Indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez     Tras unas semanas en las que hemos vivido el misterio de Cristo durante el “Tiempo ordinario”, la Iglesia nos dice que es preciso entrar en la preparación anual de la Pascua del Señor con la Cuaresma, pues el Triduo pascual será del 2 al 5 de abril próximo. Es una llamada a todos los fieles. La Cuaresma, en efecto, es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades sobre todo parroquiales y para cada uno de los que creemos en Cristo. Es un “tiempo de gracia”, como refiere san Pablo en 2 Cor 6,2. ¿Acaso les importa a Dios y a su Hijo Jesucristo la vida de cada uno de nosotros? El Papa dice que sí, que no somos indiferentes para Él: está interesado en cada uno de nosotros, “nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos” (Carta para la Cuaresma 2015). Tenemos la tendencia de creer que lo que nos pasa le tiene sin cuidado a Dios. Tal vez porque nosotros cada vez somos más insensibles a lo que pasa a nuestra alrededor, y nos olvidamos de los demás. Somos indiferentes y nos olvidamos de los demás. Corazón indiferente, comenta el Papa, que olvida lo que les pasa a los demás.

Por ello el Papa Francisco quiere hablarnos en su Mensaje de Cuaresma de la “globalización de la indiferencia”, hacia el prójimo y hacia Dios. Siempre van juntas y son una tentación real para el pueblo cristiano. El Papa subraya una reflexión ciertamente interesante: el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Por eso es tan importante que la caridad de Dios, que es la que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, sea ofrecida por la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Quiere esto decir que mi vivencia del amor al Señor y al prójimo ayuda en Cuaresma a romper esa cerrazón del mundo a los más pobres y necesitados, y que yo puedo encarnar a Cristo en este tiempo de purificación y renovación. El cristiano, en realidad, es el que permite a Dios que lo revista de su bondad y misericordia, de Cristo, para llegar a ser como Él. Y eso es justamente lo que necesitamos: otros cristos, su Cuerpo que es la Iglesia, para la misericordia del Padre no sea teórica sino real. Es una experiencia a la que el Papa nos invita. ¿Cómo lo haremos, hermanos? Ante todo, la Cuaresma es tiempo para escuchar más la Palabra de Dios, no sólo los domingos, sino, si podemos, a diaria. Y si podemos recibir la Eucaristía, porque nos hemos confesado, sabemos que nos convertimos en lo recibimos: el Cuerpo de Cristo. Y estamos seguros de que así Jesucristo nos saca de la indiferencia, porque Él no es indiferente.

Si formas parte de una parroquia o de otra comunidad cristiana, y así debe ser, lo que acabamos de exponer ha de traducirse en su vida. Y, como estamos en un curso pastoral en el que intentamos con la gracia de Dios convertirnos pastoralmente, mi pregunta es parecida a la del Papa: ¿se tiene la experiencia en tu comunidad parroquial de que formamos parte de un cuerpo? ¿Somos un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, que se hace cargo de ellos, pues recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿O nos refugiamos en un amor universal, que no se compromete, que pide por los pobres sólo en la oración de los fieles en la Misa del domingo? Dice el Papa: “Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios”. Quiero decir, hermanos, que toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. Lo hemos escuchado muchas veces: la Iglesia es por naturaleza misionera, y no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres. La misión, insiste el Papa, es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra. Meta para esta Cuaresma: que cada uno de nosotros y nuestras comunidades seamos islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia. O, también, oasis en medio de un desierto donde la gente tiene el peligro de perderse.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.