Libertad de expresión y libertad religiosa

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     Puesto que escribo con dos semanas de antelación, no puedo prever cómo vayan evolucionando los acontecimientos cuando leáis estas líneas. ¿Actos terroristas? ¿Guerra abierta? Suceda lo que suceda, estamos en manos de Dios y solamente ha de ocuparnos su mandamiento nuevo: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado». Esta es la única cuestión, repito, en la que nos tenemos que ocupar los cristianos en toda ocasión.

Dicho esto, nos unimos, por tanto, a todas las instituciones y personas que han condenado las acciones terroristas que se han llevado a cabo en el país vecino y que tanto inquietan también al nuestro. Nunca la muerte de un ser humano puede tener justificación y menos por motivos religiosos, si es que ha sido así… pues hay muchos datos que lo ponen en duda. Puede ser más cierto que buscan el enfrentamiento entre bloques de países de tradición cristiana e islámica.

Sin embargo, no toda argumentación a favor de la defensa del derecho de «Libertad de Expresión» la podemos aceptar sin más. Pondré un ejemplo que nos ha tocado muy de cerca: la reacción a la muerte de un seguidor de un equipo de fútbol tirado al río Manzanares, fue muy rápida para perseguir los insultos masivos en los campos de futbol, lo que ha traído muchos beneficios a los que van a ver jugar a sus equipos. Toda persona de bien está de acuerdo con la medida. De las palabras se pasó a los hechos saliendo del ámbito de los campos de futbol y se han tomado las medidas oportunas. De cualquier forma, la cuestión afectaba a una pequeña parte de la población.

Un medio de comunicación, sin embargo, invade toda la opinión pública con demasiada frecuencia, aunque sean pocos en origen los que leen, oyen o ven ese medio, todo se puede extender rápidamente. La pregunta que surge es: ¿se puede justificar el insulto y la burla bajo el paraguas del derecho de libertad de expresión y de su derivado el derecho a la información? Si, además, el insulto y la burla afecta a la fe de millones de personas, ¿no hay que tomar alguna medida legal que pueda impedir la presión a la que se somete a esos millones de personas que viven una fe común? Felizmente la Iglesia Católica tiene la posibilidad de iluminar bajo el cuidado del Papa la reacción de los 1.200 millones de católicos en todo el mundo. Otras confesiones religiosas tienen más dificultades para tomar posiciones comunes a todas ellas.

Las burlas e insultos producidos en nuestra Europa traen reacciones —manipuladas ciertamente— que provocan pérdida de vidas humanas por millares, templos, recursos materiales y persecución lejos de aquí, pero en la cercanía de esta aldea global en la que se ha convertido el planeta Tierra.

Sabemos que este estado de guerra que amenaza la paz mundial está producido por una vasta gama de intereses políticos, energéticos, comerciales, culturales y sociales, etc., sin olvidar los negocios millonarios de la industria de las armas que suministra en todo el mundo a propios y a extraños. Hoy, en este momento, en esta coyuntura histórica, los cristianos estamos por hacer cuanto esté en nuestra mano para que nadie, de cerca o de lejos, no sea respetado o sufra a causa de su fe, sea esta la que sea. Al fin, es el mismo Dios en quien creemos el que nos invita a construir la fraternidad universal.

En el Miércoles de Ceniza, en esta semana, comenzamos la Cuaresma, tiempo de incrementar nuestras prácticas de austeridad, penitencia, conversión y oración. Toda la vida de la Iglesia está dirigida a pedir perdón a Dios por los pecados personales y estructurales que cometemos y a aumentar nuestra capacidad de perdonar a todos, incluidos los enemigos. A todos nos llama el Señor a cumplir con el Mandamiento Nuevo que recordaba al comienzo de mi carta: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado». Será siempre la mejor aportación que la Iglesia Católica puede hacer a la Humanidad.

Vuestro obispo, 

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.