El Año de la Vida Consagrada

gil-hellinMons. Francisco Gil Hellín    Hace cincuenta años que el documento más emblemático del Vaticano II, la constitución Lumen gentium, trató de los religiosos. Para conmemorar este acontecimiento, el Papa ha convocado un año dedicado a los consagrados y les he enviado una carta llena de afecto y de propuestas. Es una especie de programa de vida para este momento, que concreta en tres grandes objetivos: mirar el pasado con gratitud, mirar el presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza.

En primer lugar, mirar el pasado con gratitud para dar gracias a Dios por la rica historia que hay detrás de cada Instituto religioso, para mantener viva la identidad y para fortalecer la unidad y el sentido de pertenencia de sus miembros. Efectivamente, Dios ha hecho grandes cosas por la Iglesia y el mundo mediante la vida religiosa. Baste pensar en la ingente labor evangelizadora desarrollada en América, en Asia y en África. ¿Por qué las Islas Filipinas son hoy el mayor país católico de Asia y avanzadilla para dar un impulso decisivo a la evangelización del continente asiático? Porque fueron evangelizadas por religiosos agustinos, dominicos, franciscanos y jesuitas.

Pero esta memoria del pasado no puede ser una mirada narcisista. Ha de ser una mirada que convierta la historia en maestra de vida y lleve a escuchar atentamente “lo que el Espíritu dice a la Iglesia de hoy”, y “poner en práctica de manera cada vez más profunda los aspectos constitutivos de la vida consagrada”.

En este sentido “la gran pregunta” que el Papa –religioso él también- les propone es  “si, y cómo, nos dejamos interpelar por el evangelio”, como hicieron y vivieron todos los fundadores sin excepción. Para concretarla y verificarla, les da este prontuario: “Nuestros ministerios, nuestras obras, nuestras presencias, ¿responden a lo que el Espíritu ha pedido a nuestros fundadores, son adecuados para abordar su finalidad en la sociedad y en la Iglesia de hoy? ¿Hay algo que cambiar?  ¿Tenemos la misma pasión por nuestro pueblo y somos cercanos a él hasta compartir sus penas y alegrías?”.

Finalmente, hay que mirar el futuro con esperanza. El Papa es consciente de las muchas dificultades que existen, entre las que sobresalen la falta de vocaciones y el envejecimiento de las existentes. Pero la esperanza que pide el Papa “no se basa en números o en las obras” sino en el poder y misericordia de Dios. Será él quien “permitirá a la vida consagrada seguir escribiendo una gran historia en el futuro”.

Junto a estos objetivos el Papa indica algunas expectativas que él espera de los consagrados en el Año de la Vida Consagrada. Entre ellas, “experimentar y demostrar que Dios es capaz de colmar nuestros corazones y hacernos felices”, ser profetas en nuestro mundo mediante “la radicalidad evangélica”, ser “expertos en comunión” y “salir de sí mismo para ir a las periferias existenciales”.

El Papa tiene también una gran expectativa para toda la Iglesia. Él espera que todos los bautizados tomemos “conciencia cada vez más del don de tantos consagrados y consagradas, herederos de grandes santos que han fraguado la historia del cristianismo”. Sin ir muy lejos, podemos recordar a Santa Teresa de Jesús, cuyo quinto centenario estamos celebrando, y a san Juan Bosco, cuyo segundo centenario celebramos ayer en la Catedral.

Nuestra diócesis es una diócesis muy bendecida con el carisma religioso en su variada pluralidad: monjes y monjas de clausura, religiosos y religiosas de vida activa, institutos masculinos y femeninos de toda índole. Incluso actualmente ha querido elegirla para el nacimiento de un nuevo carisma contemplativo: Iesu communio. Demos gracias a Dios por ello, pidamos por la santidad de todos los hombres y mujeres de Vida consagrada, rodeémosles de nuestro afecto y estima, impulsemos sus apostolados y pidamos su ayuda espiritual y carismática.

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.