¡Con una mirada distinta!

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas    Hace tiempo que pienso en ello, después de visitar algunas instituciones, patronatos y proyectos con finalidades sociales de atención a personas que requieren respuestas a sus necesidades y que, por si mismas y sus familias, serían difíciles de poder ofrecer.

Me gustaría remarcar y dejar constancia que es del todo necesario esforzarnos en contemplar la vida de manera distinta a la que, con frecuencia, señalan algunos medios de comunicación. Aunque  también será conveniente pensar en nuestra propia mirada.

Podemos contemplar los hechos, las personas y los proyectos desde perspectivas diferentes. Con frecuencia fijamos la mirada en lo negativo, en aquello que va contra la convivencia, que deshumaniza… porque lo llamativo y singular se convierte en noticia. Un dicho popular lo reconoce: en un bosque causa más ruido un árbol que cae que los miles que crecen en silencio. Normalmente nos fijamos, nos referimos, comentamos y nos remueve el árbol que cae.

Sin embargo, muy cerca de nosotros existen instituciones, proyectos, realizaciones —quizás poco conocidas— que humanizan nuestra sociedad demostrando que el amor hecho servicio no se agota sino que se renueva a diario. Son los árboles que crecen en silencio.

Algunos hechos lo demuestran:

El gran servicio a las personas, niños, jóvenes y adultos con necesidades diversas e importantes que llevan a cabo fundaciones como la Tutelar de las Comarcas Gerundenses, Drissa, Els Joncs, Ramón Noguera, Mifas, Banco de Alimentos, Oncolliga… y otras (todavía no las conozco todas). Tales fundaciones —con sus patronatos dirigentes, sus profesionales, voluntarios y colaboradores— constituyen una verificación objetiva y eficaz de atención y servicio a las diferentes  situaciones personales. Ciertamente que han de contar con las aportaciones que en justicia han de asumir las administraciones, pero con frecuencia han de ingeniarse fórmulas que les permitan la búsqueda de recursos para mejorar servicios y afrontar les dificultades que la crisis económica ha generado.

Cuando las he visitado, escuchado lo que hacen y como lo hacen, participando en algunas reuniones, he recuperado la esperanza en la capacidad de bondad de las personas para ofrecer respuestas adecuadas, de calidad y dignas para quienes las necesitan.

A menudo he pensado que sin estas instituciones, y muchas otras, en nuestra ciudad y en muchas poblaciones faltaría algo importante.

Fijaos que la pregunta que se formulan cada día es: ¿Qué necesita esta persona que me ha sido confiada? O bien ¿Cómo podemos acercarnos a ella para descubrirlo?

Personalmente, me recuerda aquella parábola de Jesús, la del Buen Samaritano, que nos pide hacernos cercarnos al otro; o  su consigna: “Todo aquello que hagáis a uno de estos hermanos míos, por pequeño que sea, a mí me lo hacéis”. Y no pensemos tan solo en que sea “pequeño” por razón de la edad. Puede serlo debido a una salud precaria, o a las pocas posibilidades que tiene para afrontar la vida sin ayuda, por falta de recursos materiales suficientes, por la fragilidad como consecuencia de alguna adicción, por la soledad…

Deberíamos recordar a tantos y tantos voluntarios…

Gracias a todos y tened coraje para llevar a cabo vuestra labor a fin de no permitir que hermanos nuestros queden arrinconados en la cuneta de la vida y vivan con dignidad.

Y, a todos, nos es necesario contemplar la vida con una mirada distinta, en positivo.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.