Islas de misericordia en un mar de indiferencia

gil-hellinMons. Francisco Gil Hellín    Ser “islas de misericordia en medio de un mar de indiferencia” es el programa que el papa Francisco propone a la Iglesia, a las parroquias y a cada uno de nosotros para la próxima Cuaresma, que comienza el próximo miércoles, con la Imposición de la Ceniza. El mundo actual, en efecto, ha sucumbido a la tentación de la indiferencia con el prójimo y con Dios en tales proporciones, que “podemos hablar de la globalización de la indiferencia”. Se ha generalizado este modo de pensar: “yo estoy relativamente bien y a gusto, no tengo por qué preocuparme de quienes no están bien”. Se cae así en la tentación del egoísmo, y dejan de interesarnos los  problemas, los sufrimientos e injusticias que sufren los demás.

Los cristianos no podemos cruzarnos de brazos ante esta situación. Al contrario, hemos de plantarle cara y tratar de romper una dinámica que el Papa no duda en calificar de “diabólica”. ¿Cómo? En primer lugar, no cayendo en sus redes, o, si hemos caído, cortando los lazos que nos tienen maniatados en la cárcel del egoísmo y abriéndonos al mundo liberador del amor a Dios y al prójimo. En segundo término, combatiendo directamente contra ella, especialmente en las parroquias y en nuestra vida personal.

“¡Cuánto deseo que los lugares en que se manifiesta la Iglesia, en especial nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia”, dice el papa Francisco. Él mismo nos indica el camino que hemos de seguir para lograrlo: tener “la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo”, estar abiertas a los dones de Dios para recibirlos y compartirlos, conocer “los miembros más débiles, pobres y pequeños” para hacernos cargo de ellos, huir del “amor universal” que se compromete “con los que están lejos” y “olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada”, ponerse “en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y alejados”. ¿Quién puede dudar de que hay aquí un amplio campo para examinarnos y llevar a cabo una profunda conversión?

Pero no podemos olvidar que cada uno de nosotros puede caer en la tentación de la indiferencia con Dios y con el prójimo. Más aún, justo es reconocer que tantas veces hemos caído en ella. La Cuaresma es una oportunidad “de gracia” para combatirla, recurriendo a las tres armas que nos ofrece el Papa: la oración, las obras de caridad y la conversión del corazón.

La oración es uno de los elementos clásicos de la Cuaresma. No podemos olvidar “la fuerza de la oración” de la Iglesia. Como recordaba san Agustín, en la oración de la Iglesia ora Cristo como Cabeza y como Sacerdote. Por tanto, es una oración de una eficacia inmensa. Para llevarla a cabo, el Papa desea que “la iniciativa 24 horas para el Señor” se celebre en toda la Iglesia y en todas las diócesis en los días “13 y 14 de marzo”.

Las obras de caridad son también un elemento esencial de la Cuaresma. Obras de caridad son: visitar a los enfermos, consolar a los que están tristes y abandonados, compartir ratos de nuestro tiempo con los ancianos que viven solos, acercarnos a aquella persona cuyo matrimonio está en peligro o se ha quebrado, darnos de alta como voluntarios de Cáritas, colaborar económicamente con Cáritas diocesana y parroquial, el Banco de alimentos y otras iniciativas de ayuda al prójimo, etcétera.

Finalmente, cambiar nuestro corazón para que se haga más misericordioso. Como decía Benedicto XVI –y recoge el papa Francisco en su Mensaje cuaresmal- un corazón misericordioso es un corazón “cerrado al tentador pero abierto a Dios, un corazón que se deja impregnar por el Espíritu  y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas, un corazón que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro”.

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.