La cuaresma, tiempo de gracia

casimirolopezMons. Casimiro López Llorente     Queridos diocesanos:

Con el rito de la imposición de la ceniza el próximo miércoles iniciamos el tiempo de la Cuaresma. Es éste un tiempo de gracia y de salvación.“Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la Salvación” (2 Cor 6,2). El tiempo cuaresmal es como una peregrinación que nos prepara a la celebración gozosa de la Pascua de Señor; por ello, es también como un camino hacia la cumbre santa de nuestra propia resurrección.            La Palabra de Dios nos invita a ponernos en camino hacia la Pascua con una vida renovada, convertida y reconciliada. Este tiempo santo nos ofrece a los creyentes, a las comunidades eclesiales y a la misma Iglesia la oportunidad de renovar nuestro espíritu de fe, de avivar nuestro amor a Dios y a los hermanos, de fortalecer nuestra coherencia de vida con el Evangelio, y de superar nuestra indiferencia hacia Dios y hacia el hermano, su problemas, sus sufrimientos y sus necesidades, como nos dice el Papa Francisco en su mensaje para esta Cuaresma. La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.

El Profeta Joel nos dice: “Convertíos a mí de todo corazón” (2, 12). Convertirse es volver la mirada y el corazón a Dios con ánimo firme y sincero. Para convertirnos debemos escuchar la voz de Dios (Sal 94, 8). Él quiere ser nuestro guía hacia la tierra prometida. Él, que nos ha pensado y amado desde siempre, nos indica el camino para alcanzar nuestro verdadero ser, nuestra plenitud y salvación. Con amor nos sugiere como a sus hijos y amigos lo que hemos de hacer y evitar. Dios siempre va por delante con su gracia, con su amor. Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). A Dios no le somos indiferentes, sino que nos ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. Dios está interesado por cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Dios no deja de hablarnos. En lo más íntimo de cada persona, en nuestra conciencia, resuena su voz. Dios nos habla al corazón, nos llama a escuchar y acoger su palabra, a abrir nuestro corazón a su amor, a dejarnos guiar por Él, a no ser indiferentes ante los sufrimientos, injusticias y penurias de nuestros hermanos. La oración, el ayuno y la limosna nos ayudarán en nuestro camino cuaresmal.

 

Por la dureza de nuestro corazón y nuestro egoísmo puede que opongamos resistencia a Dios, que  cerremos nuestro corazón a su voz, que seamos indiferentes al prójimo. Con frecuencia nuestro corazón está contaminado por muchos ruidos ensordecedores: son las inclinaciones desordenadas que conducen al pecado, la mentalidad de un mundo que se opone al proyecto de Dios o la tentación del Maligno que pretende apartarnos de Dios. Es fácil caer en la indiferencia ante Dios y ante el prójimo, apartándose de la llamada que nos llega a través de su Palabra en la Iglesia.

En este tiempo de Cuaresma debemos crear silencio en nuestro interior para descubrir la voz de Dios, que es sabia y amorosa. Hay que afinar la sensibilidad sobrenatural para ser capaces de captar las sugerencias de la voz de Dios y mirar a nuestro alrededor con los ojos de Dios. Es necesario dejarse evangelizar en el trato frecuente con la Palabra de Dios -leyendo y meditando el Evangelio-, de tal manera que adquiramos cada vez más una mentalidad evangélica. Aprenderemos a reconocer la voz de Dios dentro de nosotros en la medida que aprendamos a conocerla de los labios de Jesús, Palabra de Dios hecha hombre.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
Acerca de Mons. Casimiro Lopez Llorente 355 Articles
Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.