Emergencia educativa I

agusti_cortesMons. Agustí Cortés     En el seno de nuestra Iglesia hemos sentido la voz, más bien el grito, nacido en la misma realidad de nuestros hijos, niños y jóvenes, llamándonos a poner todos nuestros esfuerzos en la educación.

Sólo la inconsciencia ahoga este grito. Lamentablemente en los estudios sociológicos, no figura el problema educativo entre las preocupaciones hoy sentidas como más urgentes por la sociedad. Únicamente las miradas inteligentes caen en la cuenta de su gravedad y profundidad, cuando analizan hechos como la violencia, la marginación juvenil, la desmotivación, el vacío de la civilización europea, la huída a fundamentalismos, el individualismo, la falta de ideales…

Hace quince días celebrábamos los doscientos años del nacimiento de San Juan Bosco. Si algo ha de quedar en nosotros de su testimonio, es aquella sensibilidad, aquella generosidad, aquel “sentir como Jesucristo” que le hizo capaz de verse totalmente afectado e implicado en el reto de la educación de los jóvenes. ¿Quién, entre los cristianos, se atrevería a decir hoy: «Eso de la educación no va conmigo, está fuera de mis posibilidades, que lo solucionen quienes pueden, saben y “cobran” para ello»?

En la diócesis promovemos lo que llamamos el “Itinerario educativo”. Responde al compromiso de afrontar honradamente una contradicción que vivimos cada día. Por un lado, constatamos los problemas de nuestros jóvenes y, especialmente, la ruptura que muestran respecto de la fe y la cultura que a nosotros sustenta y da sentido. Por otro, miramos la estadística correspondiente a un año de vida diocesana: 3.894 niños que son bautizados y se supone que crecen en familias cristianas, los 3.079 que pasan por nuestras catequesis de Primera Comunión, los 25.769 alumnos en escuelas católicas en la Diócesis, los 15.361 alumnos matriculados en la asignatura de Religión de Primaria y Secundaria en escuelas estatales, los 333 adolescentes que son confirmados y los que forman parte de grupos educativos parroquiales, como scouts, “esplais”, movimientos cristianos, etc. ¿Qué ocurre? ¿Estamos convencidos de que todo ha de ser así, tal como los datos y los hechos nos muestran?, ¿creemos que somos impotentes frente a otras instancias que realmente educan a nuestros hijos, como la televisión, las redes sociales, las ideologías, las políticas, los intereses económicos, etc.?

Hace cuatro años el papa Benedicto XVI felicitaba a la Conferencia Episcopal Italiana por haber elegido como objetivo central de su Plan de acción para la próxima década “atender a la emergencia educativa”. Invitó a todos a ir hasta las raíces profundas de esta emergencia para encontrar también las respuestas adecuadas a este desafío. El año pasado la Comisión Pontificia para América Latina asumió el mismo desafío, aplicado a las circunstancias concretas de aquel continente.

En el ámbito escolar se suceden las reformas y los planes educativos de los distintos gobiernos. Se hacen análisis simplistas y superficiales, como aquellos que pretenden solucionar todo con más recursos materiales o facilitando el acceso de los jóvenes al trabajo. Son medidas ciertamente buenas y necesarias, pero muy parciales y cortas, y distraen la atención de los problemas reales.

Si nos quedáramos ahí, traicionaríamos una dimensión esencial de nuestro ser Iglesia. La Iglesia es esencialmente educadora y desempeña esta misión en la familia, en la parroquia y la escuela; también indirectamente en el ámbito de la cultura, de los medios de comunicación y de toda tarea evangelizadora. Nadie podrá quedar ajeno a este reto: nuestro amor hacia los jóvenes de hoy, y hacia las generaciones futuras, nos lo prohibirían.

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.