Papa Francisco: «Hay que tener este contacto cotidiano con el Evangelio»

OSSROM16634_LancioGrandeEl Papa Francisco sugirió dos propósitos: leer cada día un pasaje del Evangelio – para dejar que Jesús predique para nosotros –  y rezar para que Jesús sane nuestras heridas.

Con el canto «Somos tu pueblo Señor», cantado en español, comenzó la Santa Misa que presidió el Papa Francisco en la parroquia romana de San Miguel Arcángel en Pietralata. Terminaba así su visita pastoral, la tarde del domingo 8 de febrero. Antes de llegar a esta parroquia, el Papa quiso detenerse para saludar a un grupo de personas que viven en un campo de viviendas pobres y precarias, denominado Campo Arco Iris, en el que viven desplazados latinoamericanos, africanos, rusos y ucranianos, que recibieron con inmensasorpresa, alegría y gratitud la visita del Obispo de Roma. Hablaron y rezaron con él en español y recibieron su bendición.

Luego, al llegar a la parroquia, el Santo Padre saludó a las distintas realidades y grupos parroquiales. Con palabras de ternura, cercanía y aliento, como las que dirigió a los enfermos, recordándoles que Dios es nuestro Papá, y como un Padre nunca deja solos a sus hijos. También un grupo de personas necesitadas, recibió un saludo especial del Papa:

«La gente no conoce el nombre de ustedes y los llama ‘sin techo’. Y ustedes soportan esto: es su cruz y su paciencia. Pero hay algo en el corazón de todos ustedes, les ruego que estén seguro de ello: está el Espíritu Santo».

En el momento dedicado a los niños, el Santo Padre recordó el sufrimiento que causan las guerras, en tantas partes del mundo, como en Irak, Ucrania, África. Guerras debidas al odio, cuyo padre es el diablo, dijo, recordando que Dios quiere la unidad:

«¿Quién es el padre de la guerra? Díganlo fuerte…. (los niños responden: ¡el diablo!) Porqueel diablo es el padre del odio. ¿De acuerdo? Es el padre de las mentiras… ¿Por qué? Porque no quiere la unidad. Mientras que Dios quiere la unidad… Si sienten celos en su corazón hacia otro, otra persona, éste es el comienzo de una guerra. Los celos no son de Dios».

En su homilía, hizo hincapié en la importancia de rezar rogando a Jesús que sane nuestras heridas:

«Es triste cuando en una familia los hermanos no se hablan por una tontera, porque el diablo, de una tontera hace que se vuelva un mundo. Luego, tantas veces las enemistades duran muchos años. Y se destruye esa familia: los padres sufren porque los hijos no se hablan, o la esposa de un hijo no habla con el otro… Celos, envidias… Esto lo siembra el diablo. Y el único que echa fuera los demonios es Jesús. El único que sana estas cosas es Jesús. Por eso le digo a cada uno de ustedes: ¡‘déjate sanar por Jesús’!»

«¡Deja que Jesús predique para ti!, exhortó también el Santo Padre, alentando una vez más a leer el Evangelio para escuchar lo que Jesús nos quiere decir:

«Debemos acostumbrarnos a esto: escuchar la Palabra de Jesús,  en el Evangelio. Leer un pasaje, pensar sobre lo que dice, lo que me dice a mí. Si no percibo lo que me dice, paso a otro. Pero hay que tener este contacto cotidiano con el Evangelio. Porque así Jesús me predica a mí, me dice con el Evangelio lo que me quiere decir».

(CdM – RV)

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