“No se puede ser cristiano sin ser discípulo de Jesús”

Mons. Rafael ZornozaMons. Rafael Zornoza      En un ambiente de amistad y gozo celebramos este domingo en la Catedral la Misa con nuestros hermanos inmigrantes. Tímidamente nos vamos acercando, todavía queda, a la Cuaresma, y la la liturgia, como es el caso por ejemplo de este domingo pasado, nos invita a la conversión profunda y sincera. Y a reflexionar sobre el mal, y la vida de la gracia de Cristo. Cuando vivimos mal, nuestra vida, que es coherente, que está bien hecha, que debe tender siempre al bien, al amor, a la justicia, a la paz verdadera… se frustra, se corrompe, se deshace, nos defrauda. Nos defrauda porque nos defraudamos a nosotros mismos, porque no hemos sido creados ni para el mal, ni para el egoísmo ni para la soberbia, que por mucho que esté también en tensión con nuestros buenos sentimientos y deseos, sin embargo nos arrastra hacia donde no debemos ir, hacia donde no quisiéramos ir, sobre todo cuando vemos las consecuencias. Este dilema en la vida exige a todo hombre tener que escoger.

Solamente en una sociedad relativista, que parece haber perdido el sentido del bien y del mal, que no sabe dónde está el norte, sin brújula que le conduzca, el hombre puede sentirse profundamente perdido y confuso. Sin embargo, algo en el corazón de los hombres dice siempre que el camino, por lo menos lo que él quiere para sí mismo, no es el odio ni el egoísmo, ni la dominación, ni la exclusión, sino la integración, el amor, el perdón y el bien. Y lo que queremos para nosotros lo tenemos que querer también para los demás. Pero si escuchamos al Señor, lo que Dios nos dice en nuestra conciencias, vemos claramente esa conversión necesaria en nuestra vida.

En el comienzo de su predicación Jesús así lo hace. También él dice que ha llegado el momento, que no podemos esperar más, es inminente: “convertíos”, e inmediatamente dice “y creed en el Evangelio”. Dios está en medio de vosotros, el Reino de Dios está en medio de vosotros, es decir Jesús mismo, que nos dice, “yo, el Señor, Dios hecho hombre, he venido a buscaros”. Y ahí el Señor no nos ofrece simplemente un camino de recuperación de la vida de cambio de actitudes, de obras, de manera de vivir. El Señor nos ofrece de manera positiva aquello que más anhela nuestro corazón. Es entrar en una relación de amistad que recupera la vida, entrar en una relación de gracia donde él, que es Dios, nos ofrece la posibilidad de vivir, y de cambiar, no como un moralismo que se contenta con decir lo que hay que hacer y lo que no, sino como el que sigue los anhelos de su corazón que tienden a un amor infinito, como el que puede saciar los anhelos más profundos de nuestro ser. Y de esa misma forma, para que no parezca que Jesús está invitando a algo teórico, inmediatamente llama a aquellos apóstoles y discípulos que le van a seguir. Les llama, según nos cuenta el Evangelio de San Marcos, de una manera muy escueta, porque lo que quiere mostrar es lo esencial: que la iniciativa viene de Dios, que él es el que llama, y el hombre, si es coherente, si es listo, si de verdad sabe buscar su propio bien, no puede dejar pasar ni un minuto. Entonces inmediatamente lo dejan todo y le siguen.

Nosotros muchas veces hemos identificado esta llamada de Jesús a los apóstoles como una llamada al ministerio sacerdotal. Es cierto que el Señor llama a algunos a este ministerio. Pero a todos nos llama de la misma manera y con la misma exigencia, y con la misma necesidad de responderle con prontitud, a seguirle como discípulos. No se puede ser cristiano sin ser discípulo de Jesús. Nuestra manera, quizás acostumbrada durante tanto tiempo, tradicional, de vivir nuestra fe, nos ha hecho perder hoy muchas veces esa importancia, esa relevancia del hecho de ser discípulos. Nos hemos conformado con creer en una fe doctrinal, con saber que Dios nos dice las verdades de Dios y de los hombres, de cómo vivir incluso la verdad moral, pero tan difícil a veces de seguirla si no existe esta relación directa, amistosa, amorosa, en la que uno encuentra la compensación de todos sus anhelos, el camino, la verdad y la vida, la recuperación de sus obras, una nueva forma de vivir.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.