Manos Unidas contra la inhumanidad

agusti_cortesMons.  Agustí Cortés Soriano     Resulta providencial volver un año y otro a celebrar la Campaña Contra el Hambre promovida por la organización católica Manos Unidas. Es algo ya tradicional y “instituido”. Un ejemplo de que la institución tantas veces nos salva de la inconsistencia de nuestros entusiasmos y de olvidos interesados, cuando toca hacer algo que nos cuesta. Seguimos además sometidos a la tentación de que el sufrimiento vivido cerca con la crisis económica nos impida atender a quienes sufren mucho más que nosotros, aunque físicamente estén lejos.

Por otra parte, hemos recibido de la Secretaría de Estado del Vaticano una carta invitándonos a celebrar tal día como hoy la “Jornada mundial de oración, reflexión y acción contra la trata de seres humanos”, una iniciativa nacida en el marco del Año de la Vida Consagrada. Somos llamados a colaborar en la sensibilización social y eclesial sobre este fenómeno trágico que afecta, también hoy, a numerosos grupos de personas sometidas y vejadas en su dignidad.

Aprovechemos la oportunidad que nos brinda el hecho de haberse elegido la memoria de Santa Josefina Bakhita para celebrar esta Jornada. El Papa Benedicto XVI puso como testimonio de esperanza cristiana a esta gran santa, prototipo de víctima de la esclavitud y del maltrato (encíclica “Salvados en esperanza” n. 3). Secuestrada a los nueve años, cinco veces fue vendida como esclava, con maltratos y vejaciones constantes (144 cicatrices por todo su cuerpo que le quedaron de por vida), hasta que pasó a manos de su último “amo”, el cónsul italiano Calixto Legnani, en cuya familia fue tratada por primera vez como ser humano y conoció el que, según ella, había llevado siempre en el corazón: el Dios Padre de Jesucristo. Tras su conversión e iniciación cristiana entra en la Congregación de las Hermanas Canosianas de Venecia. Entre trabajos para los pobres y conferencias desarrolló su servicio, no a un amo que esclaviza, sino a un Padre, de cuyo amor concreto e incondicional no podía dudar, pues había compartido todo sufrimiento humano en su Hijo. Fue canonizada por san Juan Pablo II el año 2000.

Hoy, por tanto, hemos de recordar que el hambre, la pobreza y la inhumanidad, por un lado, no están tan lejos; por otro, que aunque los veamos lejos físicamente, las hemos de acercar, hasta sentirlas como propias. Nos damos cuenta de que la mayoría de los pobres, no sólo sufren la pobreza, sino que además son víctimas. La historia de Josefina Bakhita nos puede conmover. Pero víctimas como ella ha habido y puede haber millones. ¿Cómo, por qué nos han de afectar?

Más que tener noticia concreta de cada historia de sufrimiento inhumano, toda esta humanidad sufriente nos llega a través de la mirada que nos presta Jesucristo, cuando creemos en él. Esa mirada despierta la conciencia, el amor concreto, la palabra que denuncia, la acción que intenta apaciguar el dolor de las víctimas.

La organización Manos Unidas, junto a tantas iniciativas que surgen en la Iglesia y, concretamente, en el seno de la Vida Consagrada, mantiene despierta la voz y encendida la llama del amor comprometido hacia el pobre – víctima. “Reflexión, oración, acción concreta” son tres momentos indispensables. Pero forman parte de un único movimiento: la salida de sí mismo, del propio bienestar, hacia el otro que sufre. Como hizo el Señor, cuando vio tantas criaturas suyas que morían de hambre y maltrato, porque nadie les daba pan ni les devolvía su dignidad.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.