Luchamos contra la pobreza ¿te apuntas?

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar     Queridos diocesanos:

Manos Unidas, en su campaña anual contra el hambre en el mundo que celebramos hoy, Domingo 8 de febrero, nos interpela y nos hace una invitación clara a luchar contra la pobreza en el mundo bajo el lema: «Luchamos contra la pobreza ¿te apuntas?». Al pensar en pobres y pobreza nuestra mente y nuestro corazón se acuerdan de esos hermanos nuestros que carecen de los medios materiales imprescindibles para poder llevar una vida digna; se trata de la miseria material. Es verdad que también a estos pobres se refiere el lema de la campaña aunque no exclusivamente pues hace referencia a otras clases de miseria, que no tenemos que olvidar y contra las que se nos invita a luchar. El Papa Francisco, en el mensaje de la Cuaresma de 2014, hablaba de estas otras miserias: la miseria moral (que lleva a las personas a caer en determinadas esclavitudes que acaban por hacer perder la esperanza y el sentido de la vida), la miseria espiritual (que se produce cuando nos alejamos de Dios y nos consideramos autosuficientes), la miseria en las relaciones (por la carencia de sólidos fundamentos familiares y comunitarios que dan, como frutos más inmediatos, la soledad y la marginación). Este tipo de miserias son realidad en nuestro mundo actual; todas ellas deben ser objeto de nuestro esfuerzo y de nuestro compromiso para su erradicación.

Hacia estos excluidos debemos dirigir nuestra atención y compromiso; en ellos debemos centrar especialmente nuestra mirada: los que están solos (niños de la calle, los sin techo, los refugiados, los emigrantes o los enfermos); los que son víctimas de la trata de personas; las mujeres que sufren situaciones de maltrato, exclusión y violencia; lasvíctimas de la guerra o de persecuciones raciales, culturales y religiosas. Nuestros esfuerzos se deben orientar a encontrar la manera de que en el mundo cesen las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y abusos, que en tantos casos son el origen de la miseria humana, del hambre y de todas las demás. En esta tarea no sirven sólo los mensajes; es necesario que los mensajes vayan acompañados por sencillos gestos que los confirmen. Ésta es tarea de todos pero especialmente de los cristianos: no sólo hablar sino, sobre todo, vivir en fraternidad.

El Papa Francisco habla frecuentemente de la necesidad de solidaridad en el mundo actual. La solidaridad es un compromiso de «atención amante» que nos lleva a preocuparnos por los pobres y a buscar su propio bien. Es crear una nueva mentalidad que nos lleva a «pensar en plural». No es primeramente un afecto por los problemas del otro sino una decisión de devolver al pobre lo que en justicia le pertenece; no olvidemos que la desigualdad de que unos pocos poseamos todo y otros no tengan lo más necesario para vivir ha sido fruto de la injusticia en virtud de la cual nos hemos apropiado de lo que les pertenece a ellos.

Todo esto debe llevarnos al compromiso de renunciar a algunos de nuestros derechos para poner nuestros bienes al servicio de los demás. ¿Cómo lograr esto? Con dos actitudes fundamentales como creyentes: 1. La conversión en relación a los pobres: preocupándonos por ellos; siendo sensibles a sus necesidades materiales, morales y espirituales; aprendiendo a estar con los pobres, mirándoles a los ojos, escuchándoles, porque ellos son para nosotros la ocasión concreta de encontrar al mismo Cristo, de tocar su carne que sufre, porque Él se identifica con cada uno de ellos ya que lo que hagamos con cada uno de ellos es con Cristo con quien lo hacemos (cfr. Mt 25, 40) y 2. Tomar conciencia de que Cristo nos dice a todos (especialmente a sus seguidores) «dadles vosotros de comer» (Lc 9, 12). Ojala todos y cada uno de nosotros, seguidores de Cristo, nos sintamos llamados a esta conversión y a poner en marcha todos los mecanismos sociales cotidianos para erradicar la miseria logrando que los pobres tengan prosperidad sin exceptuar bien alguno, un decoroso sustento, una digna educación, salud y trabajo.

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.