El amor de Dios se hace cercano

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez       El carisma de la vida consagrada es un don precioso de Dios a la Iglesia y una ayuda enormemente eficaz para su misión evangelizadora en el mundo. En este año, que por deseo del papa Francisco está dedicado a la Vida Consagrada, el lema de la Jornada es “Amigos fuertes de Dios”. La frase es de Santa Teresa de Jesús, recogida en su libro de la Vida. Se ha acudido intencionadamente a los escritos de la Santa de Ávila porque estamos también celebrando el V Centenario de su nacimiento. Santa Teresa nos recuerda las condiciones necesarias para avanzar en el camino de la oración, pero “amigos fuertes de Dios” debemos ser en cualquier circunstancia y cualquiera que sea nuestra vocación particular, si queremos seguir al amor de Dios que se hace cercano en la persona de Jesucristo.

Amistad personal y profunda con Jesús, seguirle con decisión y constancia -con “determinada determinación”, dice la Santa-, y hacernos capaces de transmitir esta experiencia de Cristo a los demás: todo esto se encierra en la sabía y expresiva frase teresiana “Amigos fuertes de Dios”. Recuerdo la experiencia de un joven que se planteó consagrarse a Dios en un instituto religioso. Lo que más le fascinó fue la fraternidad que veía y palpaba en la comunidad de la Congregación. Desde tal hermandad descubrió que la amistad crecía con todos y todo iba realizándose con gran gozo y alegría. Pero un día hubo una disputa que le cambió su manera de ver a los hermanos. Estuvo a punto de huir, de escapar, pero hubo un hermano que le susurró: “Es el momento para que sólo te afiances en Dios y te hagas un amigo fuerte de Él”. Con el tiempo comprendió que, a pesar de las dificultades, sólo el amor de Dios hace posible caminar y luchar. La amistad, la fraternidad y la solidaridad tienen una única base: el Amor de Dios. Con Él seremos fuertes y los obstáculos se superarán.

Son muchos los cristianos, hombres y mujeres, que, arraigados en la consagración bautismal, han escuchado la llamada de Dios a seguir a Jesucristo en pobreza, castidad y obediencia. De esta manera han quedado consagrados a Dios, de manera especial, libres para servir a los hombres desde el Evangelio. Monasterios contemplativos, congregaciones de religiosos y religiosas, miembros de institutos seculares y otras formas de vida consagrada han estado y están presentes en el mundo, testigos de la fe en Jesucristo y atentos a las necesidades y las aspiraciones de los hombres. Viven la primacía de Dios y se inclinan a los pies de los más pobres; abrazan la sabiduría de la cruz y tratan de encarnarla en todas las culturas y a través de las más diversas instituciones y lenguajes. Los consagrados son hoy en la Iglesia una mediación providencial y una fuerza evangelizadora imprescindible.

En esta Jornada de la Vida Consagrada me atrevo a presentaros unas recomendaciones: la primera, dar gracias a Dios por el regalo que hace a la Iglesia derramando sobre tantos hermanos y hermanas nuestros la vocación y el carisma de consagrase al seguimiento radical de Cristo y de entregarse enteramente al servicio del Evangelio.
En segundo lugar, orar y pedir a Dios que sostenga y renueve la fidelidad de los consagrados para que sean testimonio vivo de la presencia del Espíritu de Cristo en el mundo y que la Iglesia pueda reconocer en ellos la armonía y belleza del Evangelio.

La tercera, ayudar a los consagrados, mostrándoles aprecio y estima por su vocación y su labor, colaborando, en cuanto sea posible, en los objetivos y en las tareas que ellos llevan entre manos. Y en último lugar, creando en nuestras familias y comunidades parroquiales el clima propicio para que sigan surgiendo vocaciones a la vida consagrada que continúen el testimonio espléndido y la misión evangelizadora que hasta ahora vienen realizando en la Iglesia y en el mundo.

Roguemos con insistencia a María, Madre y modelo de la Vida Consagrada, que nos enseñe a escuchar, a hacer silencio para dejar espacio a la belleza de Dios, fuente de la verdadera paz y gozo.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).