Una Iglesia sin fronteras madre de todos

Mons. Juan José AsenjoMons. Juan José Asenjo      Queridos  hermanos y hermanas: Celebramos en este domingo la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que este año tiene como lema: Una Iglesia sin fronteras, madre de todos. Con él la Iglesia quiere subrayar que nuestra condición de hijos de Dios a todos nos iguala ante la grandeza de su amor.

Nos recuerda también que entre los seguidores de Jesús nadie puede sentirse extranjero, y que nuestro testimonio de acogida y cercanía con quienes llegan de otras tierras debe ser signo del Evangelio que queremos anunciar. En esta Jornada todos estamos llamados a reflexionar, orar juntos y actuar para que el Reino de Dios se haga presente entre nosotros.

Vivimos en un mundo desigual y lleno de conflictos, en el que muchas personas se ven obligadas a abandonar su patria buscando su supervivencia y la de sus familias, o huyendo de la violencia, la guerra y la persecución. En muchos casos, sus viajes están llenos de penalidades y sus protagonistas con frecuencia acaban en las redes de la esclavitud o en mafias de indeseables que trafican con la desesperación. En demasiadas ocasiones acaban muriendo trágicamente en el mar. Nos sentimos especialmente sobrecogidos por la suerte de nuestros hermanos y hermanas de África, en su intento desesperado por atravesar la frontera sur de Europa, cada vez más dura e inexpugnable, cada vez más peligrosa e inhumana. Nada justifica que se ponga en riesgo el don sagrado de la vida, nada justifica que abandonemos a su suerte a los más pobres de entre los pobres.

Como cristianos debemos declarar que ese no es camino de humanidad. Como nos recuerda el Papa Francisco en su mensaje para esta Jornada, “A la globalización del fenómeno migratorio hay que responder con la globalización de la caridad y de la cooperación, para que se humanicen las condiciones de los emigrantes. Al mismo tiempo, es necesario intensificar los esfuerzos para crear las condiciones adecuadas para garantizar una progresiva disminución de las razones que llevan a pueblos enteros a dejar su patria a causa de guerras y carestías, que a menudo se concatenan unas a otras”.

En el lema de este año hay una invitación especial a contemplar con la mirada del Señor la realidad de las personas que llegan a nuestra Archidiócesis desde otros países, se instalan en nuestros barrios y llaman a la puerta de nuestras iglesias. Hace unos días conocí el caso de un joven nigeriano que llegó a Sevilla hace algo más de un año. El Señor le salió al encuentro durante su viaje y se bautizó. Pese a que su situación era muy difícil, sin un techo ni lo necesario para vivir, participaba todos los domingos en la Eucaristía de una de nuestras parroquias, porque sentía la necesidad de celebrar y compartir su fe. A lo largo de este tiempo pudo sí  conversar con el párroco. Tuvo menos oportunidades de tratar a otros miembros de la comunidad. Pocos hablaron con él y apenas le invitaron a participar en alguna actividad parroquial. Un buen día desapareció, y con él, el regalo que el Señor nos estaba ofreciendo.

La presencia de personas de otras nacionalidades y culturas en nuestras comunidades cristianas nos desinstala de nuestras rutinas y nos invita a abrir nuestros corazones al mensaje universal del amor de Dios. Es una oportunidad para renovar nuestra fe, nuestro compromiso preferencial por los pobres y para vivir la fraternidad y la comunión. Por otra parte, la fe sencilla y fervorosa de muchos inmigrantes latinoamericanos o africanos, y su apego a los valores auténticos que se están perdiendo entre nosotros, renueva y refresca nuestras parroquias, tal vez demasiado envejecidas y acomodadas. Son muchos los campos en los que podemos ayudarles y es grande la riqueza que pueden aportar a nuestras celebraciones litúrgicas, a la catequesis, el apostolado y la acción social, como he podido comprobar con gozo en mis visitas a las parroquias de la Archidiócesis.

Una Iglesia sin fronteras, Madre de todos. Ojalá sepamos aprovechar esta Jornada para desterrar de nuestro corazón y de nuestras actitudes todos aquellos mensajes que van calando en nosotros y que no son compatibles con nuestra condición de cristianos, mensajes  que llaman al rechazo y la exclusión, que enfrentan y dividen, que nos atemorizan e inundan de prejuicios. Que seamos sal, luz y testimonio vivo del amor de Dios.

Nuestros hermanos inmigrantes nos interpelan sobre cómo vivimos y comunicamos la Buena Noticia del amor de Dios; cómo abrimos las puertas de nuestras comunidades a personas de otras culturas; qué estamos dispuestos a aprender y a recibir de ellas; cuántas se han sentido invitadas a participar en nuestros grupos y actividades litúrgicas y pastorales; cómo nos implicamos en su acogida e integración social, en la denuncia de las situaciones injustas que padecen, en darles consuelo cuando se sienten solos y esperanza en medio de las dificultades.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

Mons. Juan José Asenjo
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Mons. D. Juan José Asenjo Pelegrina nació en Sigüenza (Guadalajara) el 15 de octubre de 1945. Fue ordenado sacerdote en 1969. Es Licenciado en Teología por la Facultad Teológica del Norte de España, sede de Burgos (1971). Amplió estudios en Roma donde realizó, desde 1977 hasta 1979, los cursos de Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y las Diplomaturas en Archivística y Biblioteconomía en las Escuelas del Archivo Secreto Vaticano y de la Biblioteca Apostólica Vaticana. CARGOS PASTORALES Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en su diócesis de origen, en Sigüenza-Guadalajara, donde trabajó en la enseñanza y en la formación sacerdotal. Estuvo vinculado especialmente al Patrimonio Cultural como Director del Archivo Artístico Histórico Diocesano (1979-1981), Canónigo encargado del Patrimonio Artístico (1985-1997) y Delegado Diocesano para el Patrimonio Cultural (1985-1993). En 1993 fue nombrado Vicesecretario para Asuntos Generales de la CEE, cargo que desempeñó hasta su ordenación episcopal, el 20 de abril de 1997, como Obispo Auxiliar de Toledo. Tomó posesión de la diócesis de Córdoba el 27 de septiembre de 2003. El 13 de noviembre de 2008 fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Sevilla y el día 5 de noviembre de 2009 comenzó su ministerio como Arzobispo metropolitano de Sevilla, al aceptar el Santo Padre la renuncia del Cardenal Amigo Vallejo. Por delegación de los Obispos del Sur, es el Obispo responsable de la Pastoral de la Salud de Andalucía. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE preside la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural, cargo para el que fue elegido el 15 de marzo de 2017. Ya había presidido esta Comisión de 2005 a 2009. Otros cargos en la CEE: vicesecretario para Asuntos Generales (1993-1997); secretario general y portavoz de la CEE (1998-2003); miembro del Comité Ejecutivo (2009-2017). Fue copresidente de la Comisión Mixta Ministerio de Educación y Cultura-Conferencia Episcopal Española para el seguimiento del Plan Nacional de Catedrales de 1998 a 2003. Ejerció de coordinador Nacional de la V Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a España el 3 y 4 de mayo de 2003. Ha sido miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia" y de la "Junta Episcopal Pro V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús".