Es que Cristo está dividido

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris     La fe cristiana es un tesoro que debemos agradecer, pero la vivimos envueltos en dificultades ambientales y también en debilidades personales que, a veces, nos hacen dudar de la capacidad de construir comunión evangélica. Por ello, hay que aumentar nuestra exigencia personal siguiendo la recomendación del apóstol Pablo: «no haya divisiones entre vosotros; unos afirman: ‘Yo soy de Pablo’; otros: ‘Pues yo, de Apolo’; otros: ‘Yo de Cefas’; otros: ‘Yo de Cristo.’ ¿Es que Cristo está dividido? (1Cor. 1, 13).

Por otra parte, hay que aceptar que en nuestra vida hay un componente esencial de proceso. Jesús envía a los doce y dice: «Id y proclamad que el Reino del Cielo está cerca» (Mt 10,6-7), evocando una cosecha que aún está por llegar (Mc 4,8). Allí donde se hace el bien y se vive la fraternidad humana está el Reino, pero sin olvidar que es objeto de Esperanza. Mientras tanto, procuremos que el evangelio no sea un barniz decorativo sino que transforme, desde dentro, nuestras maneras de pensar, de sentir, de actuar, de reaccionar, de comportarnos… y de promover la unidad. Nuestra condición de «cristianos» nos pide desarrollar sentimientos y actitudes de filiación y de fraternidad: así iremos descubriendo que unidad no se opone a diversidad sino a separación y que la división no es nunca fuente de vida.

Llegados a este punto, tenemos que querer también promover acciones en favor de la unidad, siempre precedidas y acompañadas por la oración ecuménica, que no se reduce a una semana o un día especial. Hay que pedir cada día al Señor que conceda a su Iglesia la paz y la unidad. La unidad forma parte del ser de la Iglesia y del quehacer del cristiano. Es un don de Dios pero también es tarea nuestra de cada día, para mantenernos en fidelidad a Dios y en comunión con todos los hermanos.

El Papa Francisco nos acaba de decir en Turquía, en presencia del líder espiritual del Patriarcado de Constantinopla, Bartolomé I (noviembre de 2014): «en nuestro mundo se levantan con fuerza voces que piden que nuestras iglesias vivan plenamente su condición de discípulos del Señor Jesucristo». Empecemos por asumir toda la realidad de la Iglesia sin mutuas exclusiones. Hay que evitar vivir como si las diferencias no existieran o hacer las cosas de manera que alguien se imponga sintiéndose superior a los demás.

El Papa insistía en que la plena comunión no significa ni sumisión, ni absorción, sino aceptación de todos los dones que Dios ha dado a cada uno, para manifestar a todo el mundo el gran misterio de la salvación efectuada por Cristo, el Señor, por medio del Espíritu Santo. Y añadía «quiero asegurar a cada uno de ustedes que, para lograr el ansiado objetivo de la plena unidad, la Iglesia Católica no pretende imponer ninguna exigencia, salvo la profesión de fe común, y que estamos dispuestos a buscar juntos a la luz de la enseñanza de la Escritura. La comunión será siempre fruto del amor que llevamos en los corazones gracias al Espíritu Santo que se nos ha dado, amor fraterno que muestra el lazo trascendente que nos une como discípulos del Señor».

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.