Eucaristía centro, fuente y cumbre de la vida cristiana

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez    Cuando repasamos la historia de la Iglesia vemos qué ha significado y representa la Eucaristía para su existencia y su vida. Los Hechos de los Apóstoles narran cómo en torno a la Eucaristía se formó una comunidad unida lanzada a vivir radicalmente los valores evangélicos. San Pablo, cuando va fundando nuevas comunidades, las constituye en torno a la Eucaristía. Para ello, a quienes creen en la predicación del Evangelio los bautiza, y para que perseveren deja instituidos, al frente de las nuevas comunidades, para presidirlas y celebrar los misterios de la fe a unos presbíteros. Al narrar la institución de la Eucaristía afirma que es una tradición originaria, que procede del Señor (1 Cor 11, 23-26), por la que “se dio a sí mismo, se entregó” (Gal 1,4).

Más adelante las primeras comunidades cristianas subsistieron en las catacumbas y después en las persecuciones y crisis a lo largo de los siglos sostenidas por la presencia real de Jesús en la Eucaristía, que fue su fuerza, ánimo, unión y vida de caridad.

Con toda esta base doctrinal, de tradición histórica y de experiencia de vida se explican las expresiones que le dedica el Concilio Vaticano II a la Eucaristía en diversos documentos: fuente, centro, cumbre, quicio y raíz de la vida cristiana. Además se refiere a ella como el supremo bien y alimento de la Iglesia, el alma del apostolado, la fuente de la fraternidad y del amor al prójimo, causa de la unión y la manifestación principal de la vida cristiana.

Valgan algunas citas para demostrar en qué nivel máximo sitúa el Concilio a este sacramento. La constitución dogmática “Luz de las gentes” llama al sacrificio eucarístico, “fuente y cumbre de toda la vida cristiana…” (LG 11). “Ninguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y quicio en la celebración de la Santísima Eucaristía” (PO 6). “A ella se ordenan los sacramentos, las obras de apostolado y el ministerio sacerdotal” (PO 5). La actividad misionera se realiza “por la palabra de la predicación y la celebración de los sacramentos, cuyo centro y cima es la Santísima Eucaristía” (AG 9).

La Encíclica de san Juan Pablo II, “La Iglesia vive de la Eucaristía” (Jueves Santo, 17.IV.2003) es el documento de inevitable referencia para constatar qué incidencia trascendental tiene en nuestros días la Eucaristía para la vida cristiana. Es el núcleo del misterio de la Iglesia, es una presencia real que fructifica en la comunión y la unidad. Es prenda de salvación, edifica a la Iglesia, contiene todo bien espiritual. Esta verdad no sólo expresa una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia.

San Juan Pablo II dedicó el año 2004 a la Eucaristía, inicio y punto de apoyo de la nueva evangelización de la humanidad en vías de globalización. Su exhortación lleva el título de la petición apremiante de los discípulos de Emaús: “Quédate con nosotros Señor, porque es tarde y está anocheciendo” (Lc 24, 29). Cuarenta años después del Concilio hubo un Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía “pan vivo para la paz del mundo”. “Fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia” (2-23.X.2005).

Convencidos de la centralidad de la Eucaristía nos podemos preguntar: ¿Por qué acudo a misa?, ¿Cómo participo?, ¿Qué efectos produce en mi vida y en la vida de la comunidad?, ¿Me impulsa a vivir el testimonio de caridad en la familia, el trabajo, con los pobres, enfermos y marginados?, ¿Me ayuda a vivir en unión con Cristo?

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).