hermano. Lo tuyo ha de ser una actitud de apertura y disponibilidad a lo que Dios quiere y espera de ti. No olvidemos que la felicidad del hombre está en hacer la voluntad de Dios.
La Cuaresma viene nuevamente a marcar el ritmo de nuestra vida cotidiana. En nuestras parroquias, y en nuestros pueblos en general, cambia el ritmo, son muchas las iniciativas de tipo religioso que se ponen en marcha; sin embargo, esto no basta. Hemos de poner nuestra propia vida en ritmo de Cuaresma. Entramos en un tiempo de renovación de los corazones, condición indispensable para la renovación de nuestras familias, de la sociedad y, por supuesto, de la Iglesia.
Para ayudaros en este camino de renovación cuaresmal, os propongo algunas reflexiones, acompañadas de algunas sugerencias para vivir este tiempo con verdadero espíritu de conversión. Tres palabras para vivir la Cuaresma: contemplación, disciplina y fraternidad.
1. Una cuaresma para la CONTEMPLACIÓN. Este tiempo es propicio para pararnos y hacer silencio, para escuchar y meditar, como puerta para la contemplación. Cuaresma es momento para la oración, para estar con el Señor, para dedicarle tiempo. Es momento para apartar los ruidos que nos encierran en los problemas, en lo que realmente no es importante aunque a mí me lo parezca. La oración es vivir en la gratuidad del amor, es hablar con el Señor como un amigo habla con el amigo, es “tratar de amistad, estando muchas veces, tratando a solas, con quien sabemos que nos ama” (Teresa de Jesús).
·         Te propongo un método de oración muy antiguo y sencillo que conocemos comoLectio Divina, significa lectura orante. Párate y toma un texto de la Palabra de Dios, por ejemplo, el evangelio de cada día; léelo despacio e intenta entender lo que quiere decir; medita después lo que te quiere decir a ti en este momento de tu existencia, y abandónate en la contemplación –momento para mirar y escuchar con el corazón, para empaparte-. Termina con una oración que es tu respuesta, lo que tú quieres decirle a Dios.
·         También puedes incorporarte a la oración de tu parroquia, que seguro en esta Cuaresma organizará alguna oración especial. Y siempre tendrás el Sagrario y la adoración eucarística.
2. Una cuaresma para VENCERSE A SÍ MISMO (DISCIPLINA). La Cuaresma es tiempo penitencial, momento para volverse al Señor, quitando de nosotros todo aquello que nos estorba en la vida cristiana. Y para esto es necesaria la disciplina. Ocurre lo mismo en cualquier ámbito de la vida del hombre; ya hacía esta comparación San Pablo: “Un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita” (1Cor 9, 25). Hemos de aprender a renunciar a todo aquello que nos impide conseguir lo mejor, aunque para ello tengamos que renunciar a lo que nos place, negando así las tendencias egoístas que anidan en el corazón humano; no olvidemos que sólo hay renuncias por amor. Convertirse es centrarse, dejar yo de ser centro para que lo sea el Señor.
  Descubrir, reconocer y confesar arrepentidos nuestros pecados es camino de conversión. No es momento para mirar a los pecados de los demás, sino a los míos. Es frecuente que nos detengamos en los pecados de los demás ignorando los nuestros. “Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir sino en qué pueden morder. Y, al no poder excusarse a sí mismos, están siempre dispuestos a acusar a los demás” (San Agustín, Sermón 19). La Cuaresma es tiempo para perdonar y pedir perdón.
·         Os propongo hacer cada día, antes de acostarse o en otro momento propicio, un examen de conciencia. Puede ser de lo que has vivido en ese día (lo que has hecho mal, o lo que has dejado de hacer bien), o de una actitud en concreto que sabes que te estorba, por ejemplo, la vanidad. Pide perdón y la ayuda para vencerte en esto que reconoces que tienes que cambiar.
·         Otro propósito es acercarte al sacramento de la penitencia para recibir el perdón de Dios.
3. Una cuaresma para la FRATERNIDAD. El Papa en su mensaje para la Cuaresma nos hace caer en la cuenta de la “globalización de la indiferencia”. La indiferencia es la renuncia a la fraternidad; el otro no me importa. Todos tenemos la tentación de la indiferencia, de cerrar los oídos y el corazón a la voz de Dios que resuena en nuestro interior: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9). Las noticias y las imágenes que con frecuencia vemos u oímos en los medios de comunicación nos parten el corazón, pero también pueden saturarnos porque forman parte de lo cotidiano. No podemos dejar que se endurezca el corazón ante el hermano necesitado. Para “superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia”, el Papa no pide vivir la Cuaresma como “un camino de formación del corazón”, como dijo Benedicto XVI (Ct enc. Deus caritas est, 31). Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro”.
·         Os propongo realizar gestos de caridad. Es un modo de mostrar interés por el otro. Se trata de realizar signos concretos, aunque sean pequeños.
·         Y junto a esto la humildad que reconoce las propias limitaciones, lo frágil que es o puede llegar a ser mi vida. Vivir la humildad es vivir en la verdad de cara a Dios y de cara a los hermanos. Sólo el humilde sabe comprender la necesidad del hermano.
