RIQUEZA Y EXIGENCIAS DE LAS MIGRACIONES

garcia_aracilMons. Santiago García Aracil     Mis queridos hermanos todos:

El hecho de que la Iglesia católica establezca en su agenda un día dedicado a las migraciones, nos da a entender la importancia que reconoce en este fenómeno permanente y de especial gravedad.

Son muchísimos los países que, por diversos motivos, sufren graves carencias de recursos para atender la salud y la alimentación de sus ciudadanos. Sabemos también que, unido a ello, existe en muchos lugares una crisis económica o política por la que es imposible lograr puestos de trabajo acordes con  la dignidad de las personas y con la urgencia de  formas y mantener la propia familia. Todo ello, que en determinados lugares y momentos provoca una situación insostenible, es motivo de que cada vez haya más hombres y mujeres de diferentes edades obligados a dejar su tierra y su parentela en busca de lo que  constituye un derecho fundamental de todos.

Ante estos hechos nadie podemos permanecer desentendidos o pasivos. Aunque la solución quede muy lejos de nuestras posibilidades personales e institucionales, seguimos teniendo parte entre los responsables de procurar un remedio para este mal que pone en juego la libertad y la paz de los pueblos, y que amenaza incluso la seguridad y la vida de muchos indigentes.

La solución de problemas con semejante magnitud requiere acciones políticas de gran envergadura nacidas de acuerdos y proyectos realistas y generosos compartidos por los diferentes países que integran esta aldea global.  A ello deberíamos sentirnos todos especialmente llamados porque es cierto que en este mundo hay riqueza suficiente para todos. Lo que ocurre es que los intereses egoístas de unos o la insensible indiferencia de otros van  sometiendo a muchos a pasar necesidad. Hay países ricos que explotan el subsuelo y el suelo de países que permanecen pobres a causa de ello. Igualmente  sabemos que cada vez hay mayor separación o distancia entre los ricos y los pobres. Los ricos  procuran mayores riquezas absorbiendo injustamente los recursos que también corresponden a quienes permanecen en la pobreza.

Todo esto puede ayudarnos a entender la gravedad y la urgencia del fenómeno migratorio.  Pero es necesario que afrontemos el deber de dar una respuesta satisfactoria a esta pregunta: ¿Qué debemos hacer cada uno de nosotros personalmente y a través de las instituciones en las que podemos intervenir directa o indirectamente?

En primer, lugar debemos tomar conciencia muy clara de que los inmigrantes con  los que  nos encontramos en nuestros ambientes son verdaderamente hermanos nuestros. Sea cual sea su condición cultural,. Social o religiosa, todos somos hijos del mismo Dios que nos ha creado a su imagen y semejanza. Ante ellos no podemos permanecer indiferentes. Nuestro trato personal debe aliviar el sentimiento de extrañeza que puede afectarles al estar fuera de su tierra y de su familia, con  todo lo que esto significa.

En segundo lugar, importa que nos esforcemos por descubrir qué tipo de ayuda, personal, económica, legal o cultural podemos ofrecerles para que su progresiva integración en el medio en  que viven haga más llevadera la dura  situación de estar lejos de los suyos y de lo suyo. En este punto es más posible nuestra colaboración directa y a través de instituciones sociales de libre iniciativa, o participando en organizaciones eclesiales o civiles.

En tercer lugar ha de importarnos procurar que cerca de nosotros ningún inmigrante se encuentre violento por no saber desenvolverse en los lugares y ambientes en que se encuentre o deba intervenir. Debemos ser para todos ellos, como el buen samaritano. No olvidemos que es el Señor quien los pone  en nuestro camino.

En cuarto lugar es deber primordial nuestro orar por los inmigrantes  y por quienes tienen especial responsabilidad en la atención a sus problemas. Nada podemos hacer, cuando media la libertad de los otros, si Dios no ilumina su mente y si no mueve sus corazones.

Finalmente, debemos procurar, con sencillez y fraternal atención, ir conociendo los rasgos fundamentales de su propio modo de ser y de su cultura para que se sientan entendidos y comprendidos, sin forzarles a someterse a ningún tipo de colonización por nuestra parte. Al contrario, debemos ayudarles a expresar con toda libertad los caracteres de su identidad como raza y como pueblo.

A vosotros, queridos hermanos inmigrantes que vivís entre nosotros, quiero deciros con toda sinceridad: os necesitamos. Vosotros enriquecéis nuestra visión de la realidad aportándonos vuestras perspectivas y valoraciones del mundo que compartimos, y la forma de encontraros y reaccionar en diversos momentos y circunstancias. Vosotros habéis resuelto, con vuestro trabajo, serios problemas de diverso tipo en nuestras empresas y familias. Esto no es una aportación simplemente laboral; es también, indudablemente, una forma de servicio espiritual del que nosotros nos beneficiamos y que deseamos agradeceros.

Como miembros de la gran familia de los hijos de Dios sentimos el deber de procurar la recíproca integración humana entre vosotros y nosotros, apoyando cada uno, en la medida de nuestras posibilidades, el interés por conocer y valorar lo propio de cada cual.

Esta misma condición fraternal que nos une, es motivo más que suficiente para que os pidamos disculpas por las ocasiones en que no hayamos sido capaces de entenderos, de respetaros y de aprovechar vuestras aportaciones y riquezas personales y culturales.

Sabed que podéis contar con nosotros. Y si, alguna vez no sabemos atenderos o entenderos, perdonadnos; pero, al mismo tiempo, decídnoslo. Así avanzaremos en la fraternidad que debe caracterizarnos, según  el mandato de Jesucristo: amaos los unos a los otros como yo os he amado.

Recibid mi bendición pastoral.

+  Santiago García Aracil

Arzobispo de Mérida-Badajoz

 

Mons. Santiago García Aracil
Acerca de Mons. Santiago García Aracil 73 Articles
ons. D. Santiago García Aracil nació el 8 de mayo de 1940 en Valencia. Es Licenciado en Teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1976). CARGOS PASTORALES Fue cura párroco de Penáguila entre 1964 y 1965. Consiliario Diocesano de la Juventud Estudiante Católica (1966-1984). Maestro de Capilla del Seminario Corpus Christi de Valencia entre 1966 y 1984. Además, fue Delegado Diocesano de Pastoral Universitaria entre 1972 y 1984. Ha sido en Valencia fundador del Centro de Estudios Universitarios en 1971. El 27 de diciembre de 1984 fue ordenado Obispo Auxiliar de Valencia, cargo que desempeñó hasta 1988. Ese año fue nombrado Obispo de Jaén. El día 9 de julio de 2004, el papa Juan Pablo II le nombró arzobispo para ocupar la sede metropolitana de Mérida-Badajoz. Tomó posesión de la diócesis el 4 de septiembre de 2004. El papa Francisco aceptó su renuncia el 21 de mayo de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2014. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral (1987-1990), Relaciones Interconfesionales (1987-1990/2005-2008); Seminarios y Universidades (1990-1993); Enseñanza y Catequesis (1990-1993) y Patrimonio Cultural (1993-1999). Fue Presidente de esta última Comisión de 1999 a 2005 y de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde 2008 a 2014. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".