Buscadores de Dios

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella      Los religiosos, las personas consagradas, y hoy, día 1 de febrero, celebramos su fiesta, son, y quieren que se les llame así, “buscadores de Dios”.

A esta búsqueda consagran las mejores energías de su vida. Pasan de las cosas secundarias a aquellas esenciales, a aquellas que son en verdad importantes. Buscan lo definitivo, buscan a Dios, mantienen la mirada dirigida a Él. Buscan las cosas que permanecen, aquello que no pasa. Buscan a Dios en los hermanos que les han sido dados, con los que comparten la misma vida y misión. Lo buscan en los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, a los cuales son enviados para ofrecerles, con la vida y la palabra, el don del Evangelio. Lo buscan, particularmente, en los pobres, primeros destinatarios de la Buena Noticia (Lc 4,18). Lo buscan en la Iglesia, donde el Señor se ha hecho presente, sobre todo en la Eucaristía y en los otros sacramentos, y en su Palabra, que es vía maestra para la búsqueda de Dios, que introduce en el diálogo con Él y en la que revela su verdadero rostro. Los religiosos, las personas consagradas, son siempre apasionados buscadores y testigos de Dios.

Gracias, queridos consagrados, por vuestra respuesta generosa a la llamada de Dios y por vuestro testimonio de “buscadores”, generosos, alegres y esperanzados, de Dios.

Vuestra vida hunde sus raíces en la centralidad de la Palabra de Dios, concretamente en el Evangelio que es para vosotros la Regla Suprema, como afirma el Concilio Vaticano II . Sí, hermanos consagrados, el Evangelio vivido con generosidad y alegría da encanto y belleza a vuestra vida. De eso tiene necesidad nuestra sociedad actual y esto es lo que esperamos de vosotros: que seáis Evangelio viviente.

Nos alegra y edifica que viváis la fraternidad. Sí, la fraternidad es lo que más edifica a nuestro mundo y lo que buscan los jóvenes cuando entran en una orden religiosa o instituto de vida consagrada. No siempre es fácil vivir la fraternidad en medio de esta sociedad que grita hasta la saciedad el deseo de libertad, de no atarse con ligaduras perennes, de hacer lo que en cada momento pide el cuerpo. Sed testigos de fraternidad, ¡nos hace tanto bien ese testimonio!

Y dadnos testimonio de ese Dios al que buscáis con todas vuestra alma y que es capaz de llenar vuestras vidas. No tengáis miedo de proclamar la fe que profesáis, la esperanza que os sostiene y el amor que os empuja a gastaros por los demás, especialmente por los más pobres y necesitados.

La misión, sostenida por una fuerte experiencia de Dios, por una robusta formación y una vida fraterna en comunidad, es una clave para comprender y revitalizar la vida consagrada. Id, pues, y haced vuestro el desafío de la nueva Evangelización en fidelidad creativa. Renovad vuestra presencia en los areópagos de hoy para anunciar, como lo hizo San Pablo en Atenas, al Dios desconocido .

Gracias por vuestra presencia en la Diócesis. Gracias por vuestra entrega generosa. No lo dudéis, vuestra siembra producirá su fruto, estad seguros de ello. Dios no abandona nunca a su hijos, a quienes se confían a su misericordia. Seguid dando testimonio, en medio de nuestras comunidades cristianas, de vuestro amor apasionado por Dios y por los hermanos, especialmente los más necesitados.

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.