OCTAVARIO DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS – “Jesús le dice: Dame de beber” (Jn 4,7)

Mons. Julian LópezMons. Julián López     Queridos diocesanos: Apenas iniciado el nuevo año civil la Iglesia nos convoca para que nos unamos, mediante la oración, a todos los creyentes en Cristo y tomemos conciencia, una vez más, del deseo ardiente de nuestro Salvador en la última cena: que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21).

La unidad de los cristianos tiene el valor de un signo decisivo para que el mundo crea en Jesucristo como enviado del Padre y que nos da el Espíritu Santo como expresión de la comunión profunda del misterio mismo del Dios vivo y verdadero. De esa unidad a título único, por la que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo participan de un mismo ser divino, brota la comunión de la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Esta es la realidad más enriquecedora de nuestra vida de bautizados e hijos de Dios por voluntad de Cristo y gracias a Él, pese a las diferencias que todavía separan a las confesiones cristianas y que ciertamente vienen de lejos en la historia y han sido originadas por diversas causas, pero que no superaremos si seguimos confiando en nuestras propia fuerzas.

Por eso nos conviene celebrar la Semana u octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos, una iniciativa que tiene ya más de un siglo de existencia y a la que se adhieren la inmensa mayoría de las Iglesias y confesiones cristianas, de manera que se ha convertido en una cita anual que reclama nuestra atención y requiere nuestra respuesta. Os invito y animo a realizar este octavario en todas las parroquias y comunidades desde el día 18 de enero hasta el 25 inclusive, tanto en las celebraciones litúrgicas como en los ejercicios piadosos. La delegación diocesana para las Relaciones Interconfesionales ofrece materiales oportunos. El 18 de enero es domingo, motivo por el que se sugiere celebrar ese día la Misa por la Unidad de los cristianos que se encuentra en el Misal manteniendo las lecturas dominicales propias y haciendo referencia al octavario en la homilía.

Este año se ha elegido un lema y un texto bíblico de referencia para exhortarnos a no dejarnos llevar por una cierta mentalidad compe­titiva entre las Iglesias y comunidades cristianas, adoptando en cambio una actitud que valore la bondad y complementariedad que sin duda hay en nuestros hermanos de otras confesiones. Hoy más que nunca es necesario el testimonio del aprecio mutuo y de la comunión espiritual entre todos los creyentes en Cristo. De la misma manera que el Señor, sediento junto al pozo de Jacob, pidió de beber a la mujer samaritana (cf. Jn 4,7), así también nosotros debemos acercarnos a nuestros hermanos no católicos pidiéndoles el agua de su propia vivencia y experiencia cristiana. Ese intercambio se convertirá después para todos en el «surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,14), es decir, en fuente de gracia, de paz, de esperanza y de alegría, desde el momento en que unos y otros nos disponemos a reconocer el don de Dios y las riquezas y valores que están presentes en los demás.

Un precioso ejemplo de este buscar juntos el agua viva del Espíritu Santo en el otro, nos lo ha ofrecido el reciente encuentro en Estambul del obispo de Roma, el papa Francisco, y del patriarca ecuménico Bartolomé, como hicieron en Jerusalén, hace más de 50 años, el beato Pablo VI y Atenágoras. Era el renovado abrazo entre Pedro y Andrés.

Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella