Un nuevo Cardenal fue Obispo de Palencia

Mons. Esteban EscuderoMons. Esteban Escudero    El resto de su vida nos lo cuenta él mismo en el Epílogo de su libro, Iglesia y Palabra de Dios (2011), bajo el título de “El sentido de mi vida”. Estas páginas son la transcripción de su intervención en el Forum de Deusto, en diciembre de 2009, dentro del ciclo Vivir, ¿para qué?, sobre el sentido de la vidaDe entre sus páginas yo quisiera destacar algunos párrafos, en los que él mismo nos describe sus diferentes misiones en la Iglesia, sus actitudes básicas como sacerdote y como obispo, y finalmente su pensamiento sobre la Iglesia actual.

«Cuando fui nombrado obispo, elegí como lema una palabra decisiva en el Nuevo Testamento y en la tradición de la Iglesia, que en mí se había grabado profundamente como clave teológica, al estudiar durante tres años la resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg, y como foco de luz para la vida cristiana y la acción pastoral en el Camino Neocatecumenal, que conocí al final de los años sesenta en Roma. La palabra es Resurrexit. “¡Jesús ha resucitado!”, confesaron los primeros cristianos entre el estupor, la exultación y el anuncio.

De la tradición apostólica, que tiene en la resurrección de Jesús como su corazón, su corazón y su quicio, -continúa hablando de su vida como obispo- he sido constituido por el sacramento del episcopado ministro en comunión con los demás sucesores de los apóstoles, presididos por el Papa, obispo de Roma y pastor de la Iglesia universal. Para custodiar fielmente la tradición recibida por los apóstoles del Señor, para testificarla con valor y transmitirla autorizadamente, recibí la ordenación episcopal en la Catedral de Santiago de Compostela el 29 de mayo de 1988. Allí ejercí durante cuatro años como obispo auxiliar; más tarde, tres en Palencia y casi quince en Bilbao. Desde 2010 he recibido el encargo de pastorear la archidiócesis de Valladolid como hermano de todos en la fe cristiana, como obispo para todos y solicitando la colaboración de todos tanto en la vida como en la misión de la Iglesia…

Desde los años de formación en Ávila, se fueron fraguando en mí varias actitudes básicas, que no sólo eran teóricas sino también vitales. La autoridad otorgada por Jesucristo a sus enviados es diakonía (servicio) y, asimismo, no puedo menos de recordar cómo la Iglesia es pueblo de Dios, familia y hogar, y cómo el diálogo, que fue uno de los argumentos mayores de la Eccesiam suam, primera encíclica de Pablo VI, impregnó los documentos conciliares y propició un cambio de postura en la Iglesia…La Iglesia es mucho más que lo que aparece en los medios de comunicación, aunque es normal que proporcione argumento y a veces debate en la opinión pública. Sin huir a la estratosfera, los cristianos confesamos que la Iglesia forma parte del misterio de la salvación, ya que es el pueblo de Dios, el cuerpo de Jesucristo y el templo del Espíritu Santo. Es sacramento de salvación para los hombres, en que se unen de forma particular la visibilidad de la Iglesia y de sus acciones, y la invisibilidad de la gracia de Dios que se comunica a los hombres como perdón, amor, unidad, esperanza. La Iglesia sería como una casa vacía sin la presencia del Espíritu Santo y sin la comunión con Jesucristo. A pesar de muchas limitaciones y fallos, es la Iglesia la familia de los hijos e hijas de Dios».

Sobre la crisis postconciliar en la Iglesia, recuerda el nuevo cardenal: «Poco después de terminado el Concilio, vinieron años de honda fermentación, de generalizada experimentación, de atrevidas contestaciones, que sólo en parte podían explicar el incontenible impulso renovador junto al estancamiento y estricto control de mucho tiempo. Los cambios no quedaron a veces en las formas, ya que en ocasiones llevaron a formular hipótesis que tocaban cuestiones de fondo. El nuevo sesgo que a principios de los años setenta emprendió la revista Concilium, fundada al terminar el Vaticano II con la intención de transmitir sus enseñanzas y de ayudar en su asimilación y profundización, tomó un rumbo distinto al pretender ir más allá del Concilio en su intento de continuar su “espíritu”; tal orientación condujo a lo que el P. Congar denominó “parting of the ways”, es decir la separación de caminos.

En este contexto surgió otra revista, “Communio”, cuyo primer número vio la luz en alemán e italiano a principios de 1972. La edición española comenzó en 1979 con un número titulado “La identidad cristiana”, donde colaboré con el artículo “Una pregunta necesaria: ¿Quién es un cristiano?” Dentro de las preocupaciones del momento eclesial -continúa diciendo en nota al pie de página- apareció mi libro Jesús sí, Iglesia también, cuyo título está formulado contra un slogan muy difundido entonces: “Jesús sí, la Iglesia, no”».