Mediante esta carta, os invito a deteneros unos instantes, a entrar dentro de vosotros y a volveros a Dios. Decidle al Señor con el salmo: “Tu rostro buscaré, Señor. No me escondas tu rostro” (Salmo 26,8-9). Pedid que el Señor os manifieste su rostro que ilumine vuestra vida, sean las que sean las circunstancias. La presencia de Dios siempre ilumina la casa del que abre la puerta para que entre; como lo hizo con Zaqueo también puede entrar en nuestra vida y cambiarla, hacer la casa de nuestra vida habitable para nosotros mismos y para los demás. Sería hermoso escuchar con relación a nosotros las palabras del evangelio: “Hoy ha sido la salvación de esta casa” (Lc 19,9).
La disponibilidad de la Virgen María, signo de su entrega total a la voluntad de Dios, nos enseñe y anime a seguir a Cristo por el camino de la humanidad hasta su Pascua, de la que nosotros participamos por el bautismo.
Con afecto os bendigo, al tiempo que os deseo una santa Cuaresma.
+ Ginés García Beltrán,
Obispo de Guadix
Mons. Ginés García Beltrán
Acerca de Mons. Ginés García Beltrán 94 Articles
S. E. R. Mons. Ginés Ramón García Beltrán, nació en Lorca (Murcia), siendo natural de Huércal-Overa (Almería), el día 3 de octubre de 1961. Después de cursar estudios de Enseñanza Media en el Instituto de Huércal-Overa de 1975 a1979, ingreso en el Seminario Conciliar de San Indalecio, de Almería. Cursó estudios de Teología en la Facultad de Teología de la Compañía de Jesús en Granada. Tras obtener la graduación de Bachiller en Teología en 1984, es ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1985. Licenciado en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma en 1986. En 1987 cursó estudios de doctorado en Derecho Canónico en la misma Universidad, y especialización en derecho matrimonial en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Ha desempeñado el ministerio sacerdotal como párroco de Mojácar (1987-1989), Rioja (1993-1994), «Santa María de los Ángeles», de la Capital (1994-996). Capellán de las Religiosas de la Inmaculada Niña «Divina Infantita» (1993-1994) y de las Religiosas Siervas de los Pobres, Hijas del Sagrado Corazón de Jesús (1990-1992 y 2004 -2005). Arcipreste en la Capital (1994-1996). En 1996 Mons. D. Rosendo Álvarez Gastón le nombra Vicario General y Moderador de Curia, cargos en los que es confirmado en 2002 hasta 2005, por Mons. Adolfo González Montes, quien le nombra Canónigo Doctoral en 2003. Administrador parroquial de La Cañada y Costacabana (2005-2006); y de nuevo párroco de la importante parroquia de San Sebastián de la Capital de Almería, desde 2006. De 1989 a 1992 ejerció como Vicerrector del Seminario, Formador y Director espiritual en los Seminarios Mayor y Menor de Almería. Defensor del Vínculo y Promotor de Justicia (desde 1989). Delegado Episcopal en el Colegio Diocesano de San Ildefonso (1991-1994). Profesor (desde 1990) y Rector en el «Instituto Teológico San Indalecio» para la formación teológica y pastoral diocesana (1993-1997). Delegado Episcopal del IV Sínodo Diocesano (1996-1999). En el «Centro de Estudios Eclesiásticos» del Seminario Conciliar (afiliado a la Facultad de Granada) ha sido Jefe de Estudios (1996-2003), Profesor de Teología (1997-2003), y es actualmente Profesor Ordinario de Derecho Canónico (desde 2005). En el «Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Almería» (adscrito a la Universidad Pontificia de Salamanca), ha sido Profesor de Derecho Canónico y Síntesis teológica (2007-2008). Entre otros cargos que ha desempeñado, el Obispo de Guadix fue durante años Profesor de Religión en diversos Institutos de Enseñanza Media (1989-1994). Responsable de Formación Espiritual de grupos de matrimonios. Como miembro del Tribunal Eclesiástico, ha sido en diversas causas Juez instructor y «ad casum»; entre ellas en la Causa de los Mártires de Almería (2003). Representante del Obispado de Almería en Unicaja (2001-2007). Miembros del Consejo Presbiteral (1995-2006), Consejo Pastoral Diocesano (1995-2006), Colegio de Consultores (desde 1995), Consejo Diocesano de Asuntos Económicos (2003-2005) y Consejo Diocesano de Arte y Patrimonio (1997-2005). El 3 de diciembre Su Santidad el Papa Benedicto XVI nombró a Mons. Ginés Ramón García Beltrán como nuevo obispo de Guadix. El 27 de febrero de 2010 fue consagrado obispo en la Plaza de Las Palomas, de la ciudad accitana. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Permanete y Presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, desde el 12 de marzo de 2014. Anteriomente había sido miembro de la CEMCS y de la Comisión Episcopal de Patrimonio, desde 2010 a 2014. En la Asamblea de Obispos del Sur de España es el Obispo delegado para los Medios de Comunicación Social. El 13 de julio de 2016 fue nombrado miembro de la Secretaría para la Comunicación de la Santa Sede.