“La sabiduría del corazón”

jimenezzamoravicenteMons. Vicente Jiménez    Queridos diocesanos:

El pasado día 11, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, celebrábamos la Jornada Mundial del Enfermo, que inicia un camino que acabará el VI domingo de Pascua, con la llamada Pascua del Enfermo.

El Papa Francisco ha dirigido un mensaje que, bajo las palabras de Job: “Era yo del ciego los ojos y del cojo los pies” ( Job 29, 15), invita a los fieles a seguir la sabiduría del corazón, para poder abrirse al sufrimiento de los enfermos, a la vez que critica que se use la expresión “calidad de vida” para hacer creer que la vida de los enfermos no es digna de ser vivida.

La Iglesia está al servicio del amor hacia los enfermos y los que sufren. La Jornada Mundial del Enfermo, instituida por el Papa san Juan Pablo II, trata de sensibilizar a toda la comunidad eclesial sobre la importancia del servicio pastoral en el amplio mundo de la salud, servicio que es parte integrante de su misión, ya que se inscribe en el surco de la misión salvífica de Cristo. Jesús, el Médico divino, pasó haciendo el bien y curando a los enfermos (cfr. Hch 10, 38).

El sufrimiento humano alcanza su sentido y plenitud de luz en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. “El sufrimiento humano ha alcanzado su culmen en la pasión de Cristo. La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan ríos de agua viva” (Salvífici doloris, 18).

En la Última Cena, el Señor Jesús se inclinó para lavar los pies a los Apóstoles, con ese gesto invitó a sus discípulos a entrar en su misma lógica del amor que se dona especialmente a los más pequeños y a los necesitados (cfr. Jn 13, 12-17). Siguiendo su ejemplo, cada cristiano está llamado a revivir, en contextos diferentes y siempre nuevos, la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 33-35). Concluyendo la parábola, Jesús dice: “Vete y haz tú lo mismo” (Lc 10, 37). Con estas palabras se dirige también a nosotros y nos exhorta a inclinarnos sobre las heridas del cuerpo y del espíritu de numerosos hermanos y hermanas, que encontramos en los caminos del mundo; nos ayuda a comprender que, con la gracia de Dios acogida y vivida en la vida de cada día, la experiencia de la enfermedad y del dolor se puede convertir en escuela de esperanza.

El Papa Benedicto XVI, en la Encíclica Spe salvi, ha escrito: “lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito” (Spe salvi, 37).

Esta obra humanitaria y espiritual de la Iglesia hacia los enfermos y los que sufren a lo largo de los siglos se ha expresado en muchas formas y estructuras sanitarias también de carácter institucional. En nuestra Archidiócesis de Zaragoza sois muchos religiosos, religiosas, sacerdotes y laicos los que trabajáis en el mundo de la salud y procuráis la salud integral de los enfermos. Nuestra Delegación Diocesana de la Salud tiene como tareas principales: promover la iluminación cristiana de la salud y la enfermedad; sensibilizar a la comunidad cristiana sobre el cuidado de los enfermos; cuidar la formación de todos los agentes de pastoral de la salud (capellanes, profesionales…); potenciar en las parroquias y arciprestazgos la creación de grupos de voluntarios de atención a los enfermos y sus familias.

Agradezco de corazón el trabajo de las personas que, cada día, “realizan un servicio para con los que están enfermos y los que sufren”, de modo que “el apostolado de la misericordia de Dios, al que se dedican, responda cada vez mejor a las nuevas exigencias” (Juan Pablo II, Constitución Apostólica Pastor Bonus, art. 152).

Desde aquí y ahora exhorto a los sacerdotes, consagrados y todos los agentes de pastoral de la salud a poner en marcha aquellas acciones pastorales más adecuadas para “evangelizar” a los enfermos, con la sabiduría del corazón.

Que la Virgen María, en la advocación de Lourdes, mujer del dolor y de la esperanza, “salud de los enfermos”, se muestre Madre consoladora de todos los que sufren y están enfermos.

+ Vicente Jiménez Zamora

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.