Caminamos juntos (I)

agusti_cortesMons. Agustí Cortés Soriano     El Papa realiza una consulta al Pueblo de Dios acerca de los grandes temas del Sínodo sobre la familia. En la Diócesis de Sant Feliu consultamos sobre posibles vicarios episcopales y sobre la organización y funcionamiento de nuestra diócesis. A los ojos profanos las consultas que hacemos al Pueblo de Dios son un esfuerzo de la Iglesia por “democratizarse”, adaptarse a los tiempos o ganar adeptos entre los descontentos… Nada más lejos de la realidad. Esta práctica es tan antigua como la misma Iglesia; en lugar de ser una “táctica”, obedece al ser mismo de la Iglesia.

Normalmente la organización de la sociedad obedece a la pregunta: aquí, ¿quién manda? Que equivale a preguntar: ¿quién tiene la autoridad y el poder? Unos responderán con el sistema autocrático, otros con el dictatorial, otros con el democrático. El demócrata sabe que quien tiene el poder es el pueblo. Éste encarga (cede) a unos ciudadanos, que responden a la ideología mayoritaria (partido político), el ejercicio de ese poder. Y el pueblo sigue controlando constantemente esa tarea a través del Parlamento. Los políticos así, agrupados en partidos, buscan ganar el mayor número de adeptos en la sociedad mediante programas y decisiones que, en principio, ellos piensan que son buenas para el pueblo. Cuando un político se aparta de la voluntad general del pueblo, en democracia decimos que “no está legitimado para ejercer el poder”. Aunque la democracia puede ser manipulada y corrompida, es el sistema político más respetuoso con los derechos humanos: una ley fundamental, que llamamos Constitución, sobre la que todos están de acuerdo, establece las reglas de juego, es decir, los principios y procedimientos a seguir en el ejercicio del poder, la resolución de las tensiones de la forma más respetuosa con los derechos de todos.

En la Iglesia este lenguaje no funciona; ningún sistema político de organización se adecua a lo que ella es. Si alguna vez se ha querido aplicar un modelo político al uso, ha sido traicionando su propio ser. El mismo concepto de “poder” en la Iglesia es muy especial. No somos un pueblo que se encuentra unido por una historia, un mismo territorio, una cultura, una ideología, unos mismos intereses, de forma que sus miembros se tengan que organizar según derechos y capacidad de poder.

“Somos simplemente un pueblo formado por aquellos que han sido llamados por Jesucristo, creen en Él, han sido bautizados en su nombre y viven animados por su mismo Espíritu.”

En esencia esto es la Iglesia. De aquí se deriva al menos una consecuencia importante: que lo propio de la Iglesia es caminar juntos, no solo caminar, sino también caminar unidos. Procedemos del mismo origen, vamos en la misma dirección y nos vemos reunidos y vivificados por la misma fuerza. Y esto, aunque seamos de culturas, pueblos, ideologías, temperamentos, tradiciones, historias, mentalidades diferentes.

Esto es posible porque, si se nos permite hablar así, “la única fuente de legitimación de poder” en la Iglesia viene de Jesucristo mismo, que es quien llama, consagra, destina a una misión y acompaña. En consecuencia, si consultamos al Pueblo de Dios,

– Es porque Jesucristo ha llamado, consagrado y destinado a todos.

– Todos y cada uno tiene trato con Él.

– De la boca de todos y cada uno puede salir una voz del Espíritu.

Se entiende que más que un derecho o privilegio, ser consultado es un serio compromiso nada fácil de cumplir.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.