El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. YanguasMons. José María Yanguas     Queridos diocesanos:

Este año nuestros misioneros y misioneras han estado frecuentemente en la primera página de los periódicos y se han ganado la admiración de propios y extraños con el ejemplo de su generosa entrega, vivida con humilde sencillez. El testimonio de amor a las buenas gentes de sus comunidades ha quedado sellado en ocasiones con el precio de sus propias vidas. Las han ofrecido sin darse importancia, con una cierta vergüenza de encontrarse en el foco de la atención, como queriendo decir que no era para tanto, que se limitaban a coronar así, con naturalizad, lo que es una constante en sus vidas.

Papa Francisco recuerda a todos que Dios quiere una Iglesia “en salida”, una Iglesia que mira al exterior, que no se encierra en sí misma, atenta a no dejarse sofocar en la propia comodidad, deseosa de superar la inercia que frena el impulso que la lleva  a las “gentes”, a las “periferias” del mundo, para anunciar allí la Buena Nueva. Esto vale para todos en la Iglesia, también para los niños cristianos.

Este domingo celebramos la Jornada de la Infancia Misionera.  La Iglesia quiere en este día fortalecer aún más la dimensión misionera en la formación humana y cristiana de los niños. Mediante la Infancia Misionera −una institución de la Iglesia universal−, se pretende promover la ayuda recíproca entre los niños de todo el mundo, ayudándoles a descubrir la universalidad de la fe y su intrínseca y esencial dimensión misionera. La fe que anima, ilumina y da sentido a nuestras vidas, la vida de todo cristiano, es a la vez una luz que debemos poner en lo alto para que llegue a los demás, se sientan atraídos por ella y puedan gozar de su calor.

Este año, la Jornada de la Infancia Misionera tiene  como lema estas palabas: “Yo soy uno de ellos”. Se pretende despertar en los más pequeños la conciencia de pertenencia a una común realidad, donde la distinción y la diferencia de pueblo, raza, lengua o cultura no puede llevarles a considerar a los demás como extraños o ajenos, porque forman parte de una gran familia, de la que nadie puede ni debe ser excluido. Los lazos comunes que unen a todos los niños simplemente por el hecho de serlo, se hacen más fuertes todavía en la Iglesia, la gran familia de Dios de la que todos los hombres están llamados a formar parte.

En este domingo debemos ayudar a los niños a que experimenten  la alegría de sentirse hermanos de todos los niños del mundo, a reconocerse como “uno más” entre ellos; hemos de facilitar que surja en ellos el deseo de colaborar para que todos tengan la oportunidad de crecer y desarrollarse como personas. Será bueno que sin dramatismos, pero con claridad, conozcan la realidad de millones de niños como ellos que viven en condiciones inhumanas, que carecen de lo que a ellos les sobra, que viven al margen de la sociedad, privados del calor de un hogar y de los brazos de unos padres que los protejan y cuiden.

Para ello suscitemos en los niños el deseo de compartir con los demás, la alegría de colaborar al bien de otros niños con su oración y su ayuda económica, con un donativo que puede ayudar a aliviar las necesidades de quienes no gozan de bienestar alguno. Ayúdales a pensar qué sería si un día se despertaran y se dieran cuenta de que todo ha cambiado en sus vidas: que no están en su casa, que ni siquiera tienen una, que no pueden ir al colegio, que no tienen qué comer. Que se metan por un momento en la piel de un niño de África o de Asia.

Recuerda este domingo  a tus hijos o a tus nietos –y recordémoslo todos de paso− que con su generosa limosna pueden financiar muchos proyectos  de formación y desarrollo integral de la infancia en el mundo: comedores, casa de acogida, hospitales y escuelas, templos, locales para la catequesis, y tantas otras cosas.

¡Ayúdales, por favor, a ser Iglesia, ayúdales a ser misioneros!

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).