Importancia y necesidad de la Eucaristía

Mons. Pérez GonzálezMons. Francisco Pérez     La Iglesia tiene muy claro que su vitalidad depende de la Eucaristía. La celebra siempre con gozo y gran fruto de las comunidades que se reúnen, escuchan la Palabra y se alimentan del Cuerpo de Cristo. San Juan Pablo II al iniciar un nuevo milenio manifiesta con vehemencia la importancia de la Eucaristía: “Debemos dar un realce particular a la Eucaristía dominical y al Domingo mismo… es un deber irrenunciable, que se ha de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como necesidad de una vida cristiana verdaderamente consciente y coherente” (Novo Millennio Ineunte, nº 35-36). Habla de la Eucaristía como medicina y antídoto al enfriamiento de la fe y a los males especialmente de los países de antigua cristianización.

¿Cómo pudieron conservar la fe los antiguos cristianos en las persecuciones? En nuestros días, ¿cómo se mantienen las comunidades cristianas que viven en la clandestinidad y los que vivimos en sociedades secularizadas? El cardenal vietnamita Van Thuan nos ha dejado un testimonio impresionante contando cómo celebraba la Eucaristía en los trece años que estuvo en la prisión a causa de la fe que profesaba en Cristo. Haciendo de cáliz el cuenco de su mano depositaba unas gotas de vino y en el dedo índice un poco de pan. El pan y el vino lo habían logrado introducir los fieles que le visitaban en la cárcel como si fuera una medicina. No sólo fue medicina, sino alimento potente de mártires.

La Eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía. Estas expresiones del P. Henri De Lubac se verifican de forma evidente donde faltan sacerdotes, ministros de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía. En las misiones los fieles esperan ansiosamente oír las palabras del perdón que Dios da por medio del sacerdote: “Yo te absuelvo de tus pecados”. Y más vivamente aún desean y piden poder recibir la comunión eucarística. Sin este alimento las comunidades languidecen en la fe, pronto las tentaciones les ganan la batalla, se olvidan del Evangelio y se paganizan. Estas situaciones comienzan a constatarse también entre nosotros. Por eso urge que se susciten las vocaciones necesarias para servir a las comunidades por el camino del sacerdocio.

No faltarán sacerdotes para las comunidades fervorosas que viven con autenticidad su fe. Dios les regalará, salidos de ellas mismas como una consecuencia lógica, las vocaciones que necesiten. Decía con pena una persona muy religiosa de un pueblo: “Ahora que hemos arreglado el tejado del templo para trescientos años y hemos dejado el interior limpio y hermoso no tenemos sacerdote todos los domingos”. Dice Dios al profeta Jeremías: “Os daré pastores según mi corazón” (Jer 3, 15). El pueblo, verdaderamente cristiano, tiene experiencia de que esta profecía llegará a efecto.

El corazón humano tiene hambre de la inmensidad de Dios. Esta hambre queda saciada en la Eucaristía. San Ambrosio dice: “Todo lo tenemos en Cristo; todo es Cristo para nosotros. Si quieres curar tus heridas, Él es médico. Si estás ardiendo de fiebre, Él es manantial. Si estás oprimido por la iniquidad, Él es justicia. Si tienes necesidad de ayuda, Él es vigor. Si temes la muerte, Él es la vida. Si deseas el cielo, Él es el camino. Si refugio de las tinieblas, Él es la luz. Si buscas manjar, Él es alimento” (Sobre la virginidad, 16, 99).

Los cristianos antiguos estaban convencidos de la importancia y necesidad de la Eucaristía dominical. Sin ella perdemos la fe y dejamos de existir. Quien la deja poco a poco se enfría y deja de ser cristiano. Debemos mantener el sentido sagrado del domingo. Un cristiano cuando no va a Misa siente y debe sentir que le falta el sustento de su vida espiritual. “Quien celebra la Eucaristía no lo hace porque se considera o quiere parecer mejor que los demás, sino precisamente porque se reconoce siempre necesitado de ser acogido y regenerado por la misericordia de Dios, hecha carne en Jesucristo. Si cada uno de nosotros no se siente necesitado de la misericordia de Dios, no se siente pecador, es mejor que no vaya a Misa. Nosotros vamos a Misa, porque somos pecadores y queremos recibir la fuerza y el perdón del Señor participando de su Redención” (Papa Francisco, Audiencia General, 12 de febrero 2014).

De ahí que nos hemos de preguntar: ¿Qué lugar ocupa la Eucaristía en nuestras vidas? ¿Dejo fácilmente la misa dominical por desidia o por comodidad? El cristiano o se sustenta de la Eucaristía o fenece como cristiano. Sin Cristo, en nuestras vidas, estamos llamados al fracaso.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).