Iglesia, madre sin fronteras

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris     Cataluña sigue siendo zona de inmigración, a pesar de los cambios habidos, y la conciencia cristiana no solo no nos permite «mirar para otro lado» sino que reclama de nosotros ayudar a superar recelos y prejuicios que se oponen al mandamiento bíblico de acoger con respeto y solidaridad al extranjero necesitado (Dt 24, 14-22) y donde el inmigrante es asociado al huérfano y a la viuda, paradigma de la pobreza y de la falta de refugio. Yahvé urge a su pueblo incluso el amor al inmigrante (Lv 19, 33). Y en el Evangelio del juicio final (Mt 25, 31-46) el mismo Jesús glorioso se identifica, entre otros, con los forasteros (inmigrantes), y emite un juicio definitivo según la conducta que se haya tenido con estos grupos de personas.

Este año, el Mensaje papal para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado es perentorio: “La Iglesia sin fronteras, madre de todos, extiende por el mundo la cultura de la acogida y de la solidaridad, según la cual nadie puede ser considerado inútil, fuera de lugar o descartable. Si vive realmente su maternidad, la comunidad cristiana alimenta, orienta e indica el camino, acompaña con paciencia, se hace cercana con la oración y con las obras de misericordia.”

Gracias a Dios, la conciencia social ante los inmigrantes está viva y son muchas las personas y grupos que les brindan ayuda y un trato digno y humano, pero todavía encontramos demasiada gente que los mira como extraños y a quien sus problemas les afectan sólo periféricamente o les consideran peligrosos. También, en el aspecto legislativo, siendo una necesidad regular los flujos migratorios, habrá que hacerlo teniendo claros la dignidad y los derechos de las personas. Ya decía Benedicto XVI que las migraciones interpelan a todos «por los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que suscita, y por los dramáticos desafíos que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad internacional» (cf. Caritas in veritate 62).

Aquí se sitúa la vocación de la Iglesia, llamada a superar las fronteras y a favorecer la única cultura capaz de construir un mundo más justo y fraterno, la “cultura del encuentro”. El Papa Francisco nos pide intensificar los esfuerzos dirigidos a crear las condiciones adecuadas para garantizar una progresiva disminución de las razones que llevan a pueblos enteros a dejar su patria. Junto a la solidaridad con los emigrantes y los refugiados, también hay que añadir la voluntad y la creatividad necesarias para desarrollar mundialmente un orden económico-financiero más justo y equitativo, junto con un mayor compromiso por la paz, condición indispensable para un auténtico progreso.

Jesús resucitado confió a sus discípulos la misión de ser sus testigos y de proclamar el Evangelio de la alegría y de la misericordia. La misericordia consiste en dejarnos afectar por la miseria o la necesidad de los demás, identificarnos con sus problemas y con su sufrimiento. Y también pide movilizamos ante la indigencia de los excluidos, ayudándoles, reclamando sus derechos y dedicándoles nuestro tiempo.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
Acerca de Mons. Joan Piris 198 Articles
Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.