CENIZA EN LA CABEZA

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol     A pocos días de que llegue el Miércoles de Ceniza, pórtico de la Cuaresma, me parece oportuno reflexionar sobre este gesto tan especial que se hace en las iglesias como es el de recibir ceniza en nuestras cabezas.

El antiguo rito oriental empleaba la ceniza, resto de una combustión, para significar la fugacidad de la vida. Los cristianos adoptaron este gesto como un rito penitencial que se aplicaba en un principio a los «penitentes públicos», que por sus graves pecados habían roto con la comunión eclesial. Después se extendió a todos los fieles para inaugurar este tiempo de conversión que precede a la Semana Santa.

En nuestros días cabe pensar que muchas personas consideren la imposición de la ceniza como una humillación innecesaria, producto de una época pasada en la que la consideración sobre el temor de Dios predominaba sobre su amor, y los sermones sobre el pecado dejaban menos espacio a la confianza en la misericordia divina.

En realidad humillarse por humillarse o expresar público arrepentimiento, nunca fue el sentido de la imposición de ceniza del primer día cuaresmal. Basta ver las lecturas que la Iglesia nos ha propuesto, comenzando por la del lejano profeta Joel, que se pregunta de qué sirve rasgarse las vestiduras si el corazón sigue lejos del Señor, es decir, de practicar el bien y la justicia. También encontramos un eco de esta idea en el salmo Miserere, cuando pedimos un corazón nuevo y un espíritu nuevo, mientras se canta el estribillo «misericordia Señor, hemos pecado».

La Cuaresma es un tiempo de oración, ayuno y limosna. No sólo de ayuno, es decir de mortificación. Si esto no nos acercara más al amor de Dios, ¿de qué serviría?  Y si no fuera acompañado de la solidaridad con los demás, sobre todo con los más necesitados, ¿de qué nos valdría a ojos de Jesucristo, que nos dejó en herencia el mandamiento sublime del amor fraterno?

Muchas veces hemos oído el chiste fácil de alguien que propone comer ostras o langosta el Miércoles de Ceniza o el Viernes Santo para no contravenir a las disposiciones sobre la abstinencia de carne. La religión cristiana no es un código de la circulación, ni un formulario o una lista de preceptos: es conocer y amar a Jesucristo, quien en el Evangelio deja testimonio de cuanto aborrecía a quienes en nombre de la ley y sus menudencias rechazaban al prójimo. Vista en su verdadero sentido la Cuaresma es primavera del espíritu.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.