«Tuve hambre y me disteis de comer»

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     La Iglesia, como ustedes saben, siempre trata de estar atenta y solícita respecto a todo lo que se refiere al bienestar espiritual y material de las personas, ante todo de los que viven marginados y son excluidos, para que se garanticen su seguridad y su dignidad». Son palabras del papa Francisco dirigidas a la FAO y a la OMS, reunidas ambas organizaciones internacionales en la I Conferencia Internacional sobre Nutrición y que los miembros de la Iglesia debemos hacer verdad en el día a día de nuestras vidas.

Y por esto nos plantea una vez más Manos Unidas la Campaña contra el Hambre en el Mundo, que, este año, titula «Luchamos contra la Pobreza, ¿te apuntas?». No se trata solamente de abrir el bolsillo este domingo para financiar los proyectos que han asumido en cada parroquia o arciprestazgo sino de alimentar en nosotros una sensibilidad, con un saber lo que está pasando para así poder comprometernos en la lucha contra la pobreza.

El papa Francisco nos ofrece, en el discurso antes mencionado, el análisis de la situación que tiene la Doctrina Social de la Iglesia: «Duele constatar, además, que la lucha contra el hambre y la desnutrición se ve obstaculizada por la “prioridad del mercado” y por la “preminencia de la ganancia”, que han reducido los alimentos a una mercancía cualquiera, sujeta a especulación, incluso financiera. Y, mientras se habla de nuevos derechos, el hambriento está ahí, en la esquina de la calle, y pide carta de ciudadanía, ser considerado en su condición, recibir una alimentación de base sana. Nos pide dignidad, no limosna».

Y en el centro de su discurso planteó dos retos, en primer lugar: «La primera preocupación debe ser la persona misma, aquellos que carecen del alimento diario y han dejado de pensar en la vida, en las relaciones familiares y sociales, y luchan sólo por la supervivencia. El santo papa Juan Pablo II, en la inauguración en esta sala de la Primera Conferencia sobre Nutrición, en 1992, puso en guardia a la comunidad internacional ante el riesgo de la “paradoja de la abundancia”: hay comida para todos, pero no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos. Esta es la paradoja. Por desgracia, esta “paradoja” sigue siendo actual. Hay pocos temas sobre los que se esgrimen tantos sofismas como los que se dicen sobre el hambre; pocos asuntos tan susceptibles de ser manipulados por los datos, las estadísticas, las exigencias de seguridad nacional, la corrupción o un reclamo lastimero a la crisis económica. Este es el primer reto que se ha de superar».

Un segundo reto nace de la palabra «solidaridad»: «Cuando falta la solidaridad en un país, se resiente todo el mundo. En efecto, la solidaridad es la actitud que hace a las personas capaces de salir al encuentro del otro y fundar sus relaciones mutuas en ese sentimiento de hermandad que va más allá de las diferencias y de límites, e impulsa a buscar juntos el bien común».

Vamos, pues, a apuntarnos en la lucha contra la pobreza más extrema que es luchar contra la desnutrición, contra ese no poder sobrevivir por falta del alimento diario. Dos pueden ser los caminos: Nuestra aportación económica y/o nuestra implicación en la acción que lleva adelante Manos Unidas: dar nuestro nombre y domicilio a la asociación y colaborar −unir nuestras manos− para llevar adelante sus trabajos. Juntos seremos más eficaces en esta lucha siempre dramática contra la pobreza. Que cada cual vea lo que está en su mano realizar

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.