El resto de su pensamiento sobre la Iglesia está contenido en los libros de más reciente publicación, tales como: La Iglesia del Concilio Vaticano II (año 1991), En el umbral del tercer milenio (1999), La esperanza en Dios no defrauda(2002), Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007), y el último hasta ahora publicado, Iglesia y Palabra de Dios (2011). ¡Felicidades, Sr. Cardenal!

+ Esteban Escudero

Obispo de Palencia

 

Mons. Esteban Escudero Torre
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Mons. Esteban Escudero Torres nació en Valencia, el 4 de febrero de 1946. Cursó los estudios primarios y el bachillerato superior en el Colegio de los PP. Agustinos, de Valencia. A la edad de 17 años entró en el Seminario Metropolitano, sito en Moncada, donde cursó tres años de Filosofía y tres de Teología. Tras el bachillerato en Teología, obtuvo, en 1970, la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Con permiso del entonces Arzobispo de Valencia, don José María García Lahiguera, inició estudios de Filosofía en la Universidad literaria de Valencia obteniendo, en 1974, la Licenciatura en Filosofía pura. Durante el tiempo de sus estudios civiles, trabajó activamente en la Comisión Diocesana del Movimiento Junior, organizando frecuentes cursillos de formación religiosa y de técnicas de tiempo libre para los educadores de los distintos centros Juniors de la diócesis. Tras un año de diaconado en la Parroquia de San Martín, en la ciudad de Valencia, fue ordenado sacerdote el 12 de enero de 1975 y destinado, como coadjutor, a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, de Carlet. Durante cuatro años, simultaneó los trabajos pastorales de vicario parroquial con las clases de religión en el Instituto de Bachillerato de la localidad. Igualmente dirigió y animó espiritualmente el centro del Movimiento Junior de Carlet. Enviado a Roma en 1978 para ampliar estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana por el Arzobispo don Miguel Roca Cabanellas, obtuvo el grado de Doctor en Filosofía de la Universidad con una tesis sobre el pensamiento filosófico de don Miguel de Unamuno. De regreso a la actividad pastoral de la diócesis, colaboró en la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y, posteriormente, en la Delegación Diocesana de Enseñanza y Educación Religiosa, donde desempeñó el cargo de Coordinador de la Enseñanza Religiosa Escolar y Director de la Escuela Diocesana de formación del profesorado de Enseñanza Religiosa Escolar. Igualmente, fue adscrito a la Parroquia de Nuestra Señora del Socorro, de Valencia, donde ha venido trabajando pastoralmente hasta su ordenación episcopal. Durante seis años fue profesor de Filosofía en el C.E.U. San Pablo de Moncada y, desde 1988, profesor, jefe de estudios y posteriormente director de la Escuela Diocesana de Pastoral. Al erigirse en 1994, por el Arzobispo don Agustín García-Gasco, el Instituto Diocesano de Ciencias Religiosas, fue nombrado Director, recorriendo regularmente las distintas sedes del mismo, e impartiendo clases de Fe-Cultura y Teología Dogmática. Desde 1982 impartió diversas asignaturas en la Facultad de Teología «San Vicente Ferrer», de Valencia, haciéndose cargo, como profesor agregado de dicha Facultad, desde el curso escolar 1988-1989 hasta su nombramiento episcopal, de las asignaturas de Historia de la Filosofía Antigua, Historia de la Filosofía Moderna y Filosofía y Fenomenología de la Religión. También fue profesor de Antropología Filosófica en la sede española del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, desde su erección en la diócesis de Valencia. Desde 1988 es miembro de la asociación «Viajes a Tierra Santa con los PP. Franciscanos», habiendo dirigido y animado espiritualmente en numerosas ocasiones peregrinaciones a los lugares santos del cristianismo. Ha participado en varias reuniones y simposios sobre el diálogo, cristianismo y judaísmo. En 1999, don Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, le nombró canónigo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana, donde desempeñó el cargo de Secretario Capitular. Es autor de varios artículos de Filosofía y Teología de las Religiones, publicados en los números de la Revista Anales Valentinos de los años 1983, 1989, 1990, 1991 y 1999. Igualmente publicó, en 1994, el audiolibro en seis volúmenes Contenidos básicos de la fe cristiana, Valencia 1994, y el libro Creer es razonable. Introducción a la Filosofía y a la Fenomenología de la Religión, Valencia 1997. El 17 de noviembre de 2000, fue nombrado, por Su Santidad el papa Juan Pablo II, Obispo Titular de Thala y Auxiliar de Valencia, recibiendo la consagración episcopal el 13 de enero de 2001